viernes, 28 de noviembre de 2008

La sátira romana: Juvenal

Concluyo con este artículo el conjunto de posts iniciados en julio acerca de la sátira romana. Me referiré hoy al último de los cuatro grandes satíricos de la historia de la literatura latina, Juvenal.

Décimo Junio Juvenal nació en el año 67 d.C. (hacia el final del reinado de Nerón). De su vida no nos ha llegado una enorme cantidad de datos; al menos, no podemos componer una completa biografía como lo haríamos otros personajes de la historia de Roma. La mayor parte de los historiadores coinciden en que ocupó algún puesto en el ejército y que tuvo serios problemas con el emperador Domiciano, llegando a hablarse de un exilio forzado. La fecha de su muerte se fija en el 127 d.C., durante el reinado del emperador Adriano.


A diferencia de otros autores como Horacio, que aparte de cultivar el género satírico hicieron lo propio con otra clase de composiciones, conocemos a Juvenal tan solo por las dieciséis sátiras (divididas en cinco libros) que nos han llegado (lo que, evidentemente, no descarta que hubiera escrito otra clase de escritos). Sus textos son una crítica a los valores y contravalores de la sociedad de su época (avaricia, exceso de lujo, crueldad,...), así como a grupos de personas en concreto (por ejemplo, dedica una sátira completa a vituperar a las mujeres romanas que destila una cierta misoginia). Se le supone heredero de los satíricos anteriores, aunque conserva su propio y determinado estilo.

Les dejo algunos fragmentos de las sátiras de Juvenal:

"En Roma, muchísimos enfermos mueren por no dormir; los mismos alimentos malos que se quedan en el estómago producen la enfermedad, porque, ¿qué habitación arrendada permite conciliar el sueño? ¡El dormir en la ciudad cuesta mucho dinero! He aquí la causa principal de enfermedad. El paso de los grandes carros por las estrechas curvas de los barrios de la ciudad, el clamoreo de los rebaños detenidos quitarían el sueño a Druso y a los rebaños marinos. Si el deber lo exige el rico será llevado, apartándose de la turba, y él será conducido sobre las cabezas, en una amplia liburna. Él, mientras tanto, irá leyendo, escribiendo o durmiendo, porque con la ventanilla cerrada la litera provoca el sueño. Llegará antes que nosotros, porque nuestra prisa se ve detenida por la ola interior, y la muchedumbre que sigue nos aprieta en gran avalancha de lomos. Uno va dando codazos, el otro golpea la cabeza con una viga, el otro con una medida. Llevo las piernas empastadas de barro, por todas partes llegan pies enormes que me pisan, y los clavos de las suelas militares se me clavan en los dedos" [sátira III].

"A los amigos sin categoría se les servirán setas peligrosas, al señor champiñones, como los que comía Claudio antes del que le sirvió su mujer, después ya no comió nada. Virrón mandará que le pongan a sí mismo y a los demás Virrones unas frutas de las que tan solo captarás el olor, como las que producía el eterno otoño de los feacios, podrías pensar que las había robado a las hermanas africanas. Tú disfrutarás del desecho de la fruta, como la que roe en el parapeto el que se cubre de casco y escudo y aprende por miedo a látigo a lanzar los dados montado en una cabra peluda. Quizás pienses que Virrón se porta así para ahorrar. Lo hace únicamente para que sufras. ¿Pues qué comedia o qué mimo es mejor que la voracidad angustiosa? Así que todo se hace, por si no lo sabías, para que disuelvas tu bilis en las lágrimas, y rechines los dientes tanto tiempo cerrados. Tú piensas que eres hombre libre y comensal de tu rey; él piensa que estás cautivado por el olorcillo de la cocina, y no sospecha mal. Pues, ¿quién hay tan carente de todo, que lo aguante dos veces, si ha llevado de niño el oro etrusco, o aunque solo sea el nudo, modesto distintivo de cuero?" [sátira V].

"Viene ya de muy antiguo, Póstumo, el mancillar el lecho ajeno, y menospreciar el genio del tálamo sagrado. Todos los demás crímenes los trajo después la edad de hierro; pero la edad de plata vio a los primeros adúlteros. Y tú, con todo, preparas en nuestros tiempos el convenido pacto y los esponsales. Ya te está peinando el maestro peluquero, y quizá pusiste el signo de la alianza en el dedo. Tú estabas ciertamente en tus cabales. ¿Te casas, Póstumo? Dime, ¿qué Tisifón o qué serpientes de persiguen? Dime, ¿puedes soportar una señora, habiendo tantas cuerdas libres para ahorcarte, habiendo tantas ventanas altas en la oscuridad, teniendo tan cerca de tu casa el puente Emilio? O si no te gusta ninguna de estas salidas, ¿no te parece mejor que a tu lado duerma un jovencito? Un jovencito que no riñe de noche contigo, que no exige ningún regalo cuando está a tu lado, ni se queja de que lo dejes tranquilo, ni de que no satisfagas todos sus gustos" [sátira VI].

"Cualquier cosa que se hace con mal ejemplo desagrada al mismo autor. La primera venganza consiste en que ningún culpable se absuelve a sí mismo, aunque una mala influencia venza en la urna falaz del pretor. Calvino, ¿qué crees que juzga quien recientemente ha cometido un crimen o ha violado la fidelidad? Pero no tienes un censo tan corto que te aplane el peso de una pequeña pérdida, ni es cosa rara tampoco lo que padeces. Este caso es corriente, conocido por todos, y sacado del medio acervo de la fortuna. El dolor de un hombre no debe ser más intenso de lo justo, ni mayor que la herida. ¿Tú a duras penas puedes soportar con la entrañas encendidas una mínima y exigua parte de los males ligeros que un amigo no te devuelva un depósito sagrado?" [sátira XIII].

"Hay muchos vicios, Fustino, dignos de fama siniestra y que graban una triste mancha en las vidas más limpias, que enseñan y transmiten a sus hijos sus propios padres. Si al viejo le gusta el juego daño, juega también el heredero aún pequeño y mueve las mismas armas en el diminuto cubilete. A ningún pariente permitirá esperar de sí nada mejor el joven que aprendió de la gula redomada de su padre derrochador, a pelar las trufas, a condimentar los champiñones y a empapar en el mismo jugo los papafigos. Cuando tenga siete años, aunque no haya cambiado los dientes de leche, aunque le pongas mil maestros barbudos por una parte y mil por otra, deseará cenar siempre con gran boato, y que no merme en nada la cocina" [sátira XIV].

(I) Juvenal en una ilustración de un libro de las Sátiras.

sábado, 15 de noviembre de 2008

Odas de Horacio

Desearía compartir hoy con ustedes unos cuantos poemas de un gran autor romano al que ya he mencionado anteriormente en esta bitácora, Quinto Horacio Flaco. Habiendo hecho ya referencia tanto a sus sátiras como a sus épodos, incluyo ahora algunas de sus odas.

"Acuérdate de conservar una mente tranquila
en la adversidad, y en la buena fortuna
abstente de una alegría ostentosa,
Delio, pues tienes que morir,
y ello aunque hayas vivido triste en todo momento
o aunque, tumbado en retirada hierba,
los días de fiesta, hayas disfrutado
de las mejores cosechas de Falerno.
¿Por qué al enorme pino y al plateado álamo
les gusta unir la hospitalaria sombra
de sus ramas? ¿Por qué la linfa fugitiva
se esfuerza en deslizarse por sinuoso arroyo?
Manda traer aquí vinos, perfumes y rosas
-esas flores tan efímeras-, mientras
tus bienes y tu edad y los negros hilos
de las tres Hermanas te lo permitan.
Te irás del soto que compraste, y de la casa,
y de la quinta que baña el rojo Tiber;
te irás, y un heredero poseerá
las riquezas que amontonaste.
Que seas rico y descendiente del venerable
Ínaco nada importa, o que vivas
a la intemperie, pobre y de ínfimo linaje:
serás víctima de Orco inmisericorde.
Todos terminaremos en el mismo lugar.
La urna da vueltas para todos.
Más tarde o más temprano ha de salir
la suerte que nos embarcará
rumbo al eterno exilio".

"Odio al vulgo profano y lo rechazo.
Tened las lenguas: sacerdote de las Musas,
voy a cantar versos jamás oídos antes
a los niños y a las doncellas.
A sus propios rebaños rigen
temibles reyes, y a ellos los gobierna
Júpiter, famoso por su triunfo Giganteo,
el que lo mueve todo con su ceño.
Sucede que un hombre alinea en los surcos
mayor número de árboles que otro hombre;
éste, de más noble linaje, baja
al Campo a competir; aquél,
mejor por sus costumbres y su fama
rivaliza con él; otro tiene mayor
cantidad de clientes.
Con justa ley, Necesidad
sortea a los notables y a los ínfimos:
una amplia urna mueve todo nombre.
Aquel sobre cuya impía cabeza
pende desnuda espada
no encuentra dulce el sabor de los festines Sículos
ni el canto de las aves y de la cítara
le devuelven el sueño. Ese sueño
apacible que, en cambio, no desdeña
la casa humilde del campesino,
ni la umbrosa ribera,
ni Tempe, el valle oreado por los Céfiros.
Al que desea sólo lo suficiente
no lo seduce el mar tumultuoso,
ni el ímpetu cruel de Arturo al ponerse,
ni el nacimiento de las Cabrillas,
las viñas azotadas por el granizo
o una finca mendaz, ya culpen sus plantíos
a las aguas, a las estrellas
que abrasan los campos
o a los inclementes inviernos.
Sienten los peces reducido el mar
por las moles lanzadas a sus aguas,
pues allí van a parar las piedras
que sin cesar arrojan el empresario con sus obreros
y el señor harto ya de tierra.
Mas Temor y Amenazas
suben adonde está el señor,
y la negra Inquietud no se separa
de su trirreme guarnecida de bronce
y cabalga tras él, jinete.
Y, si ni el mármol Frigio,
ni el uso de la púrpura más brillante que un astro,
ni la viña Falerna,
ni el costo Aquemenio
alivian el dolor del que sufre,
¿por qué voy a construir un atrio grandioso
con puertas envidiables, según el nuevo estilo?
¿Por qué voy a cambiar
mi valle de Sabina
por riquezas tan pesarosas?"

"Ves cómo en alta nieve el Soracte allá
blanquea y con su carga los bosques ya
con pena pueden y los ríos
yertos están en agudo hielo:
deslíe el frío echando sobre el hogar
sin tasa leña, y más generoso da,
Taliarco, del barril sabino
vino a correr del de cuatro años.
Lo otro a los dioses déjaselo, que así
que al viento en guerra con hervoroso mar
lo amansen, ya ni los cipreses
se agitarán ni los viejos olmos.
Qué habrá mañana, excusa de preguntar,
y cada día más que el azar te dé,
a logro ponlo; ni desdenes
mieles de amor, mozo tú, ni bailes,,
en tanto lejos de agria vejez tu edad
verdece. Ahora al Prado, a la plaza, a los
susurros quedos en la noche
tórnese a ir a la hora dicha
y a la escondida niña, que del rincón
risilla grata la delató, y allí
la prenda que se arranca al brazo
ya, al dedo ya, que se mal resiste".

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Viriato y los romanos

Les presento hoy un vídeo de Cruz y Raya, que no tiene otro objetivo más que el de suscitar la hilaridad del espectador. Lo cierto es que siempre resulta agradable echar un vistazo a una de estas parodias. Espero que les guste.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Reviviendo la historia

Como amante del mundo clásico, me encanta ver que en la actualidad existen grupos que tratan de recrear este magnífico período de la historia, bien reproduciendo un suceso concreto -una determinada batalla, por ejemplo- o acontecimientos de la vida cotidiana. Sin embargo, hasta hace unos meses, y quizá en buena parte porque no soy una gran lectora de historia bélica, no había oído hablar de cierto proyecto de reconstrucción de épocas y momentos pasados, la Legio VIIII.

Lo cierto es que la primera vez que supe de este grupo me sentí sumamente impresionada. Se trata de una agrupación vinculada con la Asociación de Hispania Romana, que pretende recrear el antiguo ejército romano, en concreto la Novena Legión, cuya historia (guiándonos exclusivamente por los hallazgos arqueológicos que poseemos en la actualidad) se extiende desde el s. I a.C. (la primera referencia conocida data del 58 a.C.; se la menciona en los Comentarios a la Guerra de las Galias) hasta el s. II d.C. (hay cierto debate con respecto a su desaparición; por una parte se sostiene la teoría de que desapareció en la década del 120, pero otros estudiosos afirman que continuó existiendo hasta la década del 140). A lo largo de sus siglos de existencia, la legión combatió en distintas zonas del Imperio Romano (muy destacado su papel en las Guerras Cántabras; en concreto en las batallas del 24 a.C.).


El nivel al que estos modernos legionarios llevan la recreación de la vida castrense llega a resultar asombroso. No se limitan a vestirse "de romanos" cual aficionado decidido a participar en la típica fiesta o feria de tema histórico. Tratan de reproducir con exactitud las distintas partes del vestuario de un soldado romano, y lo cierto es que lo consiguen. A modo de ejemplo, cito algunas de ellas (en la web de la Legio hay abundantes fotos e incluso instrucciones para fabricarse uno mismo estos objetos): caligae (el calzado típico del legionario), gladius (la espada), pugio (el puñal), lorica (la armadura,freuente a partir del s. I la lorica segmentata), scutum (el escudo),...


Estos consumados recreacionistas, además, organizan todo tipo de actividades relacionadas con el mundo del ejército romano: tan pronto construyen una vía romana para uso y disfrute de los ciudadanos del Imperio como organizan el campamento y se agrupan en distintas tiendas, cada una de ellas compartida por ocho de estos legionarios, que también se ejercitan en esgrima y practican el combate y las formaciones a adoptar durante la batalla. En el vídeo los vemos ejecutando la formación testudo (o tortuga) en las Jornadas Galo-Romanas celebradas en Lyon este verano.



Sin embargo, su proyecto no se ciñe a la recreación de una vida castrense completamente desligada de la civilización en la que se desarrolla, sino que la intención es otra. Esto aparece claramente explicado en la presentación de su página web:


"Nos interesa reflejar no solamente el aspecto militar de las mismas, sino también su función civilizadora. Nos interesa el ejército que construía ciudades, vías, puentes, acueductos. El ejército que garantizaba la ciudadanía a los extranjeros que se alistasen, a la vez que les integraba en una cultura y les daba una lengua común. Y queremos profundizar en el conocimiento de dicho ejército y transmitirlo a los demás a través de diferentes iniciativas, que van desde acciones de arqueología práctica, probando en la realidad las diversas teorías sobre temas militares, participando en eventos públicos, conferencias y exhibiciones, montando exposiciones con nuestros materiales o realizando visitas a colegios y centros de enseñanza. Y queremos enriquecer la experiencia con reconstrucciones de la vida civil, tanto de los trabajadores más humildes como de los políticos más poderosos. Todo ello de una forma didáctica y con la intención divulgadora que caracteriza nuestros proyectos".

Creo que tan interesante declaración de principios no necesita otro apunte, sino una simple alabanza desde esta bitácora consagrada a la historia del Imperio Romano. Esta clase de asociaciones contribuyen a devolver a la vida a civilizaciones tan importantes como la romana, que de ninguna manera debería caer en el olvido.

Este artículo está especialmente dedicado al genial Decimus Cornelius Cicero y a todos aquellos miembros de la Legio VIIII que, con toda su ilusión y su sabiduría en lo concerciente a la Roma antigua, reviven la historia de la ya aeterna civitas.

[Imágenes extraídas de la galería de Legio VIIII].

sábado, 1 de noviembre de 2008

Ovidio

"Ya he culminado una obra que no podrán destruir ni la cólera de Júpiter ni el fuego, ni el hierro, ni el tiempo voraz. Que ese día que no tiene derecho más que a mi cuerpo, acabe cuando quiera con el devenir incierto de mi vida; que yo, en mi parte más noble, ascenderé inmortal por encima de las altas estrellas y mi nombre jamás morirá, y por donde el poderío de Roma se extiende sobre el orbe sojuzgado la gente recitará mis versos, y gracias a la fama, si algo de verdad hay en los presagios de los poetas, viviré por los siglos de los siglos".

Con estas palabras culmina Ovidio su obra Metamorfosis y, como si de una profecía se tratase, actualmente vemos que la maravilla de los textos de este autor pervive entre nosotros y es todavía capaz de divertirnos, enseñarnos y transportarnos a lugares y tiempos lejanos; pero es tal la humanidad de sus textos, que nos resulta imposible no sentirnos conmovidos por sus versos. Desde su afamada nostalgia de Roma tras haber sido desterrado de la ciudad hasta sus poemas de amante despechado golpeando la puerta de su querida en medio de la noche, los sentimientos afloran en la obra del escritor y alcanzan al lector. A todo ello se suma, por supuesto, su incuestionable calidad literaria y su valor didáctico acerca de diversos aspectos del mundo clásico. Creo que me atrevería a calificar a Ovidio como un "imprescindible" entre los escritores grecolatinos.

Ovidio Nasón nació en torno al 43 a.C., en la zona de Sulmona (una región cercana a Roma). Su educación estaba destinada a convertirlo en un orador o en un político; dedicó la mayor parte de su vida al arte de escribir y recibió magistrales lecciones en Atenas, ciudad a la que viajó con el dinero de la herencia de su progenitor. Residió en Roma durante no poco tiempo, mas en el año 8 d.C. fue desterrado por el emperador Augusto a una región de la actual Rumania. Los motivos de esta expulsión todavía hoy no están claros. Ovidio nos cuenta que una de las causas fue la publicación del Ars Amatoria, un texto quizá demasiado licencioso para el momento y la política en relación al matrimonio y a la moral del emperador en aquel momento, pero bastantes estudiosos discuten tal justificación, ya que el texto se había publicado nada menos que diez años antes. Otras teorías sugieren un conflicto entre Augusto y Ovidio, quizá a causa de la hija del primero, Julia, o de una fuerte diferencia de pareceres. En el exilio, el escritor elaboró numerosos textos en los que muestra su tristeza por hallarse lejos de su amada ciudad, suplicando y aguardando un perdón imperial que jamás llegó.

La obra de Ovidio no fue precisamente escasa. Sus escritos suelen agruparse en función del momento de la vida del autor en el que fueron redactados. Así, tenemos unos textos pertenecientes a la juventud del escritor (como los Amores, hermosos y pasionales versos dedicados a la amada; sobresale aquí una mujer llamada Corina), otros a su madurez (como las Metamorfosis, monumental obra en la que se recopilan de un modo extraordinariamente hermoso distintos mitos grecolatinos) y otros a su exilio en el Ponto (por ejemplo, los Tristes, poemas de tono melancólico acerca de su sufrimiento y añoranza de Roma).

En artículos posteriores trataré de desgranar y explorar con ustedes algunas de las obras más interesantes de Ovidio.