miércoles 11 de noviembre de 2009

Murena

Al hilo de mi reciente artículo en mi blog de literatura acerca de un interesante cómic japonés, me dispongo a hacer una referencia al mundo del cómic en este blog. La intención es clara. Por un lado, evidentemente lúdica. ¿Quién no disfruta con la lectura de un buen cómic? Más cuando se trata de una buena mezcla de literatura, historia y dibujo. La segunda intención, quizá un tanto más oculta pero al mismo tiempo evidente, tiene relación con el mundo de lo educativo. Aunque evidentemente una obra como un cómic no es un libro de historia, ni pretende serlo, sí puede resultar de utilidad para ponernos en contexto, conocer cuatro nombres importantes y, lo que es más importante, despertar en los lectores el deseo de aprender más, de contrastar, de investigar, de averiguar, de apurar hasta el fondo la dulce copa del saber.


Murena es un proyecto llevado a cabo por el autor francés Jean Dufaux (guionista del cómic), al que posiblemente ya hayan visto en las librerías con otros títulos, y por el genial Philippe Delaby (dibujante), igualmente célebre por su maestría con los lapices. Inacabado por el momento -tendremos que esperar unos cuantos años para ver Murena terminado- cubre el período que sigue a la muerte de Claudio, así como el gobierno de Nerón con todos sus enrevesados acontecimientos y, suponemos, el final de este emperador. ¿Se referirá también al convulso período entre Nerón y Vespasiano? El tiempo dirá.

Aunque el cómic se ambienta en un determinado período histórico bastante bien documentado en lo que a edificios y situación se refiere, no narra como resulta evidente los acontecimientos de frío modo. Los a veces complejos personajes viven sus particulares historias, que se entrecruzan en una magna historia, tan imponente como la misma Roma que con agudo guión y bello dibujo se retrata.

Algunos ficticios, otros con evidente base histórica, los personajes resultan cuanto menos interesantes desde el punto de vista argumental. Tenemos a un Claudio de profundo transfondo humao frente a un Nerón complejo y bastante asimilado a lo que la cultura popular dice acerca de él, con un Británico 'bueno' y anodino. Destaquemos a una fascinante Agripina la Menor, tanto por su lado más oscuro como por su aura cautivadora, y a una maquinadora Popea que se revela como toda una mujer de armas tomar. Añadamos un protagonista que pasa a través de las páginas sin mayor pena ni gloria y otros personajes que nos recuerdan a otras obras literarias. El Petronio de Dufaux parece hacerse eco de aquel que todos recordamos tras haber leído, más que visto, Quo Vadis?. Dicen que los clásicos nunca mueren.


Ágil, ameno, de rápido ritmo en que se entremezcla la ficción y la historicidad, el uso ajustado de las fuentes y el total olvido de ellas. Murena resulta en cierto modo más interesante desde la pura perspectiva del cómic que desde una más rigurosa en lo que a historia se refiere. Y, aún así, resulta una publicación interesante en lo relacionado con ella. Además, los dibujos, en un plano puramente artístico, son sublimes, con un gusto excelso por el detalle y la precisión. No es difícil perderse durante largo tiempo contemplando una viñeta, admirando el capitel de la columna del fondo de ésta, perfectamente reflejado.

Murena se estructura por lo de ahora en dos ciclos, el primero de los cuales ya ha sido completamente publicado en España. Me refiero al Ciclo de la Madre, seguido del llamado Ciclio de la Esposa. Es inevitable no pensar en Agripina y Popea al leer sendos títulos y recordar lo leído en los distintos cómics. A continuación, una breve referencia a los títulos publicados en España, adecuadamente clasificados:

Ciclo de la Madre (Cycle de la Mère)
El púrpura y el oro
Arena y sangre
La mejor de las madres
Los que van a morir...

Ciclo de la esposa (Cycle de l'Epouse)
La diosa negra
La muerte de las bestias

(I) Imagen de la portada del primer tomo.
(II) Una interesante y trabajada viñeta.

miércoles 4 de noviembre de 2009

Leyendo acerca del peplum

Durante mis constantes lecturas sobre el género comunmente conocido como 'cine de romanos', lecturas que se han hecho más específicas y concretas a lo largo de las últimas semanas, he hallado textos bastante interesantes. Lo cierto es que es uno de los temas acerca de los que ahora leo con frecuencia y, dado que estos blogs reflejan por lo general lo que me gusta dentro de mi adorada historia y mitología, creo probable acabar publicando referencias a los textos que más me hayan interesado.

Hoy aprovecho para recomendarles, al hilo de un artículo escrito en este blog hace ya más de un año y de este tema que les menciono, unos cuantos títulos. El cine de romanos es una cuestión cuanto menos fascinante, que entremezcla arte, historia, ideologías varias, evolución del cine y una amplia colección de materias que incluyen sociología, psicología de masas, antropología,... El valor de una buena película, aún de una cuya historicidad sea cuestionable, es a menudo cualitativo más que cuantitativo. Sin duda, una mezcla de análisis del movimiento artístico, del entorno sociopolítico del momento, de la ideología particular y estilo de guionistas y directores, del momento concreto del estreno y, por supuesto, de los acontecimientos retratados.

Existe un libro sumamente ameno y completo, publicado en castellano por la editorial Alianza y llamado Peplum. El mundo antiguo en el cine. Con el ya reputado Jon Solomon como autor, el texto en cuestión nos ofrece un completo e ilustrado recorrido, no por un tanto lúdico menos minuicioso, por la historia del cine de griegos y romanos, parcelándolo en distintos momentos y temas. Muy recomendable. ¡Ah, a modo de curiosidad! Consta de nueve capítulos, el título de cada uno de los cuales es el nombre de una musa.


Para el público que no desee textos a menudo un tanto (y resalto 'un tanto', no exageremos) farragosos, es preciso recomendar una bastante reciente publicación, de lectura muy sencilla, estructurada en capítulos ordenados de forma cronológica y referencial a grandes temas de la historia de Roma tratados en películas. Hablo de La antigua Roma en el cine, de Juan J. Alonso. Un lenguaje sencillo, cercano, abundantes curiosidades y anécdotas, acompañadas de apuntes serios en cuanto a historia. Una buena obra ligera de la que tanto público 'profano' como amantes de la cultura clásica pueden disfrutar.


Como despedida, les dejo un link a uno de los valiosos blogs de Fernando Lillo Redonet, en el que hace referencia a una serie de publicaciones posteriores al congreso Imagines. La antigüedad en las artes escénicas y visuales. En él, pueden encontrar algunos interesantes documentos para descargar, tratando temas tan fascinantes como la ciudad romana como escenario y ente propio en el cine de este género o la aplicación didáctica de estas películas.

sábado 17 de octubre de 2009

Ágora

Ayer tuve la oportunidad de acudir al cine a ver, al fin, esta película de Alejando Amenábar cuyo estreno, al igual que tantos y tantos amantes del cine, las clásicas y la cultura en general, llevo meses aguardando. Antes de ello, he dedicado un tiempo a observar, a lo largo de las últimas semanas, la imponente campaña de marketing, así como las buenas críticas que ha recibido. Y, por supuesto, su repercusión mediática y la gran aceptación por parte del público, que literalmente está llenando las salas.


Teniendo en cuenta que las fuentes acerca de Hipatia son considerablemente escasas, el retrato de esta mujer realizado en la película es cuanto menos rico, inspirador, casi poético y, algo importante, cercano. No nos cuesta imaginarnos a una Hipatia de carne y hueso, próxima, sin duda existente y viva, que se emociona y nos emociona a nosotros con su ansia de saber, de entender, de rozar aunque sea el conocimiento, lo que es motor de la ciencia y de la filosofía. Y, sin embargo, pese a que ocasionalmente se trate de un retrato algo idealizado y a que son numerosas las licencias históricas y puras ucronías (un '¿qué hubiera pasado si...?'), no es complicado diferenciar entre lo real y lo añadido. En lo referente a esto, y como suele suceder en las películas de este tipo, se proporcionan pequeños textos al inicio y final del filme para contextualizar la cinta y para exponer de un modo muy escueto los acontecimientos reales.

El modo en el que se refieren los acontecimientos que en la Alejandría del momento -y por ende en buena parte del Imperio- se desarrollaban; esa época de cambio, de crisis si me apuran, es cuanto menos visual y accesible para el espectador común, aunque fiel en buena parte a la historia.


De Ágora no resulta tan sólo atractivo el hecho de que retrate a una de las grandes mujeres de la historia, que nadie debería pasar por alto, ni que se refiera a una época interesante, que hasta ahora ha sido tratatada pocas veces desde la perspectiva del filme, muy diferente a la del peplum de los sesenta. Ágora es una película con abudantes segundas lecturas y con mensajes atemporales, como suele suceder con muchos análisis que se hacen de determinados momentos de la historia. Temas recurrentes, que hoy día nos estremecen, si extrapolamos conceptos y hablamos de intolerancia, crisis, imposición, cambio, fanatismo, intransigencia, cultura pacífica y de la paz en nuestros días. Y cómo olvidar las palabras puestas en boca de Hipatia en una determinada escena, que no pocas personas repiten hoy día y que pueden considerarse sencillamente atemporales: Es mucho más lo que nos une que lo que nos separa.

Ni qué decir tiene que les invito a ver, comentar, opinar, criticar, analizar, disfrutar -y quién sabe cuántos verbos más- esta película. No les decepcionará.

Link a la web oficial.

martes 13 de octubre de 2009

Las ruinas del Coliseo en el Prado

Visitando el Museo del Prado hace unos días, no pude evitar fijarme en esta excelente obra de un gran pintor francés, Hubert Robert. Recuerdo esta pintura en una sala no demasiado amplia, entre dos interesantes cuadros de tema mitológico en torno a los amores de Zeus. Creo que se trata de una de esas imágenes que no se borran de la retina, uno de esas pinturas que pasan a formar parte de la colección de arte que cada cual lleva en el corazón.

Robert se sintió fascinado desde su juventud por el Mundo Clásico, y el recuerdo que de éste pervivía. De hecho, se le considera como el gran introductor de la pintura de ruinas en Francia. En muchos de sus cuadros, refleja esta pasión por el mundo antiguo, así como también por algunas obras arquitectónicas de su época.

La obra en cuestión que hoy les presento refleja el Coliseo, mas no en su momento de esplendor, como estamos acostumbrados a verlo en representaciones, sino en la época en que fue objeto de expolios, reutilizándose parte del material de construcción del mismo. Algo que, preciso es mencionarlo, sucedió con muchos otros grandes monumentos.

lunes 28 de septiembre de 2009

A Roma sepultada en sus ruinas

Recuerdo haber escrito un post acerca de las ruinas de la Itálica, bajo la romántica y lírica visión de un poeta. Aunque las épocas en las que fueron escritos ambos poemas son distintas, así como el estilo de los autores, esa melancolía, esos versos que reflejan la visión de lo que ya no es, el recuerdo triste que a menudo transmiten las ruinas.

Se trata de la clase de fragmentos que me causan una extraña melancolía y es que, a día de hoy, todavía los monumentos de civilizaciones antiguas, así como las visitas a las ciudades clave de éstas, provocan en mí una sensación muy reiterada. Una mezcla de alegría, de adoración, de orgullo, de satisfacción, de curiosidad, pero igualmente de tristeza. Los últimos versos del poema de Quevedo reflejan muy bien esta poética melancolía.


A Roma sepultada en sus ruinas


Buscas en Roma a Roma, ¡oh, peregrino!,

y en Roma misma a Roma no la hallas;
cadáver son las que ostentó murallas,

y tumba de sí proprio el Aventino.

Yace donde reinaba el Palatino;
y limadas del tiempo, las medallas
más se muestran destrozo a las batallas
de las edades que blasón latino.

Sólo el Tíber quedó, cuya corriente,
si ciudad la regó, ya, sepultura,
la llora con funesto son doliente.

¡Oh, Roma!, en tu grandeza, en tu hermosura,
huyó lo que era firme, y solamente
lo fugitivo permanece y dura.


(I) Imagen de unas ruinas romanas, muy hermosa a mi parecer.

martes 22 de septiembre de 2009

'La luz se fue con Juliano...'

Pensaba publicar hoy un artículo sobre el ya muy próximo estreno de Ágora, pero tras una relectura rápida de Juliano el Apóstata, excelente novela de Gore Vidal, me he decidido a compartir con ustedes el final de ésta, rico en metáforas, diáfano e interesante a la hora de pensar en el final del Imperio Romano y de la cultura de éste como tal. Evidentemente, como toda obra literaria, la novela tiene un claro alarde de subjetividad que nadie puede negar, y muchos de sus pasajes reflejarán en parte la ideología de su escritor, pero igualmente, y al margen de toda posible ausencia de objetividad, me parece interesante este par de párrafos correspondiente al desenlace de la novela. Disfrútenlo.


Estoy a solas en mi estudio. Ya he guardado los escritos de Juliano. Todo ha terminado. El mundo que Juliano quería defender ha desaparecido... pero no pondré 'para siempre', porque, ¿quién conoce el futuro? Mientras tanto, los bárbaros están ante las puertas de la civilización. Pero cuando rompan el muro no encontratán nada valioso que tomar, sólo reliquias vacías. Ha desaparecido el espíritu de lo que éramos. Así sea.


He leído a Plotino durante toda la tarde. Tiene el poder de calmarme, y encuentro su tristza extrañamente reconfortante. Incluso cuando escribe: 'Vivir aquí con las cosas de la tierra es un sometimiento, una derrota, un fracaso del vuelo.' El vuelo evidentemente ha fracasado. Uno se somete. La derrota es segura. Incluso mientras escribo estas líneas, el pábilo de la lámpara se acaba, y se reduce la zona de luz en la cual estoy sentado. Pronto el salón estará a oscuras. Uno siempre ha tenido que la muerte sea como esto. Pero, ¿qué otra cosa hay? La luz se fue con Juliano. Ahora no queda otra cosa que dejar que lleguen las tinieblas y esperar un nuevo sol y otro día, nacido del misterio del tiempo y del humano amor a la luz.


Trataré de escribir en breves un artículo que trate con relativa profundidad la figura de Juliano, muy interesante emperador y personaje de la historia romana. Aún pese a que ocupó el poder durante menos de tres años, ha pasado a la historia y ha sido inmortalizado en numerosas obras artísticas, como esta interesante novela de Gore Vidal. Tomen el fragmento como pequeña invitación a leer acerca del tema.

domingo 13 de septiembre de 2009

El jardín de Hipatia

Con el estreno de Ágora, dirigida por Alejandro Amenábar, cada día más próximo, el tema de Hipatia de Alejandría parece haber empezado a proliferar por blogs de clásicas y webs de temática semejante, algo que desde luego me parece interesante, ya que todo lo que contribuya a conocer la vida y el mundo de personajes históricos como éste, será bienvenido. Más, si tenemos en cuenta que no hay demasiadas mujeres de la cultura grecolatina que hayan pasado de esta forma a la historia.

Al respecto de Hipatia, en las últimas semanas he podido leer una interesante novela. Acerca de ella había tenido ocasión de devorar algunos ensayos y artículos, pero todavía no me había topado con una obra de narrativa histórica. ¡Y qué obra! Me atrapó desde las primeras páginas, y no sólo porque desde el punto de vista literario resulte amena y bien construida, sino porque realmente me ha gustado el modo en que refleja el período histórico y los acontecimientos que en ese momento tuvieron lugar. Su Hipatia es fascinante, como debió serlo la de hace casi diecisiete siglos.


Les recomiendo fervientemente la lectura de la novela, quizá un tanto más compleja y con una mirada más profunda que las anteriores, de las cuales es importante mencionar Las puertas de seda. Me ha encantado el retrato del una parte del mundo oriental antiguo.

Pueden visitar la página web de la autora, Olalla García, aquí.
Les recomiendo, además, este artílculo sobre una de las presentaciones de la novela, en Sabadell. Lo encontrarán en este enlace.

martes 8 de septiembre de 2009

Lingua Latina Per Se Illustrata

Ante todo, mis lectores y lectoras, les debo una evidente disculpa por esta larga y veraniega ausencia sin haber dejado un cartel con el arquetípico mensaje de 'Cerrado por vacaciones'. Lo cierto era que no pretendía, ni muchísimo menos, abandonar la redacción de posts durante tanto tiempo, pero entre viaje y viaje, vivencia y vivencia, he estado alejada durante un tiempo de la Blogosfera. Aquí estoy hoy de vuelta, como escribía Alberto Gamarra en un comentario que acabo de aprobar, al foso del Coliseo, cual gladiatrix de las palabras dispuesta a seguir escribiendo acerca de esta gran historia de Roma (y de mitología y literatura, como ya supondrán quienes conozcan mis otros dos blogs).

Hoy desearía hablar de un tema que no he tocado todavía en este blog, aunque lleve varios meses con la idea de hacerlo. Resulta paradójico, teniendo en cuenta que a menudo escribo acerca del primer asunto que se me ocurre (como es obvio preparándome previamente), bien porque acabe de concluir una lectura o de ver una imagen inspiradora. Éste es el tema del método de latín Lingua Latina Per Se Illustrata, de Hans Orberg; es decir, La Lengua Latina Ilustrada Por Sí Misma.


Mis intentos de aprender latín se iniciaron hará unos tres o cuatro años, para lo cual traté de hacer uso de un manual que ya tenía unos añitos, un clásico manual de hace dos décadas. Se centraba fundamentalmente en el aprendizaje de regras gramaticales, puras y duras, además de largas listas de vocabulario para memorizar. Apenas poseía ejercicios de tipo práctico, la mayor parte eran del tipo: Escribe el acusativo singular de rosa, rosae, a lo cual el estudiante no tiene más que responder rosam. Los primeros capítulos me fue bastante bien, y realmente pensaba que estaba aprendiendo algo. ¿El problema? El problema surgió al llegar al tema seis o siete, cuando en mi cabeza tan sólo había listas de palabras, declinaciones y las sempiternas reglas de gramáticas. Pueden ustedes decir que eso es saber algo, pero entonces me di cuenta de que aunque tuviese todos esos datos inconexos revoloteando por mi mente, no sabía cómo aplicarlos. Aquello ya no era un lengua, de esas que se leen, se escriben o se traducen, que se sienten como algo vivo, sino palabras sin significado, memorizadas, recitadas a modo de loro o cacatúa. Como supondrán, acabé desistiendo.

Tiempo después, oí hablar de este otro método, y realmente lo hubiera pasado por alto de no ser porque en el artículo que acerca de él había escrito un reputado profesor aparecía una mención a los autodidactas, explicando que el método en cuestión realmente era adecuado a ellos. Por supuesto, yo me incluía en ese grupo, pero aún así todavía no me fiaba. Por ello, acudí a la página web y me descargué los primeros capítulos, además de toda la información que encontré acerca del cuso. Puedo decirles que no tardé ni dos semanas en pedirlos a una librería de Madrid.

El curso se divide en dos partes, Familia Romana y Urbs Aeterna, a su vez subdivididas en capítulos. El método tiene una base eminentemente práctica, además de estar íntegramente escrito en latín. Cada capítulo consta de un texto inicial escrito en la lengua en cuestión, tal cual sucede con algunos manuales para aprender inglés y francés. La dificultad de estos textos está graduada de modo que aumente en relación a los conocimientos que adquiere el alumno, la mayor parte de los cuales, pueden ser deducidos y asimilados sin necesidad de hacer una de las clásicas traducciones o recurrir al diccionario. El propio lector puede extraer del texto reglas gramaticales, que después vienen explicadas en la sección grammatica, tras estas lecturas. Los capítulos incorporan una lista con las nuevas palabras de vocabulario, vocabula nova, cuyo significado igualmente se deducible, aunque resulta aconsejable contar con la ayuda del diccionario, más que nada para aclarar dudas o términos confusos. A esto hemos de añadir tres ejercicios con los que se concluyen los capítulos, llamados pensa. Es posible complementar estos con las actividades de otro librito ajeno al manual, el Exercitia Latina. Lo recomiendo, para reforzar mejor los conceptos y adquirir práctica y algo de soltura... a mi modo de ver, y al menos para el autodidacta, con los pensa no basta.

Aún así, que ningún lector desprevenido pueda creer que, por ser este método más práctico, adecuado a autodidactas o alejado de interminables reglas gramaticales meramente teóricas, estará excluido el estudio y el esfuerzo. Obviamente no es perfecto, ni mágico, ni la 'panacea' en materia de estudios. Las lecturas y los ejercicios requieren dedicación y, por supuesto, constancia. Constancia para revisar lo estudiado anteriormente, continuar día a día con los capítulos y esforzarse en asimilar los distintos conceptos, cosa que se complica conforme avanzan los capítulos y es necesario manejar más gramática y más vocabulario. En contrapartida, los resultados son visibles y, como suele ocurrir, hacen sentir satisfacción y deseos de seguir aprendiendo. Otra de las virtudes del curso, que estoy comprobando todavía, ya que cerca del capítulo diecisiete estoy, y sin deseos de abandonar ni desistir. ¡Les deseo suerte si ustedes también se deciden a utilizarlo!