martes, 1 de julio de 2008

Luciano de Samósata: Diálogos de los muertos

Prosiguiendo con el tema del artículo anterior, les dejo un breve esbozo de los Diálogos de los muertos, de igual o mayor interés que los Diálogos de los dioses. En ellos el autor deja constancia de sus ideas filosóficas y, en la mayor parte de las ocasiones, sus textos se hallan colmados de útiles enseñanzas.

I: El filósofo Diógenes Laercio encarga al semidiós Pólux que, cuando regrese a la Tierra del Inframundo, dirija unas palabras a algunos de sus amigos.
II: Creso se queja a Plutón de que Menipo se ría de él (también de Anápalo y Midas) por llorar extrañando las riquezas terrenas.
III: Menipo discute con Anfíloco y Trofonio acerca de que éstos sean venerados como oráculos por los mortales.
IV: Heremes pide cuentas a Caronte por los favores y encargos cumplidos.
V: Plutón ordena a Hermes que proteja de la muerte al rico y anciano Eucrates y que sean sus aduladorres quienes perezcan antes que él.
VI: Terpsión, uno de los aduladores de Eucrates, se queja a Plutón por haber fallecido antes que aquel cuyas riquezas ansiaba conseguir.
VII: Cenofanto y Calidémides, aduladores muertos de Eucrates, conversan acerca de lo estúpido y casual de sus muertes.
VIII: Cnemón explica a Damnipo lo desgraciado que se siente por haber dejado sin herencia a su familia a causa de haber hecho testamento en favor del viejo y rico Hermolao sin prever su propia y repentina muerte.
IX: Polístrato, muerto rico y anciano, describe lo hermoso de sus últimos años.
X: Caronte y Hermes obligan a los difuntos a despojarse de todo lo terreno para no sobrecargar la barca que los llevará por el río Éstige.


XI: Crates y Diógenes conversan acerca de lo sucedido a dos viejos avariciosos y aduladores, ensalzando a continuación su propia falta de amor por las riquezas terrenas.
XII: Escipión, Aníbal y Alejandro Magno discuten ante Minos por su derecho a ser juzgados en primer lugar en función de su gloria terrena.
XIII: Diógenes y Alejandro conversan, extrañando éste último los bienes terrenos y recomendándole Diógenes que beba de las aguas del Leteo, que proporcionan el olvido.
XIV: Alejandro y su padre Filipo discuten sobre las glorias terrenas del primero, ahora ya perdidas.
XV: Aquiles y Antíloco, hijo de Néstor, debaten sobre lo inútil de las glorias terrenas una vez llega la muerte.
XVI: Heracles explica a Diógenes la manera en que su parte inmortal (es hijo de Zeus y la reina Alcmena, esposa de Anfitrión) se halla junto a los dioses y su parte mortal, en el Hades.
XVII: Tántalo describe a Menipo su suplicio de eterna sed.
XVIII: Menipo y Hermes contemplan los esqueletos de los más hermosos personajes mortales (Jacinto, Narciso, Leda, Helena,...) y reflexionan acerca de lo efímero de la belleza humana.
XIX: Protesilao, el primer guerreo fallecido en la ofensiva aquea a Troya, culpa a diversos personajes de su suerte: Helena, Paris, Menelao,...
XX: Menipo y Éaco conversan con los filósofos Pitágoras, Empédocles y Sócrates; en la charla hay lugar para una pequeña burla hacia las personalidades de los personajes.
XXI: Menipo pide a Cerbero que compare su muerte con la de Sócrates, quedando en mejor lugar.
XXII: Caronte y Menipo discuten porque el últilo no puede pagarle el óbolo requerido ya que nada posee.
XXIII: Protesilao suplica a Plutón y a Perséfone que le permitan regresar a la Tierra para ver a su esposa.
XXIV: Diógenes explica a Mausolo que sus riquezas, poder y belleza terrenos no tienen valor en el Hades.
XXV: Tersites, el hombre más feo de los que acudieron a Troya, y Nireo, el más hermoso, preguntan a Menipo quién es el más bello, respondiendo éste que la muerte a todos iguala.
XXVI: Quirón explica a Menipo por qué, pese a ser un dios inmortal, ha preferido morir.
XXVII: Crates describe a Diógenes lo visto al bajar al Hades y su conversación con un hombre pobre.
XXVIII: Menipo pregunta a Tiresias por su historia y su experiencia como mujer durante siete años, y hombre después.
XXIX: Agamenón reprocha a Áyax el acusar a Odiseo de su repentina locura.
XXX: Minos dicta castigo para diversos malhechores; uno de ellos, Sóstrato, le reprocha su supuesta injusticia.

(I) La barca de Caronte, de Olexandr Lytovchenko
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1 comentario:

Isabel Romana dijo...

Recuerdo haber traducido a Luicano de Samósata en la facultad, hace un millón de años. Me trae buenos recuerdos. Ahora sería incapaz de traducir ni una sola frase... Besitos.