miércoles, 22 de octubre de 2008

Despedirse de Roma

Leyendo esta tarde una magnífica antología de textos clásicos, me he topado con el fragmento de Ovidio que refiero a continuación, y que me gustaría entendiesen como una pequeña introducción antes del próximo artículo, protagonizado por este maravilloso escritor romano.

En este texto de sus Tristes, Ovidio describe su última noche en Roma y su partida de la urbe, en el momento de marchar al exilio en el Ponto decretado por el emperador Augusto. Espero aprecien la calidad de las tristes palabras de Ovidio y les guste como presentación de la extraordinaria obra de este autor.

"Cuando se me representa la imagen de aquella
tristísima noche que fue la última de mi permanencia
en Roma, cuando de nuevo recuerdo la noche en
que hube de abandonar tantas prendas queridas, aun
ahora mis ojos se deshacen en raudales de llanto. Ya
estaba a punto de amanecer el día en que César me
ordenaba traspasar las fronteras de Ausonia; ni la
disposición del espíritu ni el tiempo consentían los
preparativos del viaje, y un profundo estupor paralizaba
mis energías. No me cuidé de escoger los siervos,
los acompañantes, los vestidos y lo que
necesita quien parte al destierro; estaba tan atónito
como el hombre que, herido por el rayo de Jove,
vive y no se da cuenta de su vida. Así que el exceso
del dolor disipó las nubes que ofuscaban mi mente
y comencé a recobrar los sentidos, resuelto a partir,
dirijo las últimas palabras a mis inconsolables amigos,
que de muchos sólo me acompañaba alguno
que otro: mi esposa, mezclando su llanto con el
mío, me sujetaba en los tiernos brazos y anegaba en
ríos de lágrimas las inocentes mejillas. Mi hija, ausente
en la tierra lejana de Libia, no podía conocer
mi suerte fatal. Adondequiera que volvieses los ojos
no verías más que llantos y gemidos; todo presentaba
el cuadro de un luctuoso funeral. Mujeres, hombres
y niños me lloran como muerto, y no hay
rincón en la casa que no se vea anegado de lágrimas.
Si es lícito comparar los grandes sucesos con los
pequeños accidentes, tal era el aspecto de Troya en
el momento de su caída. Ya cesaban de oírse las
voces de los hombres y los ladridos de los perros, y
la luna regía en lo alto del cielo los nocturnos caballos;
yo, contemplándola, y distinguiendo a su luz el
Capitolio, cuya proximidad de nada aprovechó a
mis Lares, exclamé: 'Númenes habitadores de estas
mansiones vecinas, templos que ya nunca volverán
a ver mis ojos, dioses que abandono y que residís en
la noble ciudad de Quirmo, recibid para siempre mi
postrer salutación. Aunque embrazo tarde el escudo
después de recibir la herida, no obstante libertad ni
destierro del odio que me persigue, y decid al varón
celestial el error de que fui víctima, no vaya a juzgar
mi falta un odioso crimen. Lo que vosotros sabéis,
sépalo asimismo el autor de mi castigo; porque
aplacando a este dios, ya no puedo llamarme desdichado'.
Tal plegaria dirigí a los dioses; mi esposa
estuvo más insistente y entrecortaba con los sollozos
sus palabras. Postrada ante los Lares y los cabellos
en desorden, besó con sus trémulos labios los
fuegos extintos y elevó a los adversos Penates cien
súplicas que no habían de reportar ningún provecho
a su desventurado esposo. Ya la noche precipitando
los pasos me negaba toda dilación, y la Osa de Parrasio
había vuelto su carro. ¿Qué hacer? El dulce
amor de la patria me retenía, mas esta noche era la
última de mi estancia en Roma. ¡Ah!, ¡cuántas veces
viendo el apresuramiento de algún compañero le
dije '¿Por qué te apresuras? Piensa en el lugar que
abandonas y en aquel adonde corres precipitado'.
¡Cuántas veces, engañándome a mí mismo,
señalé otra hora más favorable a mi partida! Tres
veces pisé el umbral, y otras tantas volví los pasos
atrás, y mis tardíos pies revelaban la indecisión del
ánimo. Con frecuencia, después de las despedidas,
reanudaba de nuevo la conversación, y como si ya
me alejase, di los últimos besos, reiteré los mismos
mandatos y procuré engañarme contemplando las
prendas queridas de mi corazón. Por fin exclamé:
'¿A qué tal premura? La Escitia es adonde me destierran,
y tengo que abandonar a Roma; una y otra
justifican la demora. Vivo aún, me arrancan por
siempre de los brazos de mi esposa, de mi casa y de
los miembros fieles a la misma. ¡Oh dulces compañeros
a quienes amé con amor fraternal, oh corazones
unidos al mío con la fidelidad de Teseo!, os
estrecharé con efusión, ya que se me permite; pues
acaso no vuelva a hacerlo jamás: quiero lucrarme de
la hora que se me concede'. Llega el momento, dejo
sin concluir las palabras y abrazo a los seres queridos
del alma. Mientras que hablo y lloramos, el lucero
de la mañana, estrella funesta para mí,
resplandeció en el alto firmamento. Me separo con
esfuerzo como si me arrancasen los miembros y mi
cuerpo se rompiese en dos partes; de tal modo se
dolió Metio cuando los caballos vueltos en sentido
contrario le despedazaron en castigo de su traición.
Resuenan entonces los clamores y gemidos de todos
los míos y se golpean los pechos con violentas manos.
Entonces mi esposa, arrojándose a los hombros
del que partía, mezcló con sus lágrimas estas
tristes palabras:'No puedes separarte de mí; partiremos,
¡ah!, partiremos los dos juntos; te seguiré, y
mujer de un desterrado, me desterraré igualmente.
Tu camino se abre para mí, los últimos confines me
recibirán y no seré pesada carga en tu nave pronta a
zarpar. La cólera del César te ordena salir de la patria,
el amor que te profeso, sí, el amor será mi César'.


(I) Imponente imagen del Foro Romano.

13 comentarios:

El Arte del Arte dijo...

Hola M@riel:
Sinceramente me ha encnatado el texto... ponerse en la piel de Ovidio al abandonar su hogar ya de por sí piude ser impresioannte pero si además lo alimentamos con la explicación y la descripción que nos hace de la gente llorando ya es alucinate. Del texto me quedo con una frase... creo que a más de uno hoy por hoy la debería conocer y pensar en ella...
«¿Por qué te apresuras? Piensa en el lugar que
abandonas y en aquel adonde corres precipitado.»

Creo que gracias a blog como éste me volveré a aficionar fragmentos de los clasicos...
Te mando el mail que te he prometido contandote desde que punto de vista hemos analizado en clase la parte del Banquete y del Fedro de Platón (cuando se habal del concepto de belleza)
Mil besazos

M@riel dijo...

Hola, Gloria:

Si los textos sirven para que te vuelvas a aficionar a los clásicos, no sabes la alegría que me das. Me alegra sinceramente que te haya gustado; Ovidio es uno de mis favoritos, en sus múltiples facetas. De él te recomendaría las "Metamorfosis" (como veo que te gusta la mitología...), "Cartas desde el Ponto" y el "Ars Amatoria" (casi indisociable de "Remedios de amor"). Te agradeceré los apuntes. Un fuerte abrazo.

El Arte del Arte dijo...

Me apunto lo de la metamorfosis porque hace tiempo que me llama la atención... ahora viene mi pregunta... ¿Es difícil de entender? Te lo digo porque recurdo leerme la Eneida y las ediciones que tenia eran bastante complicadas por lo que hace a comprensión. Alguna recomendación de Editorial?

El llano Galvín dijo...

Qué maravilla!! La traducción es muy buena y la calidad del tecto indiscutible; muchas gracias por la selección.
Sólo había leído las Metamorfosis y el Arte de Amar, pero desde luego este tipo de composición es más afín a mi gusto literario.
Gracias por compartir estos textos, tu selección es muy buena y hacen despertar la necesidad de seguir leyendo a los clásicos.
Un beso!!

M@riel dijo...

Muchísimas gracias a ambos por vuestros comentarios.
En cuanto a las "Metamorfosis", no tienes de qué preocuparte. Es sencilla de entender, y aún más para ti teniendo en cuanta tus conocimientos de mitología. En cuanto a ediciones, me ha gustado la de Gredos, pero ahora Alianza Editorial tiene una colección -Clásicos de Grecia y Roma- en la que ha editado una amplia selección de textos clásicos, entre los que hay una edición de esta obra de Ovidio bastante económica y de buena calidad (el texto; la edición es de bolsillo, que tampoco es algo tan negativo...). Un abrazo.

Isabel Romana dijo...

También para mí resulta bellísimo este fragmento. De modo muy cercano y directo refleja el sentir de todos aquellos que eran condenados al destierro: la tremenda sensación de pérdida, la incredulidad, el despedirse de personas queridas, de lugares a los que quizá - como le ocurrió al propio Ovidio - no volverían a verse... Estos textos deben hacernos meditar acerca de lo que significa para cada ser humano esta experiencia. Un abrazo agradecido.

M@riel dijo...

Hola, Isabel:

Ante todo, quiero expresarte mi agradecimiento por esta visita y por tu elaborado comentario. Tienes razón, Ovidio perfila de un modo envidiable estos sentimientos. Besos.

Annula dijo...

Grande Ovidio... triste pero bello texto. Disculpa que yo no sea tan extensa... pero me apetecía dejar constancia de mi paso por aquí. Enhorabuena por tus magníficos blogs, jeje, ¡saludetes!

M@riel dijo...

Hola, Annula:

Nada tengo que perdonar; al contrario, debo darte las gracias por tu halagadora visita. Un abrazo.

Francesc Sánchez (Cicero) dijo...

Precioso fragmento de Ovidio, si triste es cualquier destierro más triste es abandonar la Ciudad Eterna. Sin conocer el texto que tan bellamente nos has transcrito, este es exactamente el sentimiento que me embarga cada vez que visito la ciudad de la cual estoy enamorado y de la cual soy hijo adoptivo y descendiente.

Y, gracias, por hacer que Gloria se enamoré de los clásicos... este es un buen premio.

M@riel dijo...

Hola, Francesc:
Realmente cuesta despedirse de Roma, aunque una buena manera de ahogar la tristeza al marcharse es pensar en futuro regreso, ¿no crees? Lástima que Ovidio no tuviese la oportunidad de volver. Un saludo.

Francesc Sánchez (Cicero) dijo...

En esto -y en muchas otras cosas- Augusto demostró no ser tan buen emperador. Su longevidad y la famosa "pax romana" lo han elevado a los altares, pero ......

Y tienes razón, cuando uno se va de Roma (haya lanzado o no la famosa monedita a la fontana de Trevi)está pensando ya en regresar.

M@riel dijo...

Hola, Francesc:
Todos los emperadores tuvieron su parte oscuro... santificar a Augusto no tiene ningún sentido por mucha "pax romana" o cambios legislativos...
Un saludo.