martes, 16 de septiembre de 2008

La revuelta de Espartaco, según Plutarco

En el hilo de un artículo publicado hace unos días, El asesinato de César, según Plutarco, incluyo hoy en el blog un fragmento de otra de las Vidas Paralelas, la de Marco Licinio Craso.

A modo de pequeño apunte biográfico, comentar que nació en 115 a.C. y murió en el 53 a.C., por lo que vivió parte de los convulsos acontecimientos del final de la República. De hecho, durante la guerra civil entre Cornelio Sila y Cayo Mario se posicionó a favor del primero, saliendo bastante beneficiado tras las proscripciones. Patricio célebre por su tremenda riqueza que alcanzó el título de cónsul por primera vez en el 70 a.C., se unió a Cneo Pompeyo Magno y a Cayo Julio César en el Primer Triunvirato, falleciedo finalmente en Partia durante sus campañas, en las que llegó incluso a la tierra de Israel.

De su vida narrado por Plutarco extraigo hoy el fragmento referido a la Revuelta de Espartaco (también denominada III Guerra Servil, por venir precedida de un par de revueltas en la conquistada Sicilia). De lo poco escrito en la antigüedad con relación al acontecimiento, se trata de un relato rico en detalles y, como ya viene a ser habitual, también en matices psicológicos. Pese a los siempre cuestionables elementos -que no podemos verificar a veces por falta de datos-, es uno de los textos que narran con mayor prodigalidad la Revuelta del esclavo tracio, lo que resulta en definitiva un hecho de gran valor.

"La sedición de los gladiadores y la devastación de la Italia, a la que muchos dan el nombre de guerra de Espartaco, tuvo entonces origen con el motivo siguiente: un cierto Léntulo Baciato mantenía en Capua gladiadores, de los cuales muchos eran Galos y Tracios; y como para el objeto de combatir, no porque hubiesen hecho nada malo, sino por pura injusticia de su dueño, se les tuviese en un encierro, se confabularon hasta unos doscientos para fugarse; hubo quien los denunciara, mas, con todo, los que llegaron a adivinarlo y pudieron anticiparse, que eran hasta setenta y ocho, tomando en una cocina cuchillos y asadores, lograron escaparse. Casualmente en el camino encontraron unos carros que conduelan a otra ciudad armas de las que son propias de los gladiadores; robáronlas, y ya mejor armados tomaron un sitio naturalmente fuerte y eligieron tres caudillos, de los cuales era el primero Espartaco, natural de un pueblo nómada de Tracia, pero no sólo de gran talento y extraordinarias fuerzas, sino aun en el juicio y en la dulzura muy superior a su suerte, y más propiamente Griego que de semejante nación. Se cuenta que cuando fue la primera vez traído a Roma para ponerle en venta, estando en una ocasión dormido se halló que un dragón se le había enroscado en el rostro, y su mujer, que era de su misma gente, dada a los agüeros e iniciada en los misterios orgiásticos de Baco, manifestó que aquello era señal para él de un poder grande y terrible que había de venir a un término feliz. Hallábase también entonces en su compañía y huyó con él.

La primera ventaja que alcanzaron fue rechazar a los que contra ellos salieron de Capua; y tomándoles gran copia de armas de guerra, hicieron cambio con extraordinario placer, arrojando las otras armas bárbaras y afrentosas de los gladiadores. Vino después de Roma en su persecución el pretor Clodio con tres mil hombres, y cercándolos en un monte que no tenía sino una sola subida muy agria y difícil, estableció en ella las convenientes defensas. Por todas las demás partes, el sitio no tenía más que rocas cortadas y grandes despeñaderos; pero como en la cima hubiese parrales nacidos espontáneamente, cortaron los que se hallaban cercados los sarmientos más fuertes y robustos, y formando con ellos escalas consistentes y de grande extensión, tanto que suspendidas por arriba de las puntas de las rocas tocaban por el otro extremo en el suelo, bajaron por ellas todos con seguridad, a excepción de uno sólo, que fue preciso se quedara, a causa de las armas. Mas éste las descolgó luego que los otros bajaron, y después también él se puso en salvo. De nada de esto tuvieron ni el menor indicio los Romanos, y al hallarse tan repentinamente envueltos, sobresaltados con este incidente, dieron a huir, y aquellos les tomaron el campamento. Reuniéronseles allí muchos vaqueros y otros pastores de aquella comarca, gentes de expeditas manos y de ligeros pies; así, armaron a unos, y a otros los destinaron a comunicar avisos o a las tropas ligeras. El segundo pretor enviado contra ellos fue Publia Varino, y en primer lugar derrotaron a su legado Turio, que los acometió con dos mil hombres que mandaba. Después, habiendo Espartaco sorprendido, bañándose junto a Salenas, al consultor y colega de aquel, Cosinio, enviado con más fuerzas, estuvo en muy poco que no le echase mano. Huyó al fin, aunque no sin gran dificultad y peligro; pero Espartaco le tomó el bagaje, y persiguiéndole sin reposo, causándole gran pérdida, se hizo dueño también del campamento; cayó, por último, en aquella refriega el mismo Cosinio. Venció igualmente al pretor en persona en diferentes encuentros, y habiéndose apoderado de sus lictores y de su propio caballo, adquirió gran fama y se hizo temible. Con todo, echó, como hombre prudente, sus cuentas, y conociendo serle imposible superar todo el poder de Roma, condujo su ejército a los Alpes, pareciéndole que debían ponerse al otro lado y encaminarse todos a sus casas, unos a la Tracia y otros a la Galia; mas ellos, fuertes con el número y llenos de arrogancia, no le dieron oídos, sino que se entregaron a talar la Italia. En este estado, no fue sólo la humillación y la vergüenza de aquella rebelión la que irritó al Senado, sino que, por temor y por consideración al peligro, como a una de las guerras más arriesgadas y difíciles, hizo salir a aquella a los dos cónsules. De éstos, Gelio cayó repentinamente sobre las gentes de Germania, que por orgullo y soberbia se habían separado de las de Espartaco, y las deshizo y desbarató del todo. Propúsose Léntulo envolver a Espartaco con grandes divisiones; pero él se decidió a hacerle frente, y, dándole batalla, venció a sus legados y se apoderó de todo el bagaje. Retirado a los Alpes, fue en su busca Casio, pretor de la Galia Cispadana, con diez mil hombres que tenía; pero trabada batalla, fue igualmente vencido, perdiendo mucha gente, y salvándose él mismo con gran dificultad.

Cuando el Senado lo supo, mandó con enfado a los cónsules que nada emprendiesen, y se nombró a Craso general para aquella guerra, al cual, por amistad y por su grande opinión, acudieron muchos de los jóvenes más principales para militar bajo sus órdenes. Entendió Craso que debía situarse en la región Picena y esperar a Espartaco, que por allí había de pasar; pero envió para observarlo a su legado Mumio con dos legiones, dándole orden de que, puesto a su espalda, siguiera a los enemigos, sin que de ningún modo viniera a las manos con ellos, ni aun hiciera la guerra de avanzadas; pero él apenas pudo concebir alguna esperanza cuando trabó combate y fue vencido, pereciendo muchos y habiéndose otros salvado arrojando las armas en la fuga. Craso recibió a Mumio con la mayor aspereza, y armando de nuevo a los soldados les hizo dar fianzas de que conservarían mejor aquellas armas. A quinientos, los primeros en huir y los más cobardes, los repartió en cincuenta décadas, de cada una de ellas hizo quitar la vida a uno, a quien cupo por suerte, restableciendo este castigo antiguo de los soldados, interrumpido tiempo había; el cual, además de ir acompañada de infamia, tiene no sé qué de terrible y de triste, por ejecutarse a la vista de todo el ejército. Después de dado este ejemplo de severidad, guió contra los enemigos; mas, en tanto, Espartaco se encaminaba por la Lucania hacia el mar, y encontrándose en el puerto con unos piratas de Cilicia, intentó pasar a Sicilia e introducir dos mil hombres en aquella isla, con lo que habría vuelto a encender en ella la guerra servil, poco antes apagada, y que con pequeño cebo hubiera tenido bastante. Convinieron con él los de Cilicia y recibieron algunas dádivas: pero al cabo lo engañaron, haciéndose sin él a la vela. Movió otra vez del mar, y sentó sus reales en la península de Regio; acudió al punto Craso, y hecho cargo de la naturaleza del sitio, que estaba indicando lo que había de hacerse, se propuso correr una muralla por el istmo, sacando con esto del ocio a los soldados y quitando la subsistencia al enemigo. La obra era grande y difícil, pero, contra toda esperanza, la acabó y completó en muy poco tiempo, abriendo de mar a mar, por medio del estrecho, un foso que tenía de largo trescientos estadios, y de ancho y profundo, quince pies; sobre el foso construyó un muro de maravillosa altura y espesor. Espartaco, al principio, no hacía caso, y aun se burlaba de estos trabajos; pero llegando a faltarle el botín y queriendo salir, echó de ver que estaba cercado, y como de aquella estrecha península nada pudiese recoger, aguardando a que viniera la noche de nieve y ventisca cegó una pequeña parte del foso con tierra, con leños y con ramaje, y por allí pudo pasar el tercio de su ejército.

Temió Craso no fuera que Espartaco concibiera el designio de marchar sobre Roma; mas luego se tranquilizó habiendo sabido que muchos le habían abandonado por discordias que con él tuvieron, y formando ejército aparte se habían acampado junto al lago Lucano, cuéntase de éste que por tiempos se muda, teniendo unas veces al agua dulce y otras salada, en términos de no poderse beber. Marchando Craso contra éstos, los retiró de la laguna, pero le impidió que los destrozase y persiguiese el haberse aparecido de pronto Espartaco con disposiciones de retirarse precipitadamente. Tenía escrito al Senado que era preciso hacer venir a Luculo de la Tracia, y a Pompeyo de la España; mas arrepentido entonces, se apresuró a concluir la guerra antes que aquellos llegasen, comprendiendo que la victoria se atribuiría al recién venido que había dado socorros. Resolvió, por tanto, acometer primero a los que se habían separado de Espartaco y que hacían campo aparte, siendo sus caudillos Gayo Canicio y Casto, y para ello envió a unos seis mil hombres con orden de que hicieran lo posible por tomar con el mayor recato cierta altura; pero, aunque ellos procuraron evitar que los sintiesen, enramando los morriones, al cabo fueron vistos de dos mujeres que estaban haciendo sacrificios por la prosperidad de los enemigos, y hubieran corrido gran peligro de no haber sobrevenido con la mayor celeridad Craso, y empeñado una de las más recias batallas, en la que, habiendo sido muertos doce mil y trescientos hombres, se halló que dos solos estaban heridos por la espalda, habiendo perecido los demás en sus mismos puestos, guardándolos y peleando con los Romanos. Retirábase Espartaco, después de la derrota de éstos, hacia los montes Petilinos; Quinto y Escrofa, legado el uno y cuestor el otro de Craso, le perseguían muy de cerca; mas volviendo contra ellos, fue grande la fuga de los Romanos, que con dificultad pudieron salvar, malherido, al cuestor. Este pequeño triunfo fue justamente el que perdió a Espartaco, porque inspiró osadía a sus fugitivos, los cuales ya se desdeñaban de batirse en retirada y no querían obedecer a los jefes, sino que, poniéndoles las armas al pecho cuando ya estaban en camino, los obligaron a volver atrás y a conducirlos por la Lucania contra los Romanos, obrando en esto muy a medida de los deseos de Craso, porque ya había noticias de que se acercaba Pompeyo, y no pocos hacían correr en los comicios la voz de que aquella victoria le estaba reservada, pues lo mismo sería llegar que dar una batalla y poner fin a aquella guerra. Dándose, por tanto, priesa a combatir y a situarse para ello al lado de los enemigos hizo abrir un foso, el que vinieron a asaltar los esclavos para pelear con los trabajadores; y como de una y otra parte acudiesen muchos a la defensa, viéndose Espartaco en tan preciso trance, puso en orden todo su ejército. Habiéndole traído el caballo, lo primero que hizo fue desenvainar la espada, y diciendo: “Si venciere, tendré muchos y hermosos caballos de los enemigos; mas si fuere vencido, no lo habré menester”, lo pasó con ella. Dirigióse en seguida contra el mismo Craso por entre muchas armas y heridas; y aunque no penetró hasta él, quitó la vida a dos centuriones que se opusieron a su paso. Finalmente, dando a huir los que consigo tenía, él permaneció inmóvil, y, cercado de muchos, se defendió, hasta que lo hicieron pedazos. Tuvo Craso de su parte a la fortuna: llenó todos los deberes de un buen general y no dejó de poner a riesgo su persona, y, sin embargo, aún sirvió esta victoria para aumentar las glorias de Pompeyo, porque los que de aquel huían dieron en las manos de éste y los deshizo. Así es que, escribiendo al Senado, le dijo que Craso, en batalla campal, había vencido a los fugitivos, pero él había arrancado la raíz de la guerra. A Pompeyo se le decretó un magnífico triunfo por la guerra de Sertorio y de la España; pero Craso, lo que es el triunfo solemne, ni siquiera se atrevió a pedirlo; mas ni aun el menos solemne, a que llaman ovación, parecía propio y digno por una guerra de esclavos" (Vidas paralelas; Vida de Craso, capítulos VIII-XI).

(I) Busto de Marco Licinio Craso.
(II) Escultura de Espartaco moribundo en los jardines de las Tullerías, en Francia.

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Pues nada, que tu blog parece muy interesante. Un beso y nos vemos pronto.

Anónimo dijo...

Muy interesante la historia de Espartaco, revindico a travez de su lucha el honor de los esclavos de Roma, sujetos a malos tratos y al deshinor constante por aquellos dias..

No esta relacionado con este post pero si con los anteriores, dejo 2 videos muy buenos con tinte de comedia o satira, son musicales.. Y si los conoces me podrias contar algo de los autores creo que son un grupo Español.
Un beso para ti.

http://www.youtube.com/watch?v=yyesJQ_a8is

http://www.youtube.com/watch?v=2QwT4Lt_DYQ

M@riel dijo...

todo, gracias a ambos por la visita. Y en lo referente al autor del segundo comentario, los vídeos que me has dejado pertenecen (según el título y lo que recuerdo) al ya mítico programa "Un, dos,tres", que ya existía hace décadas y que trató de volver a saltar a la parrilla televisiva hará dos o tres años. En las últimas ediciones, al menos, los concursantes leían un determinado libro y el concurso estaba dedicado esa semana al libro en cuestión, aunque las preguntas eran variopintas. Esta clase de números eran muy habituales, siempre en línea con el argumento. ¡Saludos!

Parqueeuropeo dijo...

Hola Mariel, me alegra que te sigas pasando por el Garito, aunque no sea un blog tan completo como el tuyo, muy chula la historia de Espataco por cierto, creo que no esta tan mal.
Pakito esta bien y si quieres hablar con el su correo creo que es pacoloro@gmail.com si esta mal ya te lo pasare bien cuendo lo sepa.
Ok
Un beso.

M@riel dijo...

Gracias por tu visita, Carlos, y por la dirección. Un abrazo (y no seas modesto, anda, que tu blog está muy bien).

Isabel Romana dijo...

Desde luego a Craso le escoció mucho que los laureles se los llevara Pompeyo. Una guerra dura. Espartaco ha quedado como símbolo de la lucha por la libertad. Y más desde que lo llevaron al cine. Un abrazo, querida amiga y feliz fin de semana.

M@riel dijo...

Debió de molestarle mucho, ciertamente... seguramente fue un golpe duro a su orgullo. Espartaco es una figura bastante curiosa porque, aunque no se sabe demasiado de su vida, ha inspirado novelas, películas e incluso a algún teórico político (¡esos espartaquistas del siglo XX!). Besos también para ti.

Francesc Sánchez (Cicero) dijo...

En cualquier caso la vida -totalmente desconocida- y las actuaciones que llevo a cabo Espartaco han sido totalmente desvirtuados por la historia y, especialmente por la visión "marxista" que de él hizo Howard Fast.
Espartaco no dejo de ser un esclavo que quiso huir de su condición -actuación absolutamente legitima- y que quiso disfrutar de los placeres de la vida romana, cuyos fundamentos nunca cuestionó. El héroe "romantico" que se ha hecho de él no se ajusta en absoluto a su propia realidad. Si el pudiera conocer lo que se ha dicho y escrito de él se quedaría absolutamente sorprendido.

M@riel dijo...

Y Hollywood no nos ha dado una visión precisamente distinta... Tanto Arthur Koestler como Howard Fast escribieron su peculiar historia de Espartaco en relación a sus ideas políticas y sociales, lo que se debe tener en cuenta al leer sus novelas. A mí siempre me ha parecido un tanto utópica la figura de un Espartaco completamente contrario al sistema e imbuído de unas ideas acerca de la libertad que no parecen acorde con su tiempo. Y aún menos probable parece que todos los que lo siguieron pretendiesen crear un estado en el que no existiese la esclavitud y todo viviesen en armonía. Un saludo cordial, Cicero.

Francesc Sánchez (Cicero) dijo...

Exactamente, la esclavitud en Roma, como en la mayoría de las antiguas civilizaciones y hasta el siglo XIX (y que decir de hoy en día)era algo consustancial a la propia estructura económica y política. El esclavo aspiraba a ser liberto, para a su vez tener esclavos, pero nunca se le ocurrió en abolirla. Ni el propio cristianismo lo cuestionó, simplemente ofrecía una vida mejor al desheredado, nada más.