lunes, 12 de mayo de 2008

Rómulo y Remo

Cuando hablamos de Rómulo y Remo, nos estamos refiriendo a los dos personajes estrella de la cultura romana, a dos verdaderos iconos de esta civilización cuyo nombre e imagen pervivieron durante siglos.

En el momento de iniciar la dudosa y posiblemente incompleta lista de reyes de Roma, incorporamos en primer lugar a Rómulo (seguido de Numa, Tuto Hostilio, Anco Marcio, Tarquino, Servio Tulio y Tarquino el Soberbio), identificado ya desde antiguo como el primero de los monarcas. Hasta qué punto la leyenda se convierte en realidad y la realidad en leyenda, no es algo en exceso claro, mas las posibilidades de que este primer soberano fuese llamado Rómulo no son tan escasas como podría parecer, aunque los datos fiables y claros sobre su biografía brillan por su ausencia.

Ya pues, como habrán imaginado hasta el momento los lectores, me referiré exclusivamente a los personajes míticos protagonistas de esta leyenda: Rómulo y Remo.


La pregunta que cabría plantearse en primerísimo lugar se referiría al lugar del que surgen estos dos personajes. Su historia, como acontece con todos los héroes míticos romanos, se remonta muy atrás en el tiempo, al menos según lo que nos cuenta el poeta Virgilio.


Publio Virgilio Marón fue uno de lo más grandes escritores de su tiempo, nacido en el 70 a.C. en una humilde familia campesina. Gran estudioso, conquistó un puesto en la corte del emperador Augusto y pertenece a la gloriosa época de Horacio y Catulo. Además de las "Geórgicas" y las "Églogas", redactó una extensa epopeya de tema troyano, la "Eneida", de muy recomendable lectura. En ella figuran las aventuras de un troyano llamado Eneas que se halla vinculado con la casa real y que, tras la caída de Ilión, huye junto a un grupo de fieles seguidores. Tras un periplo por el Mediterráneo (con una parada en Cartago y una bella historia de amor vivida junto a la reina Dido) llega a la zona de la Península Itálica. De la ciudad fundada por su hijo, Alba Longa procederá todo un linaje que se perpetuará de un modo mítico en el tiempo hasta llegar a dos hermanos: Numitor y Amulio.


Numitor es quien, por derecho, ha de sentarse en el trono. Mas, como sucede tanto en las leyendas como en la realidad, su hermano (su pérfido, malvado y muy criticado hermano), Amulio decide usurpar el poder del querido Numitor, asesinándolo. Y es entonces cuando se halla ante un nuevo problema: Numitor tiene una hija, Rea Silva, que, en caso de dar a luz al niño, estaría trayendo al mundo a un nuevo heredero. Amulio, consumido por la angustia, toma una decisión. El rey convierte a la joven en una vestal, un tipo de sacerdotisas que han de permanecer siempre vírgenes. La razón por la que lleva a cabo tal acción es evidente. Sin embargo, hallándose la muchacha en un bosque consagrado, no tarda en llamar la atención del dios Marte. ¿Y qué divinidad se niega aquello que desea? Con su consentimiento o no, Rea Silva y Marte se unen. Amulio monta en cólera nueve meses después, cuando la joven da a luz a un par de gemelos. La versión más extendida nos cuenta que hace enterrar viva a Rea Silva, castigo para las vestales impuras (lo que no deja de ser extraño, teniendo en cuenta el hecho de que esta determinada pena no se instaura hasta varios siglos después); en una segunda variante, se explica que la chica consigue escapar y ocultarse.


El colérico, cruel y ambicioso Amulio se ve otra vez sobrepasado por las circunstancias y ordena a uno de sus criados que lleve a los niños al bosque y le de muerte. El hombre no tiene corazón para llevar a cabo tal acción y los abandona en el Tíber, según la versión más idealizada, en un pequeño canastillo. Los dos bebés parecen condenados a una muerte segura, pero, afortunadamente, son hallados por una loba, que los amamanta. Esta idílica versión es discutida por algunos historiadores que relacionan el término lupa con el hecho de que esta misma palabra designase a las mujeres que vendían sus cuerpos, tratando de hacer más realista la historia mítica. Esto mismo es ya insinuado por algún escritor romano. Posteriormente, son recogidos por una pareja de pastores, cuyos nombres quedarían para la posteridad: Acca Laurentia y Fáustulo.

De un modo u otro, hay un amplio paréntesis en la infancia y juventud de Rómulo y Remo, que termina en cuanto éstos, se supone que ya con una cierta edad, se enteran, por un medio desconocido, de toda la historia en relación a su pasado. Acuden a Alba Longa y terminan con la vida de Amulio, decidiéndose luego a fundar una nueva ciudad. Los habitantes de la misma no son precisamente la élite de la sociedad, sino que se trata de una heterogénea masa de hombres, algunos de los cuales de muy dudosa reputación.

Rómulo y Remo se disputan el derecho a quedase con el trono y a elegir la zona donde erigir la ciudad. Y deciden resolver sus diferencias haciendo uso de un augurio. Cada uno de ellos toma asiento en una de las célebres colinas de Roma y comienza a contar los buitres (ave sagrada) que ve pasar en un determinado período de tiempo. Rómulo resulta vencedor, lo cual no agrada a Remo. Éste contempla como su hermano traza un surco con un arado para señalar la zona de las murallas y, quizá deseoso de molestarlo, quizá envidioso, lo salta burlándose del muro. Rómulo, muy enfadado, lo mata de una pedrada en la sien, advirtiendo que lo mismo sucederá a quien trate de traspasar de nuevo las murallas. Así, el primer rey edificará la ciudad tan amada sobre la sangre de su propio hermano. Paradójico, si tenemos en cuenta la persistencia de los valores familiares en la sociedad y cultura romana.