sábado, 31 de mayo de 2008

Marcial, el rey del epigrama

Cayo Valerio Marcial (pues éste era su nombre completo) no nació en el seno de una acomodada familia senatorial, sino que, a juzgar por los datos existentes, vio la luz por primera vez en la hispana ciudad de Bíbilis, cerca del 40 d.C. Sin embargo, apenas con veinticuatro años se desplazó a Roma, y lo cierto es que no le fue mal.

Marcial trabó conocimiento con algunos de los escritores más ilustres de su tiempo (baste mencionar a Plinio el Viejo, Juvenal o Quintiliano) y halagó en sus poemas a emperador como Tito Flavio Vespasiano o Domiciano, cuyo favor se ganó. ¡Llegó incluso a introducirse en el grupo social de los equites (la clase ecuestre)!

Hoy día conocemos a Marcial como uno de los mejores epigramistas de toda la historia. Un epigrama es un tipo de composición poética que apareció en la Grecia antigua -el término es de origen griego- que consiste en un breve texto que expresa un pensamiento completo. Muchas veces se incluyen temas satíricos o críticos.

Marcial publicó once libros de pícaros epigramas (casi 1.500 en total) en los que alabó de una manera casi empalagosa al emperador, censuró costumbres y prácticas de ciudadanos posiblemente inexistentes, reflejó lo cotidiano de una sociedad como la romana, todo ello con un hábil uso del sarcasmo, los dobles sentidos (que a veces resultan complicados de discernir para los habitantes de la Europa contemporánea), el sarcasmo, la sátira y la crítica social (que también encontramos en Juvenal).

Este autor publicó, además, el Libro de los espectáculos, en el que refiere los acontecimientos de los juegos ofrecidos por el dadivoso emperador, al que no deja de alabar. Por otra parte, tenemos otros dos tomos: el Libro de los Xenia y el de los Apophoreta (en ellos se recogen una serie de consejos acerca de regalos que se pueden entregar a los huéspedes o, también, durante una celebración como las Saturnales; el "catálogo" es amplio, desde unas buenas trufas hasta una estantería, sin olvidar los peines y los muchachos).

La frescura y la habitual ironía de la obra de este escritor aún hoy puede hacernos sonreír. Y es justo, a mi modo de ver, rendir homenaje a este autor, Marcial sobre cuya obra se cimenta la creación del epigrama moderno.

Algunos textos del escritor:

"No recitas ningún poema y pretendes, Mamerco, pasar por poeta.
Acepto tu pretensión con tal de que no te decidas a recitar".

"Me preguntas, Pontiliano, por qué no te envío mis versos.
Es sencillo: para que no me mandas tú los tuyos".

"Esos versos que recitas son míos,
pero si los recitas tan mal, comienzan a ser tuyos".

"Tu padre, Filomuso, te fijó una asignación mensual
de dos mil sestercios y día a día te la fue pagando,
mientras que la pobreza futura les pisaba los talones a tus excesos
y a tus vicios había que darles dinero diariamente.
Ahora ha muerto y te ha nombrado universal heredero.
Tu padre, Filomuso, te ha desheredado".

"Lo admito: ayer les regalaste un excelente
perfume a tus invitados, pero ni un filete.
Tiene su gracia oler bien y pasar hambre.
El que no cena y está perfumado, Fabricio,
ese a mí me parece de verdad un muerto".

"¿Por qué, cuando vas a recita, te pones una bufanda alrededor
del cuello? Mejor le sentaría a nuestros oídos".

"Te crees, Caliodoro, que eres bueno con los chistes
y que eres el único que tiene gracia a raudales.
Te cachondeas de todos, contra todos lanzas pullas;
y estás convencido de que puedes ser un invitado ameno.
Pero si yo dijera algo que no es bonito de verdad,
nadie por tu salud brindaría, Caliodoro".

"Das el pego, Febo, con tus pelos simulados con mejunjes
y tu asquerosa calva queda tapada con el cabello que te pintas.
Esa cabeza no necesitas que la trate un barbero:
la puede afeitar mucho mejor, Febo, una esponja".

"El famoso bebedor Frige no veía por un ojo,
Aulo, y en el otro tenía legañas.
El médico Heras le dijo: 'No bebas más:
si sigues con el vino no vas a ver nada'.
Frige, riéndose, le dijo al ojo: 'Adiós'.
Enseguida pide que le pongan copas triples
y sin parar. ¿Quieres saber el final?
Frige bebió vino y el ojo bebió veneno".

"He aquí que mi sexto libro se publica sin que tú estés ya
aquí, Rufo Camonio, mi amigo, y no espera que lo leas.
La maldita tierra de los capadocios, la que tú viste con la divinidad
en contra, le devuelve a tu padre las cenizas.
Derrama lágrimas, Bolonia, huérfana de tu amado Rufo,
y que resuene el lamento por toda la Emilia.
¡Ay, qué cariño filial, qué vida ha desaparecido tan corta!
Tú solías recitar de memoria mis chanzas,
tú, Rufo, solías guardar en tu interior mis bromas.
Acepta, junto con mi llanto, el breve poema de un amigo abatido
y considéralo el incienso de un ausente".

(I) Marco Valerio Marcial en un sencillo dibujo.
(II) El triunfo de Tito, de Lawrence Alma-Tadema.

jueves, 29 de mayo de 2008

Cine de romanos, ¿la resurrección?

Como es este un blog acerca del Imperio, veo importante hablar de la influencia de la cultura en cuestión y sus numerosas apariciones en obras filmográficas. Por este motivo, he de comenzar a referirme, por su puesto, al mítico peplum.

Peplum
es una palabra, como ustedes habrán supuesto o reconocido ya, perteneciente a la lengua romana, pero su origen es griego. El peplo era la vestidura que portaban las mujeres griegas, de mayor o menor complicación (peplo jónico o dórico). Mas también es el nombre que la compañía de cine francesa dio a un subgénero que se desarrolló fundamentalmente entre la década de 1950 y la de 1960.

Se trata de películas de aventura épica ambientadas en la antigüedad clásica, muy
concretamente en la grecorromana. Algunas de las que voy a incluir a continuación -conocidas popularmente como cine de romanos- se alejan un tanto de lo designado en general como peplum, pero me parece importante hablar de ellas.

Julio César, de 1953, es una adaptación en blanco y negro de la obra homónima de Shakespeare. El filme está dirigido por el célebre Joseph Mankiewicz; Marlon Brando y Deborah Kerr son algunos de los más importantes actores del ya de por sí relevante reparto.

La túnica sagrada y Demetrio y los gladiadores son dos películas del mismo director que la anterior que resultan por completo inseparables. Una de ellas es casi una continuación de la otra, siendo el nexo la túnica de Jesucristo.

Espartaco, película del 1960, es hoy un verdadero mito del cine de este período. Protagonizada por Kirk Douglas y dirigida por Stanley Kubrick, narra la historia del esclavo rebelde. Hoy día está disponible en una edición DVD en dos discos de bastante interés.

En Cleopatra, 1963, Elizabeth Taylor encarna a la célebre mujer en esta larga película dirigida por el ya mentado Mankiewicz. De recomendable visionado.

La Caída del Imperio Romano destaca en el 1964, dirigida por Anthony Mann. En ella se desarrollan hechos del reinado de Marco Aurelio y algunos momentos posteriores, en relación a su hija Lucila y a su hijo Cómodo. Transcurre en el 180 d.C.

A partir de estos momentos, en la década de los setenta, las producciones acerca del Imperio Romano son muy escasas y a pequeña escala. Destaca Antonio y Cleopatra, en 1972, de Charlon Heston (basada en la obra de Shakespeare) y, desde luego, Satyricon (1970), un curioso filme de Federico Fellini basado en la novela de Petronio (que incluye diversas partes marcadamente propias de Fellini, pero bastante fiel a la misma, considerando los fragmentos que nos han llegado de este texto).

Durante los siguientes años el peplum romano entendido como una superproducción a grandiosa escala parece desaparecer hasta que, tres décadas después, Ridley Scott dirige la película Gladiator, con Russel Crowe en el papel del general Máximo. Estrenado en e 2000, el filme es un éxito arrollador, calificado como el resurgir de esta clase de cine. ¿La resurrección? Eso parece, si tenemos en cuenta que en los últimos años han aparecido algunas películas vinculadas con estos temas, como la impresionante Alejandro (Oliver Stone, 2004) o La última legión (2007).

En materia de series destaca la coproducción de la HBO y de la BBC, la célebre Roma, ahora disponibles ya sus dos temporadas. Se sitúa en el final de la República, enmarcando los acontecimientos previos a la muerte de César, los posteriores y la subida al poder de Octavio Augusto. Asimismo, el análisis de la sociedad y de las costumbres -la falta de intensidad y viveza no es de reprochar- resulta muy interesante. Aprovecho para recomendársela.

(I) Marlon Brando como Marco Antonio en una escena de Julio César, 1953.
(II) Elizabeth Taylor en el papel de Cleopatra en la película homónima del 1963.
(III) Russel Crowe interpreta al general y gladiador Máximo en el filme Gladiator, 2000.
(IV) Linsday Duncan y Kerry Condon actúan como Servilia y Octavia, respectivamente, en la serie Roma (la escena se corresponde con un episodio de la primera temporada).

miércoles, 28 de mayo de 2008

"Los romanos", de Max Gallo

El conocido autor francés, tanto de novela ("Napoleón", "La cruz de occidente",...) como de ensayo de temática especialmente política, nos sorprende de nuevo con su magna y loable iniciativa: una saga titulada los romanos y que abarca un amplísimo período de tiempo en las siguientes cinco novelas:

1.
Espartaco, la rebelión de los esclavos.
2.
Nerón, el reino del anticristo.
3.
Tito, el martirio de los judíos.
4.
Marco Aurelio, el martirio de los cristianos.
5.
Constantino, el imperio de Cristo.

Por el momento, Alianza Editorial ha sacado a la venta los dos primeros volúmenes. Me dispongo hoy a realizar una breve crítica de ambos y a recomendarlos a mis lectores.

Espartaco, la rebelión de los esclavos es una buena novela, aunque quizá no de las mejores del autor. A lo largo de la misma, se narra con gran holgura y expresividad diversos hechos de la existencia de Espartaco -la mayor parte de ellos evidentemente de la cosecha propia del escritor-, además de incluir frecuntes referencias a la revuelta y a las características sociales del momento, con denodado interés en ilustrar las casi siempre despectivas actitudes de los amos hacia los esclavos, por completo desprovistas de humanidad. El reiterado uso del presente histórico -a veces excesivo- así como el particular estilo del autor perjudican y elevan a la obra al mismo tiempo, lo cual no deja de ser un tanto paradójico.

En Nerón, el reino del anticristo toma el estilo y la tablilla uno de los descendientes de un personaje de la novela anterior, el cual describe los hechos acaecidos en Roma desde el nacimiento de Nerón (con un breve repaso a Calígula y Claudio), su subida al trono, su decadencia y su muerte. Las descripciones de los ambientes sórdidos en los que se mueve el emperador -fiestas calificables de orgías, calles llenas de indeseables- se hacen bastante cercanas. Acerca del estilo no tengo nada que decir, excepto que se trata del mismo que en Espartaco, la rebelión de los esclavos y otras muchas novelas del autor.

Por el momento, aún hemos de esperar a la publicación de las tres novelas que cerrarán la saga, ya aparecidas en Francia, pero yo deseo unirme ya al deseo de que éstas igualen en atractivo y amenidad, además de rigor histórico, a las anteriores.

(I) Imagen de Max Gallo.
(II) Portada de la edición española de Los romanos. Espartaco, la rebelión de los esclavos.

martes, 27 de mayo de 2008

Spartacus le Gladiateur, un excelente musical

Hoy desearía escribir un muy breve artículo con objeto de recomendarles un musical muy desconocido y prácticamente imposible de conseguir en España. Se trata de una obra francesa titulada "Spartacus le Gladiateur", la cual ilustra la historia más conocida del gladiador Espartaco. Aprovecho que se trata del personaje de la semana para incluir esta pequeña noticia.

El musical en cuestión se ha representado en teatros de diversas ciudades de Francia; además, existe un DVD, un CD e incluso un cómic acerca del mismo. Lo cierto es que su fama en Francia es bastante considerable y las canciones que incluye no resultan por completo inasequibles aunque se cuente con un muy escaso nivel de francés (o incluso nulo). La imagen ayuda, y mucho.

Creo haber dicho ya que en España resulta muy difícil conseguir esta obra, mas algún usuario la ha colgado completa en Youtube. Les dejo el enlace de la primera de las canciones, a partir de la cual pueden acceder a las casi veintisiete restantes.

1. Decouverte de la mine

Algunas de las canciones que les recomiendo y que pueden localizar con facilidad son las siguientes:

"Père, tu-es où?" ("Padre, ¿dónde estás?")
"Tenir" ("Aguantar", "Soportar", "Sostenerse")
"La nuit" ("La noche")
"Plus jamais" ("Nunca más")
"Va dire à Rome" ("Ve a decir a Roma")
"Tu n'est plus seul" ("Tú no estarás solo nunca más")
"Une heure avant l'aube" ("Una hora antes del alba")
"Je revindrai" ("Volveré")

La escenificación es muy convincente y se acompaña en todo momento de un excelente ballet al que, desde luego, merece la pena prestar atención. En numerosas ocasiones escuchamos las hermosas voces de los solistas; estamos hablando de los personajes principales: Espartaco, David, Calicia, Batiato, Craso, Helena,...

Cada parte de la obra es interesante, conmovedora o ciertamente triste por un determinado motivo. El espectador debe quedarse con aquello que le guste más. Concluyo insistiendo en que sería una auténtica pena perderse este estupendo musical, ¿no creen?

viernes, 23 de mayo de 2008

Catulo, poeta pasado y presente

Probablemente ustedes habrán escuchado alguna vez ese conocido verso de Cayo Valerio Catulo "Odi et amo" ("Odio y amo"). Se trata de un fecundo autor que ha pasado a la historia como uno de los mejores poetas clásicos. ¿El tema de sus obras? Fundamental y mayoritariamente, su inmenso amor por la idealizada Lesbia, a la que se llega a identificar con una noble llamada Clodia.

Moviéndonos siempre según los datos existentes hoy día, este poeta nació en la ciudad de Verona, en torno al 87 a.C. (se debe tener presente lo convulso de estos últimos años de la República). Su condición social no era muy elevada, se trataba de un plebeyo que en ningún momento optó por la carrera política.

De Catulo nos ha llegado un amplio abanico de poesías. Las decididamente más hermosas, completamente válidas hoy día en buena parte para recitar a la amada, son aquellas referidas a su gran amor, Lesbia, a causa de la cual se siente pleno de felicidad y sufre cuando ésta lo abandona por otros, siéndole infiel en diversas ocasiones. Se trata de unos poemas tremendamente alegres, tristes otras y cargados de desilusión y trazasde enfado otros. En materia amorosa, escribe también a un muchacho llamado Iuventius.


Son muy célebres sus versos dedicados a su hermano muerto, cuya tumba localiza en Troya. Por otra parte, dirige ácidos ataques a personajes como Cayo Julio César en otros poemas suyos. Finalmente, solo cabe destacar "Las bodas de Peleo y Tetis", su poesía más extnsa, de carácter narrativo y que ilustra este episodio de la mitología (se trata de la boda de los padres de Aquiles).

Le dejo un hermoso poema de este autor (en un futuro publicaré una relación de las poesías de mayor interés de este fantástico autor):

"Vivamos, Lesbia mía, ¡amémonos!
Y démosles el valor de un as
a los rumores de los ancianos severos.

Los soles seguirán muriendo y volviendo a nacer;
pero, una vez que nuestra breve luz se apague,
sólo nos quedará una noche eterna
que habremos de dormir.
Dame mil besos, y después cien,
y después otros mil y otros segundos cien,
y, sin parar, hasta llegar a mil más, y después cien.
Finalmente, cuando nos hayamos dado tantos miles,
los dejaremos en el olvido, para no recordarlos,
y para que nadie sienta envidia
al saber que entre nosotros hubo tantos besos".

Es mi deseo hacerles una última recomendación. Si tienen ocasión y sienten un cierto aprecio por la música clásica (si no es así, siempre es un buen momento para comenzar) escuchen la composición "Catulli Carmina", de Carl Orff, que se incluye dentro de su tríptico "Trionfi" ("Carmina Burana", "Catulli Carmina" y "Trionfo di Afrodita"). La parte que les recomiendo no es más que una serie de fragmentos de poemas de Catulo a Lesbia hábilmente introducidos en esta maravillosa composición.

(I) Rostro del poeta.

(II) Catulo en el hogar de Lesbia, de Lawrence Alma-Tadema.

sábado, 17 de mayo de 2008

Colección de fotografías sobre el Coliseo




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Chiki-chiki en el Foro: nueva letra latina

Todos los españoles tenemos la desgracia o el placer de haber escuchado en los últimos días esa canción, "Chiki-chiki" que, se supone, nos representará en la próxima edición de Eurovisión. No deseo ni me parece oportuno exhibir mis pensamientos acerca de esta "obra", tan solo comentar (porque es éste un blog del Imperio Romano) que la letra ha sido traducida al latín (¿qué diría Cicerón si levantara cabeza?) y en Youtube he podido encontrar un video en el que aparece el momento del programa Buenafuente en el cual se presenta tan peculiar versión.

El pegadizo estribillo traducido al latín sería algo así:

"unum: transitum
duo: fractis chorea
tres: michael iaso
quattor: robocopus"

Aquí les dejo el video:

"Roma", de Steven Saylor

Hoy aprovecharé el artículo para realizar una recomendación literaria. Se trata de la nueva novela de Steven Saylor. Este autor norteamericano es célebre en el mundo entro por su saga de libros policiaco-históricos acerca de un peculiar detective Gordiano el Sabueso, que invesiga una serie de casos en los años finales de la República Romana a lo largo de estas novelas (la colección se llama Roma sub Rosa, que alude al secreto y al misterio).

La magna y nueva obra de Saylor se titula "Roma" (un título, todo hay que decirlo, complementado por el subtítulo "La novela de la antigua Roma"). Se trata de una recreación, combinando leyenda, historia y fantasía, de mil años de la historia de Roma, iniciando esta verdadera epopeya en el año 1.000 y entretejiendo una historia en torno a varios personajes míticos, hasta llegar al mismo día de la muerte de Julio César.

La novela se divide en varios capítulos (cada uno de los cuales abarca un período de tiempo y se centra en un episodio o personaje real) a través del linaje de dos familias, los Poticio y los Pinario, ligadas por descendencia y por la transmisión de un amuleto, un ídolo fálico: Fascinus (que el autor identifica con la primera divinidad romana).

El valor de esta excelente obra no reside tan solo en su carácter divulgativo (al ilustrar hechos como la historia de Coriolano o las Guerras Púnicas), sino que retrata a las gentes de la ciudad en cada momento: patricios, plebeyos, esclavos, generales, comediantes,...; todos tienen un lugr en este análisis narrativo de una historia y de una civilización que se impuso en el mundo antigo.
De esta manera se entreteje una muy agradable obra, recomendable tanto como para expertos en Roma como para aficionados, que posiblemente divertirá, conmoverá y enseñará. Éste es de nuevo el mérito de Saylor. Espero les guste.

(1) Imagen de la portada de la novela.

lunes, 12 de mayo de 2008

Rómulo y Remo

Cuando hablamos de Rómulo y Remo, nos estamos refiriendo a los dos personajes estrella de la cultura romana, a dos verdaderos iconos de esta civilización cuyo nombre e imagen pervivieron durante siglos.

En el momento de iniciar la dudosa y posiblemente incompleta lista de reyes de Roma, incorporamos en primer lugar a Rómulo (seguido de Numa, Tuto Hostilio, Anco Marcio, Tarquino, Servio Tulio y Tarquino el Soberbio), identificado ya desde antiguo como el primero de los monarcas. Hasta qué punto la leyenda se convierte en realidad y la realidad en leyenda, no es algo en exceso claro, mas las posibilidades de que este primer soberano fuese llamado Rómulo no son tan escasas como podría parecer, aunque los datos fiables y claros sobre su biografía brillan por su ausencia.

Ya pues, como habrán imaginado hasta el momento los lectores, me referiré exclusivamente a los personajes míticos protagonistas de esta leyenda: Rómulo y Remo.


La pregunta que cabría plantearse en primerísimo lugar se referiría al lugar del que surgen estos dos personajes. Su historia, como acontece con todos los héroes míticos romanos, se remonta muy atrás en el tiempo, al menos según lo que nos cuenta el poeta Virgilio.


Publio Virgilio Marón fue uno de lo más grandes escritores de su tiempo, nacido en el 70 a.C. en una humilde familia campesina. Gran estudioso, conquistó un puesto en la corte del emperador Augusto y pertenece a la gloriosa época de Horacio y Catulo. Además de las "Geórgicas" y las "Églogas", redactó una extensa epopeya de tema troyano, la "Eneida", de muy recomendable lectura. En ella figuran las aventuras de un troyano llamado Eneas que se halla vinculado con la casa real y que, tras la caída de Ilión, huye junto a un grupo de fieles seguidores. Tras un periplo por el Mediterráneo (con una parada en Cartago y una bella historia de amor vivida junto a la reina Dido) llega a la zona de la Península Itálica. De la ciudad fundada por su hijo, Alba Longa procederá todo un linaje que se perpetuará de un modo mítico en el tiempo hasta llegar a dos hermanos: Numitor y Amulio.


Numitor es quien, por derecho, ha de sentarse en el trono. Mas, como sucede tanto en las leyendas como en la realidad, su hermano (su pérfido, malvado y muy criticado hermano), Amulio decide usurpar el poder del querido Numitor, asesinándolo. Y es entonces cuando se halla ante un nuevo problema: Numitor tiene una hija, Rea Silva, que, en caso de dar a luz al niño, estaría trayendo al mundo a un nuevo heredero. Amulio, consumido por la angustia, toma una decisión. El rey convierte a la joven en una vestal, un tipo de sacerdotisas que han de permanecer siempre vírgenes. La razón por la que lleva a cabo tal acción es evidente. Sin embargo, hallándose la muchacha en un bosque consagrado, no tarda en llamar la atención del dios Marte. ¿Y qué divinidad se niega aquello que desea? Con su consentimiento o no, Rea Silva y Marte se unen. Amulio monta en cólera nueve meses después, cuando la joven da a luz a un par de gemelos. La versión más extendida nos cuenta que hace enterrar viva a Rea Silva, castigo para las vestales impuras (lo que no deja de ser extraño, teniendo en cuenta el hecho de que esta determinada pena no se instaura hasta varios siglos después); en una segunda variante, se explica que la chica consigue escapar y ocultarse.


El colérico, cruel y ambicioso Amulio se ve otra vez sobrepasado por las circunstancias y ordena a uno de sus criados que lleve a los niños al bosque y le de muerte. El hombre no tiene corazón para llevar a cabo tal acción y los abandona en el Tíber, según la versión más idealizada, en un pequeño canastillo. Los dos bebés parecen condenados a una muerte segura, pero, afortunadamente, son hallados por una loba, que los amamanta. Esta idílica versión es discutida por algunos historiadores que relacionan el término lupa con el hecho de que esta misma palabra designase a las mujeres que vendían sus cuerpos, tratando de hacer más realista la historia mítica. Esto mismo es ya insinuado por algún escritor romano. Posteriormente, son recogidos por una pareja de pastores, cuyos nombres quedarían para la posteridad: Acca Laurentia y Fáustulo.

De un modo u otro, hay un amplio paréntesis en la infancia y juventud de Rómulo y Remo, que termina en cuanto éstos, se supone que ya con una cierta edad, se enteran, por un medio desconocido, de toda la historia en relación a su pasado. Acuden a Alba Longa y terminan con la vida de Amulio, decidiéndose luego a fundar una nueva ciudad. Los habitantes de la misma no son precisamente la élite de la sociedad, sino que se trata de una heterogénea masa de hombres, algunos de los cuales de muy dudosa reputación.

Rómulo y Remo se disputan el derecho a quedase con el trono y a elegir la zona donde erigir la ciudad. Y deciden resolver sus diferencias haciendo uso de un augurio. Cada uno de ellos toma asiento en una de las célebres colinas de Roma y comienza a contar los buitres (ave sagrada) que ve pasar en un determinado período de tiempo. Rómulo resulta vencedor, lo cual no agrada a Remo. Éste contempla como su hermano traza un surco con un arado para señalar la zona de las murallas y, quizá deseoso de molestarlo, quizá envidioso, lo salta burlándose del muro. Rómulo, muy enfadado, lo mata de una pedrada en la sien, advirtiendo que lo mismo sucederá a quien trate de traspasar de nuevo las murallas. Así, el primer rey edificará la ciudad tan amada sobre la sangre de su propio hermano. Paradójico, si tenemos en cuenta la persistencia de los valores familiares en la sociedad y cultura romana.

Bienvenida

Para comenzar a publicar en este blog, veo importante incluir en primer lugar una breve descripción de lo que, a lo largo de los próximos meses, trataré de ir publicando. Mi proyecto es la creación de una bitácora acerca del Imperio Romano para acercar a los internautas información acerca del mundo romano, curiosidades, noticias vinculadas con él mismo,... El nombre del blog es ilustrador de ello, puesto que los romanos se consideraban descendientes de Rómulo y Remo; ésto es, de los hijos de Marte. Se trata de dos figuras clave en la historia mítica de esta cultura que no dejarán de protagonizar algún futuro artículo.

Ya sin más, y con un vale latino como despedida (fórmula clásica para este menester), les dejo con una foto inaugural, tomada por mí misma en la ciudad protagonista de la bitácora: