sábado, 31 de mayo de 2008

Marcial, el rey del epigrama

Cayo Valerio Marcial (pues éste era su nombre completo) no nació en el seno de una acomodada familia senatorial, sino que, a juzgar por los datos existentes, vio la luz por primera vez en la hispana ciudad de Bíbilis, cerca del 40 d.C. Sin embargo, apenas con veinticuatro años se desplazó a Roma, y lo cierto es que no le fue mal.

Marcial trabó conocimiento con algunos de los escritores más ilustres de su tiempo (baste mencionar a Plinio el Viejo, Juvenal o Quintiliano) y halagó en sus poemas a emperador como Tito Flavio Vespasiano o Domiciano, cuyo favor se ganó. ¡Llegó incluso a introducirse en el grupo social de los equites (la clase ecuestre)!

Hoy día conocemos a Marcial como uno de los mejores epigramistas de toda la historia. Un epigrama es un tipo de composición poética que apareció en la Grecia antigua -el término es de origen griego- que consiste en un breve texto que expresa un pensamiento completo. Muchas veces se incluyen temas satíricos o críticos.

Marcial publicó once libros de pícaros epigramas (casi 1.500 en total) en los que alabó de una manera casi empalagosa al emperador, censuró costumbres y prácticas de ciudadanos posiblemente inexistentes, reflejó lo cotidiano de una sociedad como la romana, todo ello con un hábil uso del sarcasmo, los dobles sentidos (que a veces resultan complicados de discernir para los habitantes de la Europa contemporánea), el sarcasmo, la sátira y la crítica social (que también encontramos en Juvenal).

Este autor publicó, además, el Libro de los espectáculos, en el que refiere los acontecimientos de los juegos ofrecidos por el dadivoso emperador, al que no deja de alabar. Por otra parte, tenemos otros dos tomos: el Libro de los Xenia y el de los Apophoreta (en ellos se recogen una serie de consejos acerca de regalos que se pueden entregar a los huéspedes o, también, durante una celebración como las Saturnales; el "catálogo" es amplio, desde unas buenas trufas hasta una estantería, sin olvidar los peines y los muchachos).

La frescura y la habitual ironía de la obra de este escritor aún hoy puede hacernos sonreír. Y es justo, a mi modo de ver, rendir homenaje a este autor, Marcial sobre cuya obra se cimenta la creación del epigrama moderno.

Algunos textos del escritor:

"No recitas ningún poema y pretendes, Mamerco, pasar por poeta.
Acepto tu pretensión con tal de que no te decidas a recitar".

"Me preguntas, Pontiliano, por qué no te envío mis versos.
Es sencillo: para que no me mandas tú los tuyos".

"Esos versos que recitas son míos,
pero si los recitas tan mal, comienzan a ser tuyos".

"Tu padre, Filomuso, te fijó una asignación mensual
de dos mil sestercios y día a día te la fue pagando,
mientras que la pobreza futura les pisaba los talones a tus excesos
y a tus vicios había que darles dinero diariamente.
Ahora ha muerto y te ha nombrado universal heredero.
Tu padre, Filomuso, te ha desheredado".

"Lo admito: ayer les regalaste un excelente
perfume a tus invitados, pero ni un filete.
Tiene su gracia oler bien y pasar hambre.
El que no cena y está perfumado, Fabricio,
ese a mí me parece de verdad un muerto".

"¿Por qué, cuando vas a recita, te pones una bufanda alrededor
del cuello? Mejor le sentaría a nuestros oídos".

"Te crees, Caliodoro, que eres bueno con los chistes
y que eres el único que tiene gracia a raudales.
Te cachondeas de todos, contra todos lanzas pullas;
y estás convencido de que puedes ser un invitado ameno.
Pero si yo dijera algo que no es bonito de verdad,
nadie por tu salud brindaría, Caliodoro".

"Das el pego, Febo, con tus pelos simulados con mejunjes
y tu asquerosa calva queda tapada con el cabello que te pintas.
Esa cabeza no necesitas que la trate un barbero:
la puede afeitar mucho mejor, Febo, una esponja".

"El famoso bebedor Frige no veía por un ojo,
Aulo, y en el otro tenía legañas.
El médico Heras le dijo: 'No bebas más:
si sigues con el vino no vas a ver nada'.
Frige, riéndose, le dijo al ojo: 'Adiós'.
Enseguida pide que le pongan copas triples
y sin parar. ¿Quieres saber el final?
Frige bebió vino y el ojo bebió veneno".

"He aquí que mi sexto libro se publica sin que tú estés ya
aquí, Rufo Camonio, mi amigo, y no espera que lo leas.
La maldita tierra de los capadocios, la que tú viste con la divinidad
en contra, le devuelve a tu padre las cenizas.
Derrama lágrimas, Bolonia, huérfana de tu amado Rufo,
y que resuene el lamento por toda la Emilia.
¡Ay, qué cariño filial, qué vida ha desaparecido tan corta!
Tú solías recitar de memoria mis chanzas,
tú, Rufo, solías guardar en tu interior mis bromas.
Acepta, junto con mi llanto, el breve poema de un amigo abatido
y considéralo el incienso de un ausente".

(I) Marco Valerio Marcial en un sencillo dibujo.
(II) El triunfo de Tito, de Lawrence Alma-Tadema.

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