jueves, 25 de diciembre de 2008

Felices fiestas

No podía dejar pasar estas fechas sin desear a todos mis lectores unas muy felices fiestas y sin recordar la festividad romana (una de las más importantes dentro del calendario) que tenía lugar en precisamente en estos momentos del año. Se trata de la Saturnalia.

La Saturnalia era una fiesta en honor al dios Saturno, identificado con el Cronos griego. Sin embargo, en la concepción religiosa romana, Saturno se vinculó también con el campo y la agricultura, especialmente en los inicios de la civilización romana, por tratarse de un pueblo para el que esta actividad económica era extremadamente importante. Por ello, se celebraba en las fechas cercanas al final de las labores agrícolas de invierno (entre el diecisiete y el veinticinco de diciembre, con variaciones.

Frecuentemente se hacían regalos entre amigos y familiares -un bonito paralelismo con nuestra Navidad- y el clima que reinaba en la ciudad era distinto al del resto del año. En general, se otorgaban mayores libertades a los esclavos y la alegría reinaba, pese a que era preciso respetar la solemnidad de algunas ceremonias religiosas que tenían lugar en el templo de Saturno para honrar al dios. Posteriormente, se haría coincidir nuestra Navidad cristiana con esta festividad ya existente (a lo que hemos de añadir también la fiesta en honor al nacimiento de Mitra, divinidad identificada con el Sol Invictus, que se celebraba en torno al veinticinco de diciembre).

Desde aquí les deseo unas felices fiestas y les envío una felicitación que he encontrado por casualidad y que es, sin duda, muy romana.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Antiguos números de la revista Stilus

Les presento hoy los cuatro números de la Stilus anteriores al reseñado en mi pasado artículo. Como nunca he hecho referencia a los mismos en la bitácora, pero me parece que se trata de textos de sumo interés, me parece adecuado postearlos hoy. Para descargar las revistas, hacer click sobre las diferentes imágenes de las portadas.

Reportajes de la Stilus número 1:
  • Un pedazo de Roma en provincias, por Pablo Amado.
  • Entrevista a Simón Scarrow, por Roberto Pastrana.
  • El asedio de la loma, por Francisco J. García Valadés.
  • Legiones: Innovación constante, por César Pociña.


Reportajes de la Stilus número 2:
  • Una ciudad sobre plano, por Pablo Amado Montero.
  • Entrevista: J. Carlos Martín Leroy, por Francesc Sánchez.
  • Una radiografía de hace 2.000 años, por Salvador Pacheco.
  • Las enfermedades en Hispania, por Juan Antonio Martín.
  • El arte de poner orden, por Francesc Sánchez.
  • Tras los pasos de Sertorio, por Francisco J. García Valadés.
  • Yo soy Espartaco, por David Pérez Sandoval.


Reportajes de la Stilus número 3:
  • Derecho romano. Reyes y ciudadanos, por Francesc Sánchez.
  • Administración. Muchos pueblos, un modelo de gestión, por Pablo Amado Montero y Alejandro Carneiro.
  • Firma invitada. Una civilización a la mesa, por Juana María Huélamo y José María Solias.
  • El rincón de Esculapio. ¡Salud, por Apolo!, por Salvador Pacheco.
  • La huella de las legiones. Carisio y los Astures, por Roberto Pastrana.
  • Entrevista: David P. Sandoval, por Roberto Pastrana.
  • La cinemateca de Clío. El siglo de la sangre, por David P. Sandoval.

Reportajes de la Stilus número 4:
  • Vestigios. León: La ciudad de los tres campamentos, por Emilio Campomanes.
  • La Huella de las legiones. El oro de Roma, por Francisco J. García Valadés.
  • Derecho. Las tablas de la ley, por Francesc Sánchez.
  • El rincón de Esculapio. Ha nacido un romano, por Salvador Pacheco.
  • Videojuegos. Iberia total war, por Alberto Fuentevilla.
  • La cinemateca de Clío. La vida de Brian, por David P. Sandoval.


lunes, 22 de diciembre de 2008

Nuevo número de la revista Stilus

En un artículo anterior me refería a la asociación Hispania Romana, describiendo las actividades que realizan para potenciar la difusión de la cultura romana mediante recreaciones, talleres, representaciones,... Hoy me gustaría escribir acerca de su revista, cuyo nombre es Stilus. En ella se tratan distintos temas relacionados con la historia y la arqueología romana; además, se incluyen entrevistas a historiadores, escritores de novela histórica,...

Recientemente ha salido un nuevo número de la revista Stilus -al que está dedicado este post- que puede leerse online, siendo éste su principal medio de distribución. Les dejo el índice de reportajes contenidos en la nueva Stilus:

La moral sexual, por Salvador Pacheco.
Prostitución, por Arantxa Monteagudo.
Enfermedades venéreas, por Salvador Pacheco.
Afrodisíacos, por Salvador Pacheco.
La basílica Emilia, por Christin Mir.
Lucio Emilio Paulo, por Juan Carlos Martín Leroy.
La gran atalaya, por Francisco J. García Valadés.
Armamento prerromano, por Fernando Quesada.
Entervista a Olalla García, por Francesc Sánchez.
Los orígenes de Roma, por Mateo González.
La organización republicana, por Francesc Sánchez.
Entrevista a Arantxa Monteagudo, por Roberto Pastrana.

Para descargar la revista, hagan click sobre la imagen.

domingo, 21 de diciembre de 2008

Roma planea recrear combates de gladiadores en el Coliseo

Adjunto una noticia extraída de la web del periódico El Mundo que me ha llamado mucho la atención. Si ya hace unos meses nos sorprendíamos con la iniciativa de crear una suerte de Disneyland romano, este otro artículo no tiene desperdicio.

Roma planea recrear combates de gladiadores en el Coliseo

El responsable de la conservación de los bienes arqueológicos del Ayuntamiento de Roma, Umberto Broccoli, planea devolver al monumento del Coliseo, los antiguos combates de gladiadores que se libraban durante el Imperio romano.

"No quiero hacer nada carnavalesco. Será una cosa muy seria", asegura Broccoli, arqueólogo y presentador de programas de radio y televisión en Italia, en unas declaraciones que recoge el diario italiano 'La Repubblica'.

La intención del responsable de la arqueología romana es recrear para los turistas la verdadera atmósfera que se vivía en la época de la antigua Roma en el entorno del Coliseo y programar espectáculos con gladiadores que den mayor realismo a los actores que posan en la actualidad por sus alrededores.

"Yo no me escandalizaría por devolver los fingidos duelos entre gladiadores que se ven hoy delante del Coliseo. Por supuesto, se harían de otra manera, quizá no en la calle, quizá sobre un escenario, acompañados de los versos en los que Séneca habla de la vida de los gladiadores de su tiempo", comenta Broccoli.

"No se tiene que temer la vulgaridad a la hora de contar en nuestros días la vida de aquellos tiempos", apunta el arqueólogo, quien añade que "los gladiadores eran vulgares, estaban sudados, apestaban y decían palabrotas: ¿por qué no hacer que se vea cómo eran de verdad?".

El Ayuntamiento de Roma estudia la posibilidad de ofrecer a los turistas una especie de casco en el que puedan verse recreaciones virtuales de la antigua capital del Imperio, a medida que se camina sobre las áreas arqueológicas más importantes.

"Menos carácter sagrado y más espectáculo", propone Broccoli, quien apuesta por que museos como el del Coliseo hablen al público "con un lenguaje nuevo".

"Habría que recrear -incide- los olores que se percibían por las calles. Sólo de este modo se puede conseguir que la visita a un museo se convierta en una emoción inolvidable".


(I) Mosaico que ilustra unos juegos gladiatorios.

viernes, 19 de diciembre de 2008

Literatura latina

Antes de publicar el ya anunciado artículo acerca de Virgilio en su Eneida, me gustaría postear un vídeo que he encontrado hoy por pura casualidad y que me parece de interés para el blog.

jueves, 11 de diciembre de 2008

El lamento de Dido

En mi artículo anterior sobre las Cartas de las Heroínas mencionaba un fragmento en relación a la leyenda de Dido y Eneas, en concreto al momento en el que el héroe abandona a la reina de Cartago, la cual se suicida posteriormente. Por ello, antes de publicar mi próximo post -cuyo tema será Virgilio y la Eneida-me gustaría colgar hoy el fragmento de la ópera de Purcell Dido y Eneas en el que Dido canta su tristeza antes de morir. Realmente sobrecogedor y emotivo.

Dido's lament (When I am laid)

When I am laid in earth
may myy worngs create
no trouble in thy breast;
remember me, but, ah!,
forget my fate.

El lamento de Dido (Cuando esté enterrada)

Cuando esté enterrada
que mis errores no creen
aflicción en tu pecho;
recuérdame, pero, ¡ah!,
olvida mi destino.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Cartas de las heroínas

Hoy me gustaría recomendarles un hermoso texto del gran Ovidio que, aunque quizá no sea uno de los más célebres, sí resulta interesante y agradable de leer. Se trata de las Cartas de las heroínas (también Heroídas), un conjunto de epístolas obviamente literarias y fruto de la imaginación del poeta. Sin embargo, el autor pone sus palabras en boca de mujeres del mundo de la épica y la mitología grecolatinas, como puede ser Helena de Troya o Penélope. Todas ellas se dirigen a sus amados -Paris y Ulises, en este caso- para recriminarles su tardanza o expresar su preocupación de que sufran algún mal en la guerra, sus celos o su necesidad de estar junto a la persona querida, despreciando en cierta medida los logros bélicos de los que ellos se vanaglorian.

Las parejas protagonistas de las cartas son las siguientes:

Penélope-Ulises
Filis-Demofoonte
Briseida-Aquiles
Fedra-Hipólito
Enone-Paris
Hipsípila-Jasón
Dido-Eneas
Hermíone-Orestes
Deyanira-Hércules
Ariadna-Teseo
Cánace-Macareo
Medea-Jasón
Laodamía-Protesilao
Hipermestra-Linceo
Safo-Faón
Paris-Helena
Leandro-Hero

En ocasiones (como las cartas que atañen a la pareja Paris-Helena o Leandro-Hero), el amado responde a la epístola de su enamorada, de manera que su historia -cargada de sentimientos y emotividad- queda plasmada en el texto.

Les dejo un fragmento de las Cartas de las heroínas:

"Te jactas de tu linaje, de tus antepasados y de nombres regios. Sobradamente ilustre por su nobleza es esta casa. Por no mencionar a Júpiter como bisabuelo de mi suegro y a todo el linaje del Tantálida Pélope y de Tindáreo, la engañada por el cisne, Leda, me da a Júpiter como padre, ella que, confiada, dio calor en su regazo a la falsa ave. ¡Ve ahora y proclama los remotos orígenes de la nación frigia y a Príamo con su Laomedonte! A todos ellos yo los respeto, pero el que, siendo el quinto ascendiente, es para ti gloria grande, ése es el primero en mi linaje" [Helena a Paris].


"Deja a los dioses y los objetos sagrados que profanas con tu tacto. Una mano impía no es digna de dar culto a los celestiales. Si después de salvar del fuego a los dioses, ibas a ser tú quien les diera culto, se arrepienten de haber sido salvados del fuego. Quizás incluso, malvado, abandones a una Dido embarazada y en mi cuerpo se esconda encerrada una parte de ti. La desdichada criatura seguirá el destino de su madre y serás culpable de la muerte de alguien que aún no ha nacido; el hermano de Juno morirá junto con su madre y un único castigo arrastrará a dos que están unidos entre sí" [Dido a Eneas].

(1) Muerte de Dido en un cuadro de Joseph Reynolds.

viernes, 28 de noviembre de 2008

La sátira romana: Juvenal

Concluyo con este artículo el conjunto de posts iniciados en julio acerca de la sátira romana. Me referiré hoy al último de los cuatro grandes satíricos de la historia de la literatura latina, Juvenal.

Décimo Junio Juvenal nació en el año 67 d.C. (hacia el final del reinado de Nerón). De su vida no nos ha llegado una enorme cantidad de datos; al menos, no podemos componer una completa biografía como lo haríamos otros personajes de la historia de Roma. La mayor parte de los historiadores coinciden en que ocupó algún puesto en el ejército y que tuvo serios problemas con el emperador Domiciano, llegando a hablarse de un exilio forzado. La fecha de su muerte se fija en el 127 d.C., durante el reinado del emperador Adriano.


A diferencia de otros autores como Horacio, que aparte de cultivar el género satírico hicieron lo propio con otra clase de composiciones, conocemos a Juvenal tan solo por las dieciséis sátiras (divididas en cinco libros) que nos han llegado (lo que, evidentemente, no descarta que hubiera escrito otra clase de escritos). Sus textos son una crítica a los valores y contravalores de la sociedad de su época (avaricia, exceso de lujo, crueldad,...), así como a grupos de personas en concreto (por ejemplo, dedica una sátira completa a vituperar a las mujeres romanas que destila una cierta misoginia). Se le supone heredero de los satíricos anteriores, aunque conserva su propio y determinado estilo.

Les dejo algunos fragmentos de las sátiras de Juvenal:

"En Roma, muchísimos enfermos mueren por no dormir; los mismos alimentos malos que se quedan en el estómago producen la enfermedad, porque, ¿qué habitación arrendada permite conciliar el sueño? ¡El dormir en la ciudad cuesta mucho dinero! He aquí la causa principal de enfermedad. El paso de los grandes carros por las estrechas curvas de los barrios de la ciudad, el clamoreo de los rebaños detenidos quitarían el sueño a Druso y a los rebaños marinos. Si el deber lo exige el rico será llevado, apartándose de la turba, y él será conducido sobre las cabezas, en una amplia liburna. Él, mientras tanto, irá leyendo, escribiendo o durmiendo, porque con la ventanilla cerrada la litera provoca el sueño. Llegará antes que nosotros, porque nuestra prisa se ve detenida por la ola interior, y la muchedumbre que sigue nos aprieta en gran avalancha de lomos. Uno va dando codazos, el otro golpea la cabeza con una viga, el otro con una medida. Llevo las piernas empastadas de barro, por todas partes llegan pies enormes que me pisan, y los clavos de las suelas militares se me clavan en los dedos" [sátira III].

"A los amigos sin categoría se les servirán setas peligrosas, al señor champiñones, como los que comía Claudio antes del que le sirvió su mujer, después ya no comió nada. Virrón mandará que le pongan a sí mismo y a los demás Virrones unas frutas de las que tan solo captarás el olor, como las que producía el eterno otoño de los feacios, podrías pensar que las había robado a las hermanas africanas. Tú disfrutarás del desecho de la fruta, como la que roe en el parapeto el que se cubre de casco y escudo y aprende por miedo a látigo a lanzar los dados montado en una cabra peluda. Quizás pienses que Virrón se porta así para ahorrar. Lo hace únicamente para que sufras. ¿Pues qué comedia o qué mimo es mejor que la voracidad angustiosa? Así que todo se hace, por si no lo sabías, para que disuelvas tu bilis en las lágrimas, y rechines los dientes tanto tiempo cerrados. Tú piensas que eres hombre libre y comensal de tu rey; él piensa que estás cautivado por el olorcillo de la cocina, y no sospecha mal. Pues, ¿quién hay tan carente de todo, que lo aguante dos veces, si ha llevado de niño el oro etrusco, o aunque solo sea el nudo, modesto distintivo de cuero?" [sátira V].

"Viene ya de muy antiguo, Póstumo, el mancillar el lecho ajeno, y menospreciar el genio del tálamo sagrado. Todos los demás crímenes los trajo después la edad de hierro; pero la edad de plata vio a los primeros adúlteros. Y tú, con todo, preparas en nuestros tiempos el convenido pacto y los esponsales. Ya te está peinando el maestro peluquero, y quizá pusiste el signo de la alianza en el dedo. Tú estabas ciertamente en tus cabales. ¿Te casas, Póstumo? Dime, ¿qué Tisifón o qué serpientes de persiguen? Dime, ¿puedes soportar una señora, habiendo tantas cuerdas libres para ahorcarte, habiendo tantas ventanas altas en la oscuridad, teniendo tan cerca de tu casa el puente Emilio? O si no te gusta ninguna de estas salidas, ¿no te parece mejor que a tu lado duerma un jovencito? Un jovencito que no riñe de noche contigo, que no exige ningún regalo cuando está a tu lado, ni se queja de que lo dejes tranquilo, ni de que no satisfagas todos sus gustos" [sátira VI].

"Cualquier cosa que se hace con mal ejemplo desagrada al mismo autor. La primera venganza consiste en que ningún culpable se absuelve a sí mismo, aunque una mala influencia venza en la urna falaz del pretor. Calvino, ¿qué crees que juzga quien recientemente ha cometido un crimen o ha violado la fidelidad? Pero no tienes un censo tan corto que te aplane el peso de una pequeña pérdida, ni es cosa rara tampoco lo que padeces. Este caso es corriente, conocido por todos, y sacado del medio acervo de la fortuna. El dolor de un hombre no debe ser más intenso de lo justo, ni mayor que la herida. ¿Tú a duras penas puedes soportar con la entrañas encendidas una mínima y exigua parte de los males ligeros que un amigo no te devuelva un depósito sagrado?" [sátira XIII].

"Hay muchos vicios, Fustino, dignos de fama siniestra y que graban una triste mancha en las vidas más limpias, que enseñan y transmiten a sus hijos sus propios padres. Si al viejo le gusta el juego daño, juega también el heredero aún pequeño y mueve las mismas armas en el diminuto cubilete. A ningún pariente permitirá esperar de sí nada mejor el joven que aprendió de la gula redomada de su padre derrochador, a pelar las trufas, a condimentar los champiñones y a empapar en el mismo jugo los papafigos. Cuando tenga siete años, aunque no haya cambiado los dientes de leche, aunque le pongas mil maestros barbudos por una parte y mil por otra, deseará cenar siempre con gran boato, y que no merme en nada la cocina" [sátira XIV].

(I) Juvenal en una ilustración de un libro de las Sátiras.

sábado, 15 de noviembre de 2008

Odas de Horacio

Desearía compartir hoy con ustedes unos cuantos poemas de un gran autor romano al que ya he mencionado anteriormente en esta bitácora, Quinto Horacio Flaco. Habiendo hecho ya referencia tanto a sus sátiras como a sus épodos, incluyo ahora algunas de sus odas.

"Acuérdate de conservar una mente tranquila
en la adversidad, y en la buena fortuna
abstente de una alegría ostentosa,
Delio, pues tienes que morir,
y ello aunque hayas vivido triste en todo momento
o aunque, tumbado en retirada hierba,
los días de fiesta, hayas disfrutado
de las mejores cosechas de Falerno.
¿Por qué al enorme pino y al plateado álamo
les gusta unir la hospitalaria sombra
de sus ramas? ¿Por qué la linfa fugitiva
se esfuerza en deslizarse por sinuoso arroyo?
Manda traer aquí vinos, perfumes y rosas
-esas flores tan efímeras-, mientras
tus bienes y tu edad y los negros hilos
de las tres Hermanas te lo permitan.
Te irás del soto que compraste, y de la casa,
y de la quinta que baña el rojo Tiber;
te irás, y un heredero poseerá
las riquezas que amontonaste.
Que seas rico y descendiente del venerable
Ínaco nada importa, o que vivas
a la intemperie, pobre y de ínfimo linaje:
serás víctima de Orco inmisericorde.
Todos terminaremos en el mismo lugar.
La urna da vueltas para todos.
Más tarde o más temprano ha de salir
la suerte que nos embarcará
rumbo al eterno exilio".

"Odio al vulgo profano y lo rechazo.
Tened las lenguas: sacerdote de las Musas,
voy a cantar versos jamás oídos antes
a los niños y a las doncellas.
A sus propios rebaños rigen
temibles reyes, y a ellos los gobierna
Júpiter, famoso por su triunfo Giganteo,
el que lo mueve todo con su ceño.
Sucede que un hombre alinea en los surcos
mayor número de árboles que otro hombre;
éste, de más noble linaje, baja
al Campo a competir; aquél,
mejor por sus costumbres y su fama
rivaliza con él; otro tiene mayor
cantidad de clientes.
Con justa ley, Necesidad
sortea a los notables y a los ínfimos:
una amplia urna mueve todo nombre.
Aquel sobre cuya impía cabeza
pende desnuda espada
no encuentra dulce el sabor de los festines Sículos
ni el canto de las aves y de la cítara
le devuelven el sueño. Ese sueño
apacible que, en cambio, no desdeña
la casa humilde del campesino,
ni la umbrosa ribera,
ni Tempe, el valle oreado por los Céfiros.
Al que desea sólo lo suficiente
no lo seduce el mar tumultuoso,
ni el ímpetu cruel de Arturo al ponerse,
ni el nacimiento de las Cabrillas,
las viñas azotadas por el granizo
o una finca mendaz, ya culpen sus plantíos
a las aguas, a las estrellas
que abrasan los campos
o a los inclementes inviernos.
Sienten los peces reducido el mar
por las moles lanzadas a sus aguas,
pues allí van a parar las piedras
que sin cesar arrojan el empresario con sus obreros
y el señor harto ya de tierra.
Mas Temor y Amenazas
suben adonde está el señor,
y la negra Inquietud no se separa
de su trirreme guarnecida de bronce
y cabalga tras él, jinete.
Y, si ni el mármol Frigio,
ni el uso de la púrpura más brillante que un astro,
ni la viña Falerna,
ni el costo Aquemenio
alivian el dolor del que sufre,
¿por qué voy a construir un atrio grandioso
con puertas envidiables, según el nuevo estilo?
¿Por qué voy a cambiar
mi valle de Sabina
por riquezas tan pesarosas?"

"Ves cómo en alta nieve el Soracte allá
blanquea y con su carga los bosques ya
con pena pueden y los ríos
yertos están en agudo hielo:
deslíe el frío echando sobre el hogar
sin tasa leña, y más generoso da,
Taliarco, del barril sabino
vino a correr del de cuatro años.
Lo otro a los dioses déjaselo, que así
que al viento en guerra con hervoroso mar
lo amansen, ya ni los cipreses
se agitarán ni los viejos olmos.
Qué habrá mañana, excusa de preguntar,
y cada día más que el azar te dé,
a logro ponlo; ni desdenes
mieles de amor, mozo tú, ni bailes,,
en tanto lejos de agria vejez tu edad
verdece. Ahora al Prado, a la plaza, a los
susurros quedos en la noche
tórnese a ir a la hora dicha
y a la escondida niña, que del rincón
risilla grata la delató, y allí
la prenda que se arranca al brazo
ya, al dedo ya, que se mal resiste".

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Viriato y los romanos

Les presento hoy un vídeo de Cruz y Raya, que no tiene otro objetivo más que el de suscitar la hilaridad del espectador. Lo cierto es que siempre resulta agradable echar un vistazo a una de estas parodias. Espero que les guste.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Reviviendo la historia

Como amante del mundo clásico, me encanta ver que en la actualidad existen grupos que tratan de recrear este magnífico período de la historia, bien reproduciendo un suceso concreto -una determinada batalla, por ejemplo- o acontecimientos de la vida cotidiana. Sin embargo, hasta hace unos meses, y quizá en buena parte porque no soy una gran lectora de historia bélica, no había oído hablar de cierto proyecto de reconstrucción de épocas y momentos pasados, la Legio VIIII.

Lo cierto es que la primera vez que supe de este grupo me sentí sumamente impresionada. Se trata de una agrupación vinculada con la Asociación de Hispania Romana, que pretende recrear el antiguo ejército romano, en concreto la Novena Legión, cuya historia (guiándonos exclusivamente por los hallazgos arqueológicos que poseemos en la actualidad) se extiende desde el s. I a.C. (la primera referencia conocida data del 58 a.C.; se la menciona en los Comentarios a la Guerra de las Galias) hasta el s. II d.C. (hay cierto debate con respecto a su desaparición; por una parte se sostiene la teoría de que desapareció en la década del 120, pero otros estudiosos afirman que continuó existiendo hasta la década del 140). A lo largo de sus siglos de existencia, la legión combatió en distintas zonas del Imperio Romano (muy destacado su papel en las Guerras Cántabras; en concreto en las batallas del 24 a.C.).


El nivel al que estos modernos legionarios llevan la recreación de la vida castrense llega a resultar asombroso. No se limitan a vestirse "de romanos" cual aficionado decidido a participar en la típica fiesta o feria de tema histórico. Tratan de reproducir con exactitud las distintas partes del vestuario de un soldado romano, y lo cierto es que lo consiguen. A modo de ejemplo, cito algunas de ellas (en la web de la Legio hay abundantes fotos e incluso instrucciones para fabricarse uno mismo estos objetos): caligae (el calzado típico del legionario), gladius (la espada), pugio (el puñal), lorica (la armadura,freuente a partir del s. I la lorica segmentata), scutum (el escudo),...


Estos consumados recreacionistas, además, organizan todo tipo de actividades relacionadas con el mundo del ejército romano: tan pronto construyen una vía romana para uso y disfrute de los ciudadanos del Imperio como organizan el campamento y se agrupan en distintas tiendas, cada una de ellas compartida por ocho de estos legionarios, que también se ejercitan en esgrima y practican el combate y las formaciones a adoptar durante la batalla. En el vídeo los vemos ejecutando la formación testudo (o tortuga) en las Jornadas Galo-Romanas celebradas en Lyon este verano.



Sin embargo, su proyecto no se ciñe a la recreación de una vida castrense completamente desligada de la civilización en la que se desarrolla, sino que la intención es otra. Esto aparece claramente explicado en la presentación de su página web:


"Nos interesa reflejar no solamente el aspecto militar de las mismas, sino también su función civilizadora. Nos interesa el ejército que construía ciudades, vías, puentes, acueductos. El ejército que garantizaba la ciudadanía a los extranjeros que se alistasen, a la vez que les integraba en una cultura y les daba una lengua común. Y queremos profundizar en el conocimiento de dicho ejército y transmitirlo a los demás a través de diferentes iniciativas, que van desde acciones de arqueología práctica, probando en la realidad las diversas teorías sobre temas militares, participando en eventos públicos, conferencias y exhibiciones, montando exposiciones con nuestros materiales o realizando visitas a colegios y centros de enseñanza. Y queremos enriquecer la experiencia con reconstrucciones de la vida civil, tanto de los trabajadores más humildes como de los políticos más poderosos. Todo ello de una forma didáctica y con la intención divulgadora que caracteriza nuestros proyectos".

Creo que tan interesante declaración de principios no necesita otro apunte, sino una simple alabanza desde esta bitácora consagrada a la historia del Imperio Romano. Esta clase de asociaciones contribuyen a devolver a la vida a civilizaciones tan importantes como la romana, que de ninguna manera debería caer en el olvido.

Este artículo está especialmente dedicado al genial Decimus Cornelius Cicero y a todos aquellos miembros de la Legio VIIII que, con toda su ilusión y su sabiduría en lo concerciente a la Roma antigua, reviven la historia de la ya aeterna civitas.

[Imágenes extraídas de la galería de Legio VIIII].

sábado, 1 de noviembre de 2008

Ovidio

"Ya he culminado una obra que no podrán destruir ni la cólera de Júpiter ni el fuego, ni el hierro, ni el tiempo voraz. Que ese día que no tiene derecho más que a mi cuerpo, acabe cuando quiera con el devenir incierto de mi vida; que yo, en mi parte más noble, ascenderé inmortal por encima de las altas estrellas y mi nombre jamás morirá, y por donde el poderío de Roma se extiende sobre el orbe sojuzgado la gente recitará mis versos, y gracias a la fama, si algo de verdad hay en los presagios de los poetas, viviré por los siglos de los siglos".

Con estas palabras culmina Ovidio su obra Metamorfosis y, como si de una profecía se tratase, actualmente vemos que la maravilla de los textos de este autor pervive entre nosotros y es todavía capaz de divertirnos, enseñarnos y transportarnos a lugares y tiempos lejanos; pero es tal la humanidad de sus textos, que nos resulta imposible no sentirnos conmovidos por sus versos. Desde su afamada nostalgia de Roma tras haber sido desterrado de la ciudad hasta sus poemas de amante despechado golpeando la puerta de su querida en medio de la noche, los sentimientos afloran en la obra del escritor y alcanzan al lector. A todo ello se suma, por supuesto, su incuestionable calidad literaria y su valor didáctico acerca de diversos aspectos del mundo clásico. Creo que me atrevería a calificar a Ovidio como un "imprescindible" entre los escritores grecolatinos.

Ovidio Nasón nació en torno al 43 a.C., en la zona de Sulmona (una región cercana a Roma). Su educación estaba destinada a convertirlo en un orador o en un político; dedicó la mayor parte de su vida al arte de escribir y recibió magistrales lecciones en Atenas, ciudad a la que viajó con el dinero de la herencia de su progenitor. Residió en Roma durante no poco tiempo, mas en el año 8 d.C. fue desterrado por el emperador Augusto a una región de la actual Rumania. Los motivos de esta expulsión todavía hoy no están claros. Ovidio nos cuenta que una de las causas fue la publicación del Ars Amatoria, un texto quizá demasiado licencioso para el momento y la política en relación al matrimonio y a la moral del emperador en aquel momento, pero bastantes estudiosos discuten tal justificación, ya que el texto se había publicado nada menos que diez años antes. Otras teorías sugieren un conflicto entre Augusto y Ovidio, quizá a causa de la hija del primero, Julia, o de una fuerte diferencia de pareceres. En el exilio, el escritor elaboró numerosos textos en los que muestra su tristeza por hallarse lejos de su amada ciudad, suplicando y aguardando un perdón imperial que jamás llegó.

La obra de Ovidio no fue precisamente escasa. Sus escritos suelen agruparse en función del momento de la vida del autor en el que fueron redactados. Así, tenemos unos textos pertenecientes a la juventud del escritor (como los Amores, hermosos y pasionales versos dedicados a la amada; sobresale aquí una mujer llamada Corina), otros a su madurez (como las Metamorfosis, monumental obra en la que se recopilan de un modo extraordinariamente hermoso distintos mitos grecolatinos) y otros a su exilio en el Ponto (por ejemplo, los Tristes, poemas de tono melancólico acerca de su sufrimiento y añoranza de Roma).

En artículos posteriores trataré de desgranar y explorar con ustedes algunas de las obras más interesantes de Ovidio.

jueves, 23 de octubre de 2008

Gladiolo Escobar

Tras el dramático artículo publicado ayer, les dejo hoy un vídeo que subo a petición de un amigo, a modo de intencionado descanso de asuntos serios y profundos antes de mi próxima publicación sobre Ovidio.

miércoles, 22 de octubre de 2008

Despedirse de Roma

Leyendo esta tarde una magnífica antología de textos clásicos, me he topado con el fragmento de Ovidio que refiero a continuación, y que me gustaría entendiesen como una pequeña introducción antes del próximo artículo, protagonizado por este maravilloso escritor romano.

En este texto de sus Tristes, Ovidio describe su última noche en Roma y su partida de la urbe, en el momento de marchar al exilio en el Ponto decretado por el emperador Augusto. Espero aprecien la calidad de las tristes palabras de Ovidio y les guste como presentación de la extraordinaria obra de este autor.

"Cuando se me representa la imagen de aquella
tristísima noche que fue la última de mi permanencia
en Roma, cuando de nuevo recuerdo la noche en
que hube de abandonar tantas prendas queridas, aun
ahora mis ojos se deshacen en raudales de llanto. Ya
estaba a punto de amanecer el día en que César me
ordenaba traspasar las fronteras de Ausonia; ni la
disposición del espíritu ni el tiempo consentían los
preparativos del viaje, y un profundo estupor paralizaba
mis energías. No me cuidé de escoger los siervos,
los acompañantes, los vestidos y lo que
necesita quien parte al destierro; estaba tan atónito
como el hombre que, herido por el rayo de Jove,
vive y no se da cuenta de su vida. Así que el exceso
del dolor disipó las nubes que ofuscaban mi mente
y comencé a recobrar los sentidos, resuelto a partir,
dirijo las últimas palabras a mis inconsolables amigos,
que de muchos sólo me acompañaba alguno
que otro: mi esposa, mezclando su llanto con el
mío, me sujetaba en los tiernos brazos y anegaba en
ríos de lágrimas las inocentes mejillas. Mi hija, ausente
en la tierra lejana de Libia, no podía conocer
mi suerte fatal. Adondequiera que volvieses los ojos
no verías más que llantos y gemidos; todo presentaba
el cuadro de un luctuoso funeral. Mujeres, hombres
y niños me lloran como muerto, y no hay
rincón en la casa que no se vea anegado de lágrimas.
Si es lícito comparar los grandes sucesos con los
pequeños accidentes, tal era el aspecto de Troya en
el momento de su caída. Ya cesaban de oírse las
voces de los hombres y los ladridos de los perros, y
la luna regía en lo alto del cielo los nocturnos caballos;
yo, contemplándola, y distinguiendo a su luz el
Capitolio, cuya proximidad de nada aprovechó a
mis Lares, exclamé: 'Númenes habitadores de estas
mansiones vecinas, templos que ya nunca volverán
a ver mis ojos, dioses que abandono y que residís en
la noble ciudad de Quirmo, recibid para siempre mi
postrer salutación. Aunque embrazo tarde el escudo
después de recibir la herida, no obstante libertad ni
destierro del odio que me persigue, y decid al varón
celestial el error de que fui víctima, no vaya a juzgar
mi falta un odioso crimen. Lo que vosotros sabéis,
sépalo asimismo el autor de mi castigo; porque
aplacando a este dios, ya no puedo llamarme desdichado'.
Tal plegaria dirigí a los dioses; mi esposa
estuvo más insistente y entrecortaba con los sollozos
sus palabras. Postrada ante los Lares y los cabellos
en desorden, besó con sus trémulos labios los
fuegos extintos y elevó a los adversos Penates cien
súplicas que no habían de reportar ningún provecho
a su desventurado esposo. Ya la noche precipitando
los pasos me negaba toda dilación, y la Osa de Parrasio
había vuelto su carro. ¿Qué hacer? El dulce
amor de la patria me retenía, mas esta noche era la
última de mi estancia en Roma. ¡Ah!, ¡cuántas veces
viendo el apresuramiento de algún compañero le
dije '¿Por qué te apresuras? Piensa en el lugar que
abandonas y en aquel adonde corres precipitado'.
¡Cuántas veces, engañándome a mí mismo,
señalé otra hora más favorable a mi partida! Tres
veces pisé el umbral, y otras tantas volví los pasos
atrás, y mis tardíos pies revelaban la indecisión del
ánimo. Con frecuencia, después de las despedidas,
reanudaba de nuevo la conversación, y como si ya
me alejase, di los últimos besos, reiteré los mismos
mandatos y procuré engañarme contemplando las
prendas queridas de mi corazón. Por fin exclamé:
'¿A qué tal premura? La Escitia es adonde me destierran,
y tengo que abandonar a Roma; una y otra
justifican la demora. Vivo aún, me arrancan por
siempre de los brazos de mi esposa, de mi casa y de
los miembros fieles a la misma. ¡Oh dulces compañeros
a quienes amé con amor fraternal, oh corazones
unidos al mío con la fidelidad de Teseo!, os
estrecharé con efusión, ya que se me permite; pues
acaso no vuelva a hacerlo jamás: quiero lucrarme de
la hora que se me concede'. Llega el momento, dejo
sin concluir las palabras y abrazo a los seres queridos
del alma. Mientras que hablo y lloramos, el lucero
de la mañana, estrella funesta para mí,
resplandeció en el alto firmamento. Me separo con
esfuerzo como si me arrancasen los miembros y mi
cuerpo se rompiese en dos partes; de tal modo se
dolió Metio cuando los caballos vueltos en sentido
contrario le despedazaron en castigo de su traición.
Resuenan entonces los clamores y gemidos de todos
los míos y se golpean los pechos con violentas manos.
Entonces mi esposa, arrojándose a los hombros
del que partía, mezcló con sus lágrimas estas
tristes palabras:'No puedes separarte de mí; partiremos,
¡ah!, partiremos los dos juntos; te seguiré, y
mujer de un desterrado, me desterraré igualmente.
Tu camino se abre para mí, los últimos confines me
recibirán y no seré pesada carga en tu nave pronta a
zarpar. La cólera del César te ordena salir de la patria,
el amor que te profeso, sí, el amor será mi César'.


(I) Imponente imagen del Foro Romano.

lunes, 20 de octubre de 2008

Influencia de Horacio y Catulo en Marcial

Comentaba ya varios artículos atrás la trascendental influencia de unos autores sobre otros a lo largo de la historia de la literatura grecolatina. Antes hablaba de dos poetas de distintas civilizaciones, la griega y la romana, separados por casi cinco siglos y medio de historia; hoy me referiré a tres maravillosos autores dacerca de los que ya he escrito, por lo que, para datos biográficos y de estilo, les remito a artículos anteriores:

Introducidos ya los magníficos escritores, les dejo ya sin más preámbulo con los magníficos versos.

Para empezar, recordemos los célebres versos del romano Catulo, en aquella poesía amorosa dedicada a Lesbia, joya de la lírica donde las haya.

"Me preguntas, oh Lesbia, cuántos besos
tuyos me sean suficientes,
cuántos me sean demasiados.
Cuan gran número de arena de arena de Libia
yace en Cirene, de laserpicio plena,
entre el oráculo del ardiente
Jove y el túmulo del viejo Bato;
o cuantos astros nos ven, al callar
la noche, enredados en amoríos;
solo esa cantidad satisfará
a Cátulo el loco, y demasiados
serán, y afortunados,
que ni contarlos podrán los curiosos
ni con sus malas lenguas hechizarlos"
.


Y ahora, el interesante epigrama de Marcial dirigido a Diadúmeno, en el que incluso se hace una mención explícita a Catulo:

"Dame besos apretados, Diadúmeno. '¿Cuantos?', me preguntas.
Me pides que cuente las olas del Océano,
las conchas dispersas por las orillas del mar Egeo,
las abejas que revolotean por el monte cecropio
y los gritos y los aplausos que resuenan en el teatro abarrotado
cuando el pueblo ve de repente el rostro del César.
No quiero todos lo que Lesbia le dio al sonoro Catulo,
cuando se los pidió. Pocos desea quien puede contarlos"
[epigrama 34 del libro VI].

Por otra parte, hemos de recordar la célebre frase Horacio, carpe diem, llamada a convertirse en todo un tópico literario, con especial importancia en versos renacentistas como los de Garcilaso de la Vega. Sin embargo, ya en el texto de Marcial -y en otros muchos autores de la época romana- encontramos claras referencias al carpe diem.

El texto de Horacio en el que aparece la citadísima frase es una de sus odas, concretamente la número once. Aún así, no hay que olvidar que no es el único fragmento de este autor en el que se trata este tópico.

"No investigues, pues no es lícito, Leicónoe, el fin que ni a mí
ni a ti los dioses destinen; a cálculos babilonios
no te entregues. ¡Vale más sufrir lo que haya de ser!
Te otorgue Júpiter varios inviernos o solo el de hoy,
que destroza el Mar Tirreno contra las rocas, prudente
sé, filtra el vino y en nuestro breve vivir la esperanza contén.
Mientras hablo, el tiempo celoso ya habrá escapado:
goza del día y no jures que otro igual vendrá después".

Existe una cierta polémica acerca de la traducción figurada de este último verso, Carpe diem, quam minimum credula postero, por lo que destaco que me he servido de la versión de Manuel Fernández-Galiano.

En este epigrama de Marcial vemos la influencia del tópico, con una evidente y sustancial variación en el estilo del poeta:

"Dices, Póstumo, que tú vivirás mañana, siempre mañana.
Dime, Póstumo: ¿cuándo va a llegar ese mañana?
¿Cómo de lejos, y dónde, está ese mañana? ¿Dónde hay que buscarlo?
¿Está escondido, quizá, entre los partos y los armenios?
Este mañana debe tener ya la edad de Príamo o Néstor.
Dime: ¿por cuánto se puede comprar ese mañana?
¿Mañana vivirás? Ya es tarde, Póstumo, vivir hoy:
el sabio, Póstumo, es el que vivió ayer"
[epigrama 58 del libro V].

(I) Escultura de Eros/Cupido.

domingo, 19 de octubre de 2008

Humanitas

Releyendo ayer las Noches áticas, de Aulo Gelio, me fijé de nuevo en el fragmento cuyo título da nombre al artículo de hoy.

Para comenzar, me parece importante comentar que Aulo Gelio fue un prolífico escritor romano del siglo II d.C., nacido aproximadamente en la década del 130 d.C. y fallecido cuando contaba cerca de cincuenta años. Su obra recibió el nombre de Noches Áticas; la justificación de tal título la hallamos en el prólogo a sus escritos y me parece interesante transcribirla:

"Por tanto, hemos reproducido en estos comentarios la misma disparidad de asuntos de las anotaciones originales, concisas, sin elaborar y carentes de orden, tal y como las habíamos tomado de lecciones y lecturas varias. Y, dado que comenzamos a disfrutar con la reunión de estos comentarios durante las largas noches invernales en la campiña ática, como ya dije antes, por eso le pusimos simplemente el título de Noches áticas, evitando imitar las agudezas de los títulos que muchos escritores de una y otra lengua han puesto a este género de obras, pues aquellos que han recorrido a una doctrina variada, miscelánea y, por así decirlo, 'confusánea', han puesto también por ello títulos rebuscadísimos, acordes con este parecer".

Las Noches áticas son una colección de anécdotas y datos acerca de temas tan dispares como la filosofía, la sociedad, el derecho, la adivinación,... Algunos escritores se han decidido a considerar a Gelio como una suerte de predecesor del ensayo moderno, pero otros replican a los primeros afirmando que los escritos del autor romano no reúnen algunos de los requisitos para ser incluidos en este género. En total, Aulo Gelio escribió veinte libros de sus Noches áticas, aunque hoy día no conservamos el octavo.

Completada la introducción, aquí les dejo el interesante texto, que Gelio incluye en la parte de su obra dedicada al lenguaje y a los juegos de palabras:

"Humanitas no significa lo que vulgarmente se entiende, sino que sólo utilizan la palabra con propiedad los que hablan de manera pura.

Aquello que crearon la lengua latina y quienes la han usado con propiedad no quisieron que humanitas fuera aquello que vulgarmente creemos y que entre los griegos se llama filantropía, con el significado de cierta virtud que conlleva la benevolencia hacia los hombres. Muy al contrario, aquellos llamaron humanitas [...] a lo que se refiere a la formación e instrucción en las artes liberales. Quienes sienten franco interés y deseo por tales disciplinas, éstos son propiamente los más humanistas. El cultivo y aprendizaje de estas disciplinas recibió el nombre de humanitas porque de entre todos los seres vivos tan solo le fue dada a los seres humanos.

Así las cosas, casi todos los libros testimonian que los antiguos ya hicieron uso de esa palabra y, en especial, Marco Varrón y Marco Tulio Cicerón. Basta, pues, con ofrecer entretanto un solo ejemplo. Por ello, puse las palabras de Varrón tomadas del libro primero Sobre las cosas humanas, cuyo comienzo es el siguiente: 'Praxíteles, quien a causa de su excelente talento artístico no es desconocido para nadie que sea un poco humanista. El término humanista no se refiere, como se dice vulgarmente, a una persona afable y benévola, incluso aunque sea lega en cuestiones literarias -no sería congruente con el texto citado-, sino a un individuo lo suficientemente leído e instruido como para conocer, gracias a los libros y a la historia, la importancia de Praxíteles".

Aulo Gelio menciona en su texto al gran escultor griego Praxíteles. Me confieso una verdadera enamorada de las obras que han sobrevivido de este artista y no me resisto a colocar la foto de una de las más conocidas, todo un símbolo del arte grecolatino.


Una pequeña curiosidad: En la Edad Media se hablaba de "las siete artes" y en las universidades, lo que nos sitúa en un período más cercano al Gótico que al Románico, se enseñaban éstas divididas en dos grupos: el Trivium (Gramática, Retórica y Dialéctica) y el Quadrivium (Aritmética, Música, Geometría y Astronomía).

(I) Hermes con Dionisos niño en brazos, escultura atribuida a Praxíteles.

jueves, 16 de octubre de 2008

Comercio en Roma

Ya en el período de la Monarquía (753-509 a.C., siempre de una manera aproximada), momento en el que la economía en Roma giraba en torno a un sistema basado en actividades como la agricultura, la ciudad formaba parte de una importante ruta comercial que pasaba por territorio itálico: la ruta vinculada con el comercio de la sal de la que hablan fuentes antiguas. Sin embargo, el gran momento del comercio romano se situó en la República (más cerca de los siglos finales que de los iniciales) y en el Imperio (concretamente en el Alto Imperio, decayendo un tanto posteriormente). A Roma llegaban mercancías tanto por tierra como por mar. En el comercio por tierra, las calzadas fueron un elemento clave y en buena parte responsable de la magnitud de estos intercambios. Los romanos construyeron una amplia red de vías de comunicación a lo largo de buena parte de su Imperio, sobrepasando los 8.000 kilómetros en total. En España todavía se conservan restos de las calzadas romanas, que en su día unieron a importantes ciudades como Tarraco o Caesaraugusta.


Dado que las calzadas transcurrían a veces por terrenos con ligeras elevaciones o se hacía necesario el cálculo de ángulos, los romanos empleaban diversos instrumentos, como la groma o el dioptre, para favorecer el correcto trazado de la vía. Entre las calzadas romanas más celebres, encontramos la Vía Apia, construida en torno al año 312 a.C. y diseñada por el genial Apio Claudio, situada en la Península Itálica. Todavía hoy puede verse; aprovecho para recomendarla a todo aquel que se disponga a visitar Roma.


Por otra parte, el comercio marítimo cobró una gran importancia -incluso mayor que la del comercio terrestre-, en especial cuando Roma obtuvo el control de buena parte del Mar Mediterráneo -el Mare Nostrum-. A lo largo y ancho de este mar se llevaba comerciando ya más de una docena de siglos, siendo los fenicios, por ejemplo, unos grandes navegantes. En Roma era de suma importancia el puerto de Ostia, al que afluían mercancías de diferentes lugares. En otras ciudades del Imperio -la africana Leptis Magna, por ejemplo- se establecieron importantes enclaves portuarios. En los barcos viajaban cargamentos de vino, aceite, trigo, telas, maderas y otros productos procedentes de distintas partes del Imperio. La nave comercial romana es muy semejante a la griega, aunque sufre algunas modificaciones, concretamente en la vela.


Roma tuvo contactos comerciales con culturas y civilizaciones considerablemente alejadas de esta gran ciudad. Por ejemplo, hay vestigios de la presencia de grupos de comerciantes en la India y se conocen distintos productos procedentes tanto de esta región como de Arabia. De interés son las aportaciones de China, la cual exportaba la celebérrima seda a través de la Ruta que lleva el nombre del producto. Encontramos referencias, sostenidas como veraces por numerosos historiadores, a una embajada romana enviada por Marco Aurelio en el 166 a la capital del Imperio Chino. Algunos estudiosos consideran este dato como objeto de dudas, cuestionando en primer lugar que fuese el emperador quien enviase a los comerciantes y sustituyendo esta idea por la hipótesis de que estos acudiesen por propia voluntad. Por otra parte, también se baraja la posibilidad de que no se tratase de Marco Aurelio, sino de otro emperador de la dinastía Antonina. Además, hay que tener en cuenta que no hay fuentes romanas conocidas que mencionen la célebre embajada, por lo que los datos que poseemos proceden únicamente de textos chinos, lo que motiva que el contraste de la información sea imposible.



Finalmente, me parece importante recordar la manera en la que distintas actividades relacionacionadas con el comercio -incluyendo también la pesca o la artesanía con fines comerciales- han quedado bellamente ilustradas en relieves y mosaicos. Con el objetivo de mostrar estos maravillosos vestigios de la vida y la sociedad romana, coloco unas cuantas imágenes escaneadas de unas láminas que ya había dado por perdidas, pero que deseaba utilizar para el blog desde hace ya tiempo.

Un carretero conduce un transporte tirado por bueyes en un relieve.

Una animal es subido a bordo de un barco en un colorido mosaico.

Relieve en el que figura una transacción en un puesto comercial.

Transacción en un puesto comercial; relieve situado en una basílica romana.

Mosaico con dos pescadores ocupados en su labor.

(I) Mapa de las vías romanas en Hispania con las principales ciudades señaladas.
(II) Mapa del trazado de la Vía Apia y de la Vía Trajana (para verlo con claridad, pulsen sobre la imagen).
(III) Mapa aproximativo del comercio marítimo en tiempos del Imperio Romano.
(IV) Ruta de la Seda a través de la historia.

Incitatus, el caballo de Calígula

Leyendo el otro día una interesante guía acerca del mundo del caballo, me acordé repentinamente del famoso animal de Calígula, cuyo nombre, Incitatus, ha pervivido en las páginas de uno de los biógrafos clásicos más citados, aunque se dude de la veracidad de alguno de los datos que incluye en sus escritos: Cayo Suetonio Tranquilo.

Poco conocemos de la vida de Suetonio, como no sea el año aproximado de su nacimiento, el 69 d.C. o la identidad de algunos de sus protectores y amigos. Por ejemplo, tuvo una buena relación con Plinio el Joven y es mencionado en algunas cartas de éste último. Murió cerca del 140 d.C., ya retirado de la vida pública. Es necesario mencionar que las fechas incluidas son meramente orientativas y que se cuestiona su historicidad.

Sin embargo, la obra de Suetonio, Vida de los Doce Césares, es sumamente conocida y mencionada muy a menudo junto a otros como Cornelio Tácito. Se cuestionan algunos de sus fragmentos, en buena parte porque el autor se informa por terceros, ya que habla de personajes como Cayo Julio César o su hijo adoptivo Augusto, momento en el que los padres del biógrafo quizá no hubiesen nacido todavía. De sus escritos se han extraído algunas de esas celebérrimas frases atribuidas a emperadores, como "Que me teman, con tal de que me respeten", de Calígula o "Qué gran artista muere conmigo", de Nerón (traducción y sentido cuestionado por historiadores como Edward Champlin). No hace falta mencionar el hecho de que las citas no deben de considerarse veraces al cien por cien, ya que nada se puede asegurar acerca de ellas.

Suetonio nos habla del cariño enfermizo que Calígula parecía sentir hacia su caballo Incitatus en su Vida de Calígula. El dato es cuestionado, aunque no me negarán que, como anécdota, se trata de un episodio interesante.

"Quería tanto a un caballo que tenía llamado Incitatus, que la víspera de las carreras del circo mandaba soldados a imponer silencio en la vecindad, para que nadie turbase el descanso de aquel animal. Hizo construirle una caballeriza de mármol, un pesebre de marfil, mantas de púrpura y collares de perlas; le dio casa completa, con esclavos, muebles, y todo lo necesario, para que aquellos a quienes en su nombre invitaba a comer con él, recibiesen magnífico trato, y hasta se dice que le destinaba el consulado".


(I) Imagen de un hermoso caballo.

domingo, 12 de octubre de 2008

Influencia de Safo en los versos de Catulo

Leyendo el último artículo de la bitácora Carissima Helmantica, he recordado el paralelismo existente entre una poesía de la gran Safo y otros versos del romano Catulo, al que ya me he referido anteriormente. Considero que los escritos de tan grandes poetas deben tener su lugar en este blog.

A modo de breve introducción, me parece importante realizar un pequeño apunte biográfico acerca de los dos autores protagonistas del artículo.

Safo fue una poetisa griega nacida en la isla de Lesbos en torno al año 600 a.C. (se barajan fechas cercanas al 612 a.C., mas el dato no está completamente claro). De su vida tampoco tenemos completo conocimiento; por medio de sus poemas se ha deducido que enseñó a varias muchachas disciplinas relacionadas con el mundo de la poesía y la escritura, en honor de las cuales escribió varios himnos nupciales.

Mucho se ha escrito acerca de la relación que Safo sostenía con estas jóvenes; en algunos de sus versos se transluce una atracción amorosa que ha llevado a escritores posteriores, como el hedonista Anacreonte, a hablar de inclinaciones homófilas. Hoy en día, de hecho, empleamos el término 'lesbiana' (nótese la relación con la isla de Lesbos, patria de Safo) para referirnos a las mujeres homosexuales. Por otra parte, también aplicamos el adjetivo 'sáfico' a esta clase de amor.

Sin embargo, algunas fuentes señalan que Safo llegó a casarse, e incluso a tener una hija, llamada Cleis. La mayor parte de los historiadores se decantan por la posibilidad de que la poetisa falleciese ya anciana, pero la leyenda alimentada por algunos autores narra que se arrojó desde un acantilado, a causa de un desengaño amoroso. La veracidad de este dato es muy discutida y prácticamente se considera ficticio.


Safo fue la primera poetisa occidental conocida. Sus poemas pertenecen al género lírico en su período inicial (junto a los de otro poeta del que se cree que fue amante o, al menos, amiga: Alceo), pese a que tuvo predecesores. Escribió versos amorosos dirigidos a muchachas, pero también algunos cantos nupciales o un hermosísimo himno en honor de Afrodita. De su producción literaria no conservamos, lamentablemente, más que unos seiscientos versos, aunque no se descarta la posibilidad de que puedan llegar a aparecer más, pues se sabe que ella compuso en su día un considerable número poemas. Conocemos buena parte de estos textos gracias a citas y traducciones tardías, lo que nos perjudica un tanto a la hora de encontrar los versos originales.

En relación a Catulo, no puedo menos que remirtirles a un par de antiguos artículos acerca de él: Catulo, poeta pasado y presente y Poemas de Catulo.

Completada ya la presentación, les dejo los dos poemas de los autores mencionados. En primer lugar coloco el de Safo y, a continuación, el de Catulo. El paralelismo puede apreciarse con claridad.

"Me parece que es igual a los dioses
el hombre que se sienta junto a ti
y desde tan cerca te oye hablar dulcemente
y sonreír de esa manera tan seductora.
Sí, esto aterra mi corazón dentro del pecho,
pues tan pronto te miro un instante,
me es imposible decir una sola palabra,
se me traba la lengua,
un fuego sutil irrumpe bajo mi piel,
nada veo con mis ojos y zumban mis oídos,
me cae a raudales el sudor y todo mi cuerpo tiembla,
me vuelvo más verde que la hierba, desfallezco
y me parece que poco me falta para morir" [Safo].

"Que es igual a los dioses me parece aquel
(y que supera a los dioses, si es lícito)
que sentado frente a ti, sin cesar
observa y escucha como ríes con dulzor;
lo que me arrebata los sentidos, mísero:
Lesbia, en cuanto te veo, ya no me queda
ni un hilo de voz, la lengua se me torna torpe,
y a manar comienza una llama bajo mis miembros;
me zumban los oídos
y una noche doble cubre mis ojos.
El ocio, Catulo, te es muy molesto;
en el ocio te exaltas e impacientas.
El ocio ya perdió antes muchos reyes
y ciudades felices" [carmen LI, Catulo].

Una pequeña nota: No hay mucha bibliografía acerca de Safo en castellano, pero no me resisto a recomendarles el libro "La novela de Safo", de Alexander Krislov. Es una novela 'histórica' (pongo el vocablo 'histórica' entre comillas puesto que el autor incluye abundantes anacronismos y reinterpreta la figura de Safo a su manera independizándose un tanto de lo que se considera la realidad histórica; por ejemplo, Krislov obvia por completo el matrimonio de Safo y presenta un desenlace en el que ésta se suicida tras ser rechazada por una joven poetisa) en la cual se narra la vida de la poetisa, inciendo constatemente en los sentimientos y emociones de la escritora (Alexander nos presenta a una Safo muy humana y, al mismo tiempo, casi divina) y en su faceta de creadora y amante de la poesía, intercalando fragmentos de la obra de Safo a medida que avanza la narración.

(I) Safo escucha recitar al poeta Alceo en un cuadro de Lawrence Alma-Tadema.