miércoles, 23 de julio de 2008

La sátira en Roma: Lucilio

Desgraciadamente, no conservamos una gran cantidad de datos biográficos acerca de este primer gran representante de la sátira romana, Lucilio. Conocemos datos de su vida gracias a diversos escritos; por ejemplo, algunos textos del satírico posterior Horacio.

El año de su nacimiento se sitúa entre el 180 y el 170 a.C., posiblemente en la ciudad de Suesa Aurunca, ubicada en la región de Campania. Según se nos cuenta, su familia se hallaba relacionada con otras de importancia y, además, contaba con amigos entre la de los Lelio y Emiliano.

Este hecho influyó ampliamente en su obra (a lo largo de la cual se aprecian frecuentes intentos de defensa de estos personajes en un determinado conflicto, además de un importante apoyo a los mismos). Por otra parte, gracias a esta posición que lo era todo menos mediocre, pudo asistir a diversos actos y moverse en determinados ambientes que le facilitaron la posterior censura de determinadas conductas políticas o sociales.

Fue un autor en extremo fecundo (se calcula que su obra asciende a los treinta libros). Escribió la mayor parte de sus textos en hexámetros y dísticos, aunque no se ciñó con exclusividad a estas formas.

En general, utilizó palabras pertenecientes al latín culto que dominaba la clase alta, mas también usó términos propios del latín vulgar. Todo esto otorgaba a sus sátiras, verdaderas conversaciones en algunos momentos, unos tintes de mayor realismo. Resulta muy útil para nosotros, por los conocimientos lingüísticos que otorga.

Desgraciadamente, de su obra no nos quedan más de 1.400 versos; muchos de ellos, además, aparecen de un modo inconexo, resultando complicado encontrar textos largos que hagan honor al genio de este satírico.

He aquí algunos ejemplos de lo conservado:

"Pues si tú has determinado sedar los flujos de las olas del mar salado, sosiega antes la violencia del viento de Emacia; calma, te digo, el viento..." (libro I).

[Al amigo que no acudió a visitarlo cuando estaba enfermo] "Aunque no me preguntes cómo me encuentro, voy a decírtelo, puesto que he permanecido entre el número de los que no forman parte de la mayoría de la humanidad. Aunque tú quisieras que hubiera perecido aquél a quien no quisiste visitar" (libro V).

[A la mujer objeto de un amor ilícito] "Seca tus lágrimas e invoquemos a los dioses con incienso, habiendo declarado nuestro propósito, para ver si te permiten entregarte impunemente al amor" (libro V).

"Quien no tiene jumento, ni esclavo, ni compañero alguno, lleva consigo la bolsa y todo el dinero que tiene. Con su bolsa encima come, duerme, se baña; todo lo de este hombre está contenido en la bolsa, y la lleva atada y suspendida del brazo" (libro VI).

(I) Efigie de Escipión Emiliano en una moneda.

La sátira romana: Introducción

La sátira es un género literario de gran importancia en lo que a literatura romana se refiere; entre aquellos escritores que lo trataron encontramos a verdaderos artistas de la palabra escrita. Como todo género, no fue estático, sino que contó con los pertinentes comienzos y la habitual evolución, a través de la obra de cuatro autores clave: Lucilio, Horacio, Persio y Juvenal.

Se considera al escritor Ennio como fundador del género en cuestión, lo cual es discutido por algunos estudiosos. Lo que sí es seguro es que este excelente autor no se dedicó exclusivamente a la composición de carácter satírica (cuya naturaleza se aprecia en obras muy anteriores), sino que exploró otros géneros.

El autor clásico Diomedes redactó un interesante texto que nos remite a los posibles orígenes del término sátira:

"Se llama hoy satura entre los romanos a un poema malicioso, que a la manera de la comedia antigua, está compuesto para fustigar los vicios de los hombres, como las escritas por Lucilio, Persio y Horacio. Por otra parte se llama satura un poema compuesto de poesías variadas, como las escritas por Pacuvio y Ennio. La palabra satura viene del nombre de los Sátiros, porque este poema encierra chanzas y obscenidades parecidas a las palabras de los Sátiros. O bien proviene del nombre satura lanx, de ese plato lleno de las primicias de todas las clases de cosechas que los antiguos ofrecían a los dioses en sacrificio; se le llamaba así, satura, por la abundancia de las cosas de que rebosaba. De este plato habla Virgilio en las Geórgicas cuando escribe Presentamos en curvos platos vísceras humeantes. O bien proviene de una especie de embutido compuesto de muchas cosas, y que según Varrón se llamaba satura [...] Por último, otros creen que se deriva de lege satura (esto es, ley compleja) en las cuales se decretan juntas diferentes disposiciones, así como poesías diferentes están comprendidas en una sola satura".

Al margen de estos posibles orígenes, cabe destacar que algunos estudiosos apuntan los orígenes del término como oscuros.

Refiriéndonos ya al tipo de texto en cuestión, es preciso mencionar que se trata por lo general de una pieza en verso en la cual se pretende ridiculizar a un personaje (también a un determinado colectivo o al ser humano en general) y vituperar sus vicios (por ejemplo, la avaricia o la vacua vanidad, que son temas recurrentes). Ocasionalmente se evita la mención directa de aquello que se quiere censurar, incluyéndolo de un modo implícito. Se hace habitual uso de la ironía. La riqueza léxica de estos autores en general es considerable, y resulta especialmente interesante cuando emplean tanto términos del latín vulgar como del culto, lo que nos aporta un mayor conocimiento de los distintos vocabularios.

Al margen de los "cuatro grandes" de la sátira romana, existieron otros autores que emplearon el componente satírico en su obras, como Petronio o Séneca.

(I) Sátiro en un mosaico hallado en una villa romana.

martes, 15 de julio de 2008

Homosexualidad en Roma

Para comenzar, me gustaría destacar el hecho de que la palabra "homosexualidad" no tiene, en su sentido más estricto, un equivalente en latín. Pese a ese evidente prefijo griego ("homo", que aparece en cantidad de palabras españolas, significa "igual"), se trata de un término acuñado varios siglos después.

En realidad, los romanos nunca establecieron esa diferencia entre homosexuales, heterosexuales y bisexuales por razón de la persona a la que se dirigen los afectos, lo que se debe a la manera de entender el sexo de esta civilización. Por ello, resulta impreciso enunciar una frase como "la homosexualidad era tolerada en la Roma antigua", sencillamente porque se trataba de algo muy codificado, con reglas y excepciones.

Ante todo, es preciso comentar que la idea de los caracteres y el sexo giraba en Roma muy en torno al asunto del poder, lo que nos conduce a la división en papeles: el activo y el pasivo (el dominador y el dominado). Se consideraba que un hombre romano había de ejercer en todo momento el papel de dominador; encontramos aquí una extensión de la idea del poder y la dominación que impregnaba la cultura romana. Por tanto, que un ciudadano se sometiese a otro hombre, que se dejase penetrar, creaba en el mismo todo un estigma social, siendo considerado el sujeto en cuestión como un impudicus.

Los afectos que hoy designaríamos de carácter homosexual de los ciudadanos eran dirigidos en general a muchachos esclavos, a menudo escogidos para tal fin. En este sentido, se consideraba negativo que un joven romano se sometiese a un hombre, aunque hay discrepación en torno al rechazo social que esto inspiraba hacia el chico, existente de todos modos. La explicación a tal hecho se halla en el temor a que el joven creciera en el papel del sometido, con todo lo que de ello se derivaba.

En la literatura latina hallamos abundantes ejemplos de lo mencionado acerca de las relaciones entre amo y esclavo, con mucho las más abundantes de carácter homosexual, aunque existiesen las habituales y sonadas excepciones, como veremos luego. En Marcial, Juvenal, Horacio, Petronio, Tibulo y otros muchos escritores renombre situados en el período del último siglo de la República y el Alto Imperio, es frecuente hallar referencias a esto (de especial interés sería echar un vistazo a determinados Epigramas de Marcial, a algún fragmento de las Sátiras, o al Satiricón).

El hecho de que un ciudadano romano emplease a sus jóvenes esclavos para obtener placer no conllevaba ningún tipo de censura social, siempre y cuando el dueño ejerciese el papel dominador (en Marcial hay algunos textos que satirizan a sujetos que hacen exactamente lo contrario). Eran especialmente apreciados los muchachos procedentes de las zonas de Alejandría y Oriente, a juzgar por algunos textos. Cabe destacar que el esclavo no estaba protegido por la ley frente a los requerimientos sexuales de su propietario, al menos hasta un período muy posterior y situado ya en el umbral del Imperio Bizantino. El amo poseía todos los derechos sobre su herramienta parlante (modo con el que se designó al esclavo en algunos textos sobre agricultura en la línea de Catón); de esta manera, el jovencito adquiría un carácter de objeto, de instrumento.

Esto no quiere decir que algunos dueños no se encaprichasen de sus jóvenes amantes y llegasen a escribir (o a dejar que poetas escribiesen) epitafios a su muerte, manifestando una clara existencia de sentimientos hacia el adolescente. Sin embargo, este hecho no debe llevar a error. La relación entre un varón adulto y un muchacho que en Grecia resultaba ideal (el erastes y el eromeno) no era un patrón en la Roma antigua. Poco tenían que ver las relaciones de carácter homófilo con la libre elección de pareja, al menos por parte del esclavo, o con la idea de transmisión de conocimientos y experiencia que aparecía en Grecia.

Los jóvenes favoritos recibían frecuentemente el nombre de pueri delicati (puer delicatus, cuya traducción sería, utilizando los dos significados del adejetivo, muchacho mimado o muchacho delicado). Los escritores romanos no se han molestado en transmitirnos los sentimientos de estos chicos, pero parece adecuado entender que el único camino prudente era el de la sumisión, por trágico que esto resultase. Ocupaban un puesto relativamente envidiado y contaban con lejanas perspectivas de libertad (como, por ejemplo, el liberto Trimalción del Satiricón de Petronio).

En la historia de Roma hubo algunas notorias excepciones a lo expuesto. Por ejemplo, los detractores de Cayo Julio César se cebaron en atribuirle una supuesta aventura con el rey bitinio Nicomedes, en la que teóricamente se había dejado deshonrar. Del mismo modo, historiadores de la época, refieren una boda de Nerón con otro hombre, transgrediendo toda ley sagrada o civil y actuando, para escándalo del pueblo romano, el emperador como la esposa. Sin embargo, en este sentido aparece otra figura mucho más especial: Heliogábalo. Emperador de Roma, se cuenta que se consideraba sumamente femenino y que tuvo diversos amantes llegando a conservar una pareja estable (por supuesto, actuando siempre él como esposa). Esto dio lugar a todo tipo de historias morbosas y críticas al emperador, no demasiado querido, que culminó sus días asesinado.


En lo referente al lesbianismo, poco se ha escrito en los textos clásicos, como no fuera en tono condenatorio. En esto coincidieron tanto griegos como romanos, y en textos como los de Marcial o Luciano de Samósata, aparecen referencias en tono crítico, condenando tales prácticas como perversiones. Un prisma, como puede verse, muy distinto a aquel con el que se miraba lo que consideraríamos la relación homófila masculina más extendida.

(I) La copa Warren, uno de los pocos testimonios gráficos de sexo entre dos varones procedenetes de la antigua Roma que conservamos.
(II) Las rosas de Heliogábalo, de Lawrence Alma-Tadema.

miércoles, 9 de julio de 2008

Luciano de Samósata: Diálogos de las cortesanas

Para completar esta breve exposición de los diálogos principales de Luciano de Samósata, procederé con los Diálogos de las cortesanas.

I: Glícera se queja a Tais de que su amante la abandone por otra cortesana, Gorgona.
II: Mirtión se queja a Pánfilo de su supuesta falta de fidelidad a la promesa de matrimonio (en especial ahora que ella se halla encinta), engañada por las equivocadas palabras de su criada Dóride.
III: La madre de Filina reprocha a su hija su comportamiento con su amante Dífilo durante una cena a raíz de una infidelidad.
IV: Melita pide a Báquide que la ayude a encontrar una hechicera que le facilite los medios para reconquistar a su amante.
V: Clonarión pregunta a Leena por la creciente intimidad compartida con Melita.
VI: Cróbile induce a su hija Corina a entregarse al oficio de cortesana.
VII: La madre de Musarión riñe a ésta por consagrar su vida a la satisfacción de un hombre pobre que no puede pagarle por sus servicios.
VIII: Ampélite habla a Críside de la importancia de los celos de los hombres.
IX: Paníquide se asusta por la simultánea llegada de sus dos amante, Filóstrato y Polemón, tratando de evitar que estos se encuentren.
X:Dróside se queja a Quelidonion de que Clinias ya no acuda a verla a causa de las palabras del filósofos Arquíteles, que pretende encaminarlo en el camino de la virtud.
XI: Trifena reprocha a Cármides su comportamiento y debilidad a causa de su amor por cierta mujer.
XII: Yoesa reprocha a Lisias haberla abandonado a causa de un supuesto rival, en realidad inexistente.
XIII: Leontico y Quénides asustan sin desearlo a la cortesana Gímnide al narrarle sus hazañas de guerra.
XIV: Dorión se queja a Mírtile de que, ahora que carece de dinero, no es aceptado en la cxasa de ésta.
XV: Parténides describe a Cóclide la violenta disputa con un soldado por motivos de celos.

[Una pequeña recomendación: Si les apetece echar un vistazo al texto de Samósata, Alianza Editorial acaba de publicar una edición anotada que parece interesante, aunque aún no he tenido oportunidad de echarle un vistazo].

(I) Vasija griega en la que aparece una hetaira y su cliente.

jueves, 3 de julio de 2008

Luciano de Samósata: Diálogos marinos

Continuando con Luciano de Samósata, aquí tienen los excelentes Diálogos Marinos, en línea con los anteriores:

I: Doris se burla de Galatea por tener como enamorado al horrendo Polifemo.

II: Polifemo se queja a Poseidón del daño que le ha ocasionado Odiseo.

III: Alfeo explica a Poseidón por qué sus aguas no se mezclan con el mar: desea acudir a la fuente de Aretusa, en la isla de Sicilia.

IV: Proteo y Menelao conversan acerca de las maravillosas e increíbles transformaciones que lleva a cabo el primero de ellos.

V: Panope explica a Galene el modo en el que Eris consigue sembrar la discordia entre los invitados al banquete de boda de Peleo y Tetis.

VI: Tritón habla a Poseidón de una de las hijas de Dánao, Amimone, que acude a buscar agua a Lerna. Cuando la ve, el dios se enamora de ella y la rapta.

VII: Noto habla a Céfiro de lo sucedido con la amante de Zeus, Ío, convertida en ternera por la celosa Hera.

VIII: Los delfines explican a Poseidón cómo salvaron al cantante Arión de morir ahogado tras ser arrojado al mar por los propios marineros del barco en el que viajaba.

IX: Poseidón pide a las nereidas que arreglen el cadáver de Hele, fallecida al caer del carnero volador en el que viajaba junto a su hermano Frixo, y da el nombre de Helesponto al lugar donde esto sucedió.

X: Poseidón pide a Iris que haga salir a flote la isla de Delos y la mantenga fija (supuestamente se mueve) para que Leto pueda dar a luz en ella.

XI: El río Escamandro pide al mar que lo cure de las heridas causadas por el fuego de Hefesto y la sangre derramada por Aquiles en la refriega.

XII: Tetis explica a Doris la desgracia de Dánae y de su hijo Perseo.

XIII: Enipo se queja a Poseidón de que éste haya seducido a su amada Tiro y la haya poseído antes que él.

XIV: Las nereidas conversan con Tritón, el cual les explica que el monstruo marino enviado contra Andrómeda ha sido destrozado por Perseo.

XV: Céfiro describe a Noto el modo en el que Zeus, convertido en toro, ha raptado a Europa.

(I) Zeus e Ío, en un cuadro de Corregio.

martes, 1 de julio de 2008

Luciano de Samósata: Diálogos de los muertos

Prosiguiendo con el tema del artículo anterior, les dejo un breve esbozo de los Diálogos de los muertos, de igual o mayor interés que los Diálogos de los dioses. En ellos el autor deja constancia de sus ideas filosóficas y, en la mayor parte de las ocasiones, sus textos se hallan colmados de útiles enseñanzas.

I: El filósofo Diógenes Laercio encarga al semidiós Pólux que, cuando regrese a la Tierra del Inframundo, dirija unas palabras a algunos de sus amigos.
II: Creso se queja a Plutón de que Menipo se ría de él (también de Anápalo y Midas) por llorar extrañando las riquezas terrenas.
III: Menipo discute con Anfíloco y Trofonio acerca de que éstos sean venerados como oráculos por los mortales.
IV: Heremes pide cuentas a Caronte por los favores y encargos cumplidos.
V: Plutón ordena a Hermes que proteja de la muerte al rico y anciano Eucrates y que sean sus aduladorres quienes perezcan antes que él.
VI: Terpsión, uno de los aduladores de Eucrates, se queja a Plutón por haber fallecido antes que aquel cuyas riquezas ansiaba conseguir.
VII: Cenofanto y Calidémides, aduladores muertos de Eucrates, conversan acerca de lo estúpido y casual de sus muertes.
VIII: Cnemón explica a Damnipo lo desgraciado que se siente por haber dejado sin herencia a su familia a causa de haber hecho testamento en favor del viejo y rico Hermolao sin prever su propia y repentina muerte.
IX: Polístrato, muerto rico y anciano, describe lo hermoso de sus últimos años.
X: Caronte y Hermes obligan a los difuntos a despojarse de todo lo terreno para no sobrecargar la barca que los llevará por el río Éstige.


XI: Crates y Diógenes conversan acerca de lo sucedido a dos viejos avariciosos y aduladores, ensalzando a continuación su propia falta de amor por las riquezas terrenas.
XII: Escipión, Aníbal y Alejandro Magno discuten ante Minos por su derecho a ser juzgados en primer lugar en función de su gloria terrena.
XIII: Diógenes y Alejandro conversan, extrañando éste último los bienes terrenos y recomendándole Diógenes que beba de las aguas del Leteo, que proporcionan el olvido.
XIV: Alejandro y su padre Filipo discuten sobre las glorias terrenas del primero, ahora ya perdidas.
XV: Aquiles y Antíloco, hijo de Néstor, debaten sobre lo inútil de las glorias terrenas una vez llega la muerte.
XVI: Heracles explica a Diógenes la manera en que su parte inmortal (es hijo de Zeus y la reina Alcmena, esposa de Anfitrión) se halla junto a los dioses y su parte mortal, en el Hades.
XVII: Tántalo describe a Menipo su suplicio de eterna sed.
XVIII: Menipo y Hermes contemplan los esqueletos de los más hermosos personajes mortales (Jacinto, Narciso, Leda, Helena,...) y reflexionan acerca de lo efímero de la belleza humana.
XIX: Protesilao, el primer guerreo fallecido en la ofensiva aquea a Troya, culpa a diversos personajes de su suerte: Helena, Paris, Menelao,...
XX: Menipo y Éaco conversan con los filósofos Pitágoras, Empédocles y Sócrates; en la charla hay lugar para una pequeña burla hacia las personalidades de los personajes.
XXI: Menipo pide a Cerbero que compare su muerte con la de Sócrates, quedando en mejor lugar.
XXII: Caronte y Menipo discuten porque el últilo no puede pagarle el óbolo requerido ya que nada posee.
XXIII: Protesilao suplica a Plutón y a Perséfone que le permitan regresar a la Tierra para ver a su esposa.
XXIV: Diógenes explica a Mausolo que sus riquezas, poder y belleza terrenos no tienen valor en el Hades.
XXV: Tersites, el hombre más feo de los que acudieron a Troya, y Nireo, el más hermoso, preguntan a Menipo quién es el más bello, respondiendo éste que la muerte a todos iguala.
XXVI: Quirón explica a Menipo por qué, pese a ser un dios inmortal, ha preferido morir.
XXVII: Crates describe a Diógenes lo visto al bajar al Hades y su conversación con un hombre pobre.
XXVIII: Menipo pregunta a Tiresias por su historia y su experiencia como mujer durante siete años, y hombre después.
XXIX: Agamenón reprocha a Áyax el acusar a Odiseo de su repentina locura.
XXX: Minos dicta castigo para diversos malhechores; uno de ellos, Sóstrato, le reprocha su supuesta injusticia.

(I) La barca de Caronte, de Olexandr Lytovchenko
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