miércoles, 13 de agosto de 2008

La sátira romana: Horacio

De nombre Quinto Horacio Flaco, este importante satírico no tuvo una cuna excesivamente distinguida, ya que era hijo de un liberto. Vio la luz en la ciudad italiana actualmente conocida como Venosa en invierno del 65 a.C. y está considerado como uno de los mejores escritores de la antigua Roma.

Tuvo una formación cuidada. Estudió no solo en Roma, sino que también en la ciudad de Atenas. Podemos suponer que leyó textos anteriores, tanto griegos como romanos, hecho que queda evidenciado en las influencias presentes en su obra (Lucilio, Píndaro,...). El primero de los mencionados tuvo una gran importancia para Horacio en lo concerniente a las sátiras.

Se posicionó en el bando contrario a Cayo Julio César tras el asesinato del mismo y fue nombrado tribuno militar. Luchó de esta manera contra los fieles al dictador y, culminado e conflicto bélico, tuvo la oportunidad de alcanzar una plaza como secretario en el palacio de Augusto, que rechazó al momento, siendo su verdadera vocación escribir.

Horacio se movió en unos círculos culturalmente ricos y prósperos, relacionándose con importantes personajes como Publio Virgilio Marón, el cual valoraba sus poemas y lo presentó a su vez a otros grandes hombres.

La importancia de la obra satírica de Horacio en la historia de la sátira latina resulta innegable. Escribió dos grandes libros, en los que integra diversos poemas sobre distintos temas. Trata de mostrar su punto de vista y de censurar y suscitar la hilaridad del lector acerca de los múltiples vicios, defectos y estupideces de la sociedad en la que vive. Escribe en hexámetros.

Por otra parte, Horacio se ocupó también de otros cuatro géneros: la elegía, el épodo y la epístola. Publicó diversas obras pertenecientes a ellos; hay que destacar que, además de en la sátira, utilizó el hexámetro en otras piezas. En obras como las epístolas expuso puntos de vista filosóficos, a favor o en contra de diversas doctrinas, con referencias, por ejemplo, al epicureísmo o al estoicismo.

Algunos textos pertenecientes a las sátiras de Horacio:

"Mecenas, ¿por qué sucede que nadie vive contento con la condición de vida que o bien se ha elegido él mismo con deliberado propósito o bien le ha puesto delante la fortuna, sino que juzga más felices a los que van por otro camino? 'Afortunados los comerciantes', dice el soldado cargado de años y gastados ya sus miembros por muchas fatigas. El comerciante, a su vez, sobre su barca zarandeada por los vientos del sur: 'Es preferible ser militar. ¿Por qué no? Se entra en combate y en una hora escasa, viene o una pronta muerte o una victoria fructuosa'. El hombre experto en derecho y leyes elogia al labrador, cuando a la hora de cantar el gallo, llama el cliente a su puerta; el agricultor que, por no haber dado cauciones, se ve obligado a dejar su campo para dirigirse a la ciudad, proclama felices a los que viven en la urbe" [Sátira I del libro I].

"Opimio, pobre con las arca llenas de oro y plata que tenía guardado, que solía beber todos los días de fiesta vino de Veyes [clase de vino de muy mala calidad] y los días de hacienda un vino picado, un día cayó en un letargo profundo, de forma que su heredero ya corría gozoso y triunfante en busca de llaves y cofres. Un médico muy avisado y fiel consiguió reanimarlo de esta forma: manda colocar una mesa y echar sobre ella sacos de dinero y que se acerquen muchos para contarlo. Así reanima a nuestro hombre, añadiéndole estas palabras: 'Si no guardas lo tuyo, te lo lleva el ávido heredero'. '¿Viviendo yo?' 'Para vivir, pues, estate alerta. ¡Ten mucho cuidado!' '¿Qué quieres que haga?' 'Tu pulso se apaga, como no des aliento y consistencia segura a tu estómago que amenaza ruina. ¿Dudas? ¡Vamos, toma esta tisana de arroz!' '¿Cuánto ha costado?' 'Poca cosa'. '¿Pero cuánto en concreto' '¡Ocho ases!' 'Ay, ¿qué importa morir de enfermedad o de robos y rapiñas" [Sátira III del libro I].

"¿Quién es, pues, libre? El sabio, que es dueño de sí mismo, quien no atemoriza ni la pobreza, ni la muerte, ni las cadenas, que siendo fuerte sabe luchar contra las pasiones, despreciar lo honores, que todo lo tiene en sí mismo, para que nada exterior pueda fijarse en él, y contra quien la Fortuna se siente sin fuerzas. ¿Puedes reconocer como propia alguna de estas características?" [Sátira VII del libro II].

(I) Quinto Horacio Flaco en un dibujo de Anton von Werner.

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