jueves, 29 de mayo de 2008

Cine de romanos, ¿la resurrección?

Como es este un blog acerca del Imperio, veo importante hablar de la influencia de la cultura en cuestión y sus numerosas apariciones en obras filmográficas. Por este motivo, he de comenzar a referirme, por su puesto, al mítico peplum.

Peplum
es una palabra, como ustedes habrán supuesto o reconocido ya, perteneciente a la lengua romana, pero su origen es griego. El peplo era la vestidura que portaban las mujeres griegas, de mayor o menor complicación (peplo jónico o dórico). Mas también es el nombre que la compañía de cine francesa dio a un subgénero que se desarrolló fundamentalmente entre la década de 1950 y la de 1960.

Se trata de películas de aventura épica ambientadas en la antigüedad clásica, muy
concretamente en la grecorromana. Algunas de las que voy a incluir a continuación -conocidas popularmente como cine de romanos- se alejan un tanto de lo designado en general como peplum, pero me parece importante hablar de ellas.

Julio César, de 1953, es una adaptación en blanco y negro de la obra homónima de Shakespeare. El filme está dirigido por el célebre Joseph Mankiewicz; Marlon Brando y Deborah Kerr son algunos de los más importantes actores del ya de por sí relevante reparto.

La túnica sagrada y Demetrio y los gladiadores son dos películas del mismo director que la anterior que resultan por completo inseparables. Una de ellas es casi una continuación de la otra, siendo el nexo la túnica de Jesucristo.

Espartaco, película del 1960, es hoy un verdadero mito del cine de este período. Protagonizada por Kirk Douglas y dirigida por Stanley Kubrick, narra la historia del esclavo rebelde. Hoy día está disponible en una edición DVD en dos discos de bastante interés.

En Cleopatra, 1963, Elizabeth Taylor encarna a la célebre mujer en esta larga película dirigida por el ya mentado Mankiewicz. De recomendable visionado.

La Caída del Imperio Romano destaca en el 1964, dirigida por Anthony Mann. En ella se desarrollan hechos del reinado de Marco Aurelio y algunos momentos posteriores, en relación a su hija Lucila y a su hijo Cómodo. Transcurre en el 180 d.C.

A partir de estos momentos, en la década de los setenta, las producciones acerca del Imperio Romano son muy escasas y a pequeña escala. Destaca Antonio y Cleopatra, en 1972, de Charlon Heston (basada en la obra de Shakespeare) y, desde luego, Satyricon (1970), un curioso filme de Federico Fellini basado en la novela de Petronio (que incluye diversas partes marcadamente propias de Fellini, pero bastante fiel a la misma, considerando los fragmentos que nos han llegado de este texto).

Durante los siguientes años el peplum romano entendido como una superproducción a grandiosa escala parece desaparecer hasta que, tres décadas después, Ridley Scott dirige la película Gladiator, con Russel Crowe en el papel del general Máximo. Estrenado en e 2000, el filme es un éxito arrollador, calificado como el resurgir de esta clase de cine. ¿La resurrección? Eso parece, si tenemos en cuenta que en los últimos años han aparecido algunas películas vinculadas con estos temas, como la impresionante Alejandro (Oliver Stone, 2004) o La última legión (2007).

En materia de series destaca la coproducción de la HBO y de la BBC, la célebre Roma, ahora disponibles ya sus dos temporadas. Se sitúa en el final de la República, enmarcando los acontecimientos previos a la muerte de César, los posteriores y la subida al poder de Octavio Augusto. Asimismo, el análisis de la sociedad y de las costumbres -la falta de intensidad y viveza no es de reprochar- resulta muy interesante. Aprovecho para recomendársela.

(I) Marlon Brando como Marco Antonio en una escena de Julio César, 1953.
(II) Elizabeth Taylor en el papel de Cleopatra en la película homónima del 1963.
(III) Russel Crowe interpreta al general y gladiador Máximo en el filme Gladiator, 2000.
(IV) Linsday Duncan y Kerry Condon actúan como Servilia y Octavia, respectivamente, en la serie Roma (la escena se corresponde con un episodio de la primera temporada).

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