miércoles, 18 de junio de 2008

Petronio y el Satiricón

De la vida de Petronio (Gayo Petronio, aunque el praenomen es a menudo discutido por algunos eruditos, que proponen el de Tito) nos han llegado muy pocos datos. Las fuentes indican que vivió en el Alto Imperio, durante el reinado de Nerón. Ocupó un cargo de importancia en la corte, y su supuesta elegancia y gusto trascendió en la historia, puesto que se le designaba como arbiter elegantiae. Algunos historiadores proponen la tesis de que el Petronio que ocupaba el puesto de procónsul en Bitinia era el mismo que el organizador de abundantes espectáculos en el palacio de Nerón (el número de los cuales, según los biógrafos del mismo, era muy considerable), aunque otros afirman que no tienen nada que ver.

Independientemente de todo esto, Petronio ha pasado a la historia a causa de una obra que se puede calificar tranquilamente de novela: el
Satiricón. Su valor es grande por muchos motivos. En primer lugar, se trata de la antecesora de la novela picaresca europea y, por otra parte, además de la parte escrita en prosa, contiene pequeños poemas. Se considera un reflejo (naturalmente exagerado y satírico) de diversos aspectos de la sociedad romana. Por supuesto, no de la Roma de oro y mármol o de los desfiles triunfales de generales victoriosos, sino de personajes de baja estofa y poca consideración social y lugares de las ciudades completamente de acorde con estos sujetos. Pese al indudable buen latín de Petronio incluye abundantes vulgarismos (que, desde luego, pone en boca de sus personajes), lo que enriquece nuestro conocimiento del latín que no encontramos, por ejemplo, en los Comentarios de César.

Desgraciadamente, del
Satiricón no nos han llegado más que fragmentos. Esto provoca que las distintas partes del argumento no cohesionen demasiado bien y resulte difícil para el lector aproximarse a la obra como si se tratase de una novela completa. Es necesario recurrir a la lectura detallada de párrafos y a la elucubración a partir de datos prácticamente inexistentes, para conseguir describir la trayectoria de los personajes o los sucesos acaecidos de un momento a otro, cuando existe un vacío entre ambos tiempos.

Se trata (como sucede también en otra novela de indudable interés, El asno de oro, de Apuleyo) de una obra narrada en primera persona por uno de los protagonistas, Encolpio. De éste no conocemos el origen ni la vida previa al momento en el que se inicia la parte de la novela que aún se conserva, aunque los estudiosos hacen todo tipo de suposiciones. Inicialmente, encontramos a este sujeto ocupado en la atenta escucha de un filósofo o poeta, tras lo que regresa a su hogar (un sórdido piso alquilado en una insula), no sin antes perderse por las calles de la ciudad. Llegado a la casa, se encuentra con Gitón -de modo que conocemos a otro de los caracteres clave-, el cual aparece como un adolescente al que Encolpio denomina frater (que aquí debería de traducirse por compañero, no por hermano). Este chico es esclavo (y amante) de Encolpio y de su amigo, Ascilto. Esto dará lugar a innumerables quejas, conflictos y enfados, todos ellos a raíz del joven Gitón. Después de un par de noches locas en casa de una mujer que se empeña en invitar a los tres personajes a sus orgías, el grupo se dirige a la casa del liberto Trimalción, que ofrecerá un fastuoso banquete. Trimalción aparece como el tópico de nuevo rico desprovisto de elegancia o cultura que trata de hacer ostentación de su nueva posición económica y cayendo en la chabacanería y el exceso. El festín, aún así, es memorable. Se trata del pasaje más extenso conservado del Satiricón y a lo largo de él sucede de todo. Los platos servidos son muy imaginativos (desde un cerdo de cuyo vientre surgen tórtolas que vuelan hasta una bandeja con los doce signos del zodíaco y diversos productos vinculados con cada uno); abundantes conversaciones y espectáculos se suceden durante la velada, que culmina con un baño en las termas, tras lo cual Encolpio regresa a casa con Gitón y se entrega al amor, descubriendo al chico en el lecho de Ascilto al amanecer. Este hecho provoca una ruptura definitiva entre los dos amigos, que decididos a "repartirse" el muchacho, terminan por preguntar a éste con quien desea quedarse. Para dolor de Encolpio, Gitón elige a Ascilto. El narrador, después de serle arrebatada la espada con la que pensaba suicidarse por un soldado, se encuentra con el poeta Eumolpo, con el cual habla largamente. Posteriormente, hallándose en las termas, ve de nuevo a Gitón, el cual acude lloroso a él y le dice que ya no quiere estar con Ascilto, sino que desea volver con él. Encolpio, aún sabiendo que es ilegal llevarse consigo una propiedad ajena, esconde al chico en su habitación. A punto están de ser denunciados por Eumolpo cuando Ascilto se lanza a la búsqueda del esclavo perdido, mas el poeta, finalmente, termina por ayudarlos a embarcarse. La mala fortuna quiere que en el mismo barco viaje Ascilto. Encolpio decide que es necesario para ellos huir y, por este motivo, él y Gitón se rapan cráneo y cejas (de esta manera se hacen pasar por esclavos fugitivos), mas no consiguen eludir la vigilancia del capitán de la nave. Deciden quedarse y pasan el tiempo en compañía de una mujer llamada Trifena. Pronto sobreviene la desgracia: una tempestad hace naufragar el barco. Gitón y Encolpio, resignados ya a morir, se salvan y llegan a costa. En los capítulos siguientes, de un modo muy fragmentario, se narra la ofensa infringida por Encolpio a cierta divinidad, su intento de hacerse perdonar y su relación con cierta muchacha. Al tiempo, fallece Eumolpo y, de esta manera, se llega ya al final de la obra.

Narración evidentemente ficticia, contiene pasajes de gran interés. Sobrevive hoy días fragmentada. Se calcula que, tras los tiempos romanos, su primera edición tiene lugar en el siglo XVII.

Henry Sienkiewicz en su novela ideológica Quo vadis? (¿Adónde vas?, en latín), introduce algunos personajes reales, entre ellos a Petronio, del cual describe con especial interés el momento en el que recibe la noticia de su condena a muerte y se suicida tras redactar una satírica carta al César. A lo largo de toda la novela aparecen referencias al carácter de Petronio y a la redacción y publicación de su novela, como, por ejemplo:

"-Es un regalo para ti -dijo [Petronio].
-Gracias -respondió Vinicio, que miró el título y preguntó-: ¿El Satiricón? Es nuevo. ¿De quién es?
-Mío [...].
-Me decías que no escribías versos [...] y veo que la prosa está sembrada de ellos.
-Al leerlo, ve despacio cuando llegues al banquete de Trimalción [...]".

"[Puesto en boca de Petronio] ¡Qué titiriteros, qué plebe inmunda, sin gusto ni lustre! Diez árbitros de la elegancia no conseguirían hacer de esos Trimalciones gentes presentables".

Referencias al texto del autor se repiten de esta manera a lo largo de todas las páginas.

El Satiricón ha servido de inspiración al excéntrico director italiano Federico Fellini para rodar la película que, a la sazón, titula Fellini Satyricon. Se trata, y esto debe tenerse muy en cuenta, de su propia interpretación (cambias sucesos de sitio, suprime algunos y añade de otros de su cosecha), con una cierta fidelidad al texto y una recreación de Roma indefinible, extraña, muchos elementos producto de su imaginación y elucubraciones.

(I) Escena del Satyricon (Federico Fellini, 1969), con Martin Potter en el papel de Encolpio y Hiram Keller en el de Ascilto.
(II) Retrato de Henry Sienkiewicz, autor de la novela Quo vadis?

2 comentarios:

Silvia dijo...

Hola, muy lindo tu blog, lo conoci recien por medio del enlace del de Alberto Gamarra.

Es muy interesante el contenido, Felicitaciones.

Me agrado mucho la descripcion sobre "Petronio y el Satiricon", nunca lo he podido leer aunque si he visto la pelicula asi que encontrar tu relato aqui fue muy agradable.

Una obra que lei en una oportunidad que me agrado mucho fue Asinaria,de Plauto,una gran comedia.

estos relatos ayudan a comprender y conocer aspectos de la vida de esta gran civilizacion Romana, Una sociedad tan controvertida y cargada de aristas que la hacen maravillosa!. Seguramente abarcaras temas sobre los matices de la sociedad en el sitio,Asi que como lectora y amante de esta civilizacion el placer esta asegurado.

Un saludo para ti!

M@riel dijo...

Hola, Silvia:

Ante todo, muchísimas gracias por tu visita y tu halagador comentario. Me alegra que te rsulten interesantes los textos clásicos. Me cuentas que te ha gustado la comedia "Asinaria", de Plauto. Siendo así, te recomiendo, por si todavía no las has leído, todas las demás del autor. En materia de cine, en el 1966 se rodó una curiosa comedia basada en un musical que incorpora algunos elementos característicos de las comedias de Plauto (se titula "Golfus de Roma" y no deja de ser curiosa).
Muy afectuosos saludos.