viernes, 18 de diciembre de 2009

Una reflexión sobre el arte en el Satyricon

Como ven, últimamente el tema del cine en este blog se está revelando casi omnipresente, pero teniendo en cuenta que por razones académicas muchas de mis lecturas han estado orientadas en este sentido -además de los evidentes visionados- me permitirán ustedes que continué referenciando algunas cuestiones que pueden llamar su atención y resultan especialmente interesantes.

Hoy, les presento un par de fragmentos del Satyricon, de Federico Fellini. Ya he hablado en este blog del Satiricón de Petronio, la novela base, pero pocas veces de la película. Si me permiten la recomendación, les diré que de nada sirve asomarse a la obra de Fellini pensando encontrar un exacto retrato de la Roma antigua o de la novela homónima. El célebre director italiano reinterpreta, crea, construye a partir de lo existente y de lo imaginado. Y, de esta forma, aparece una de esas películas que quedan en la memoria, tanto por sus diálogos -a veces tomados casi al pie de la letra de la obra de Petronio-, por lo visual de sus secuencias, su curiosa banda sonora, su peculiar enfoque,...

Por tanto, y extrayendo ya tan sólo fragmentos del guión, les sugiero echen un vistazo a estas palabras puesta en boca de uno de los protagonistas en momentos diferentes.

"Tienes ante ti a un poeta. Te preguntarás por qué voy vestido tan pobremente; precisamente, porque la pasión por el arte jamás ha enriquecido a nadie. No comprendo el porqué, pero la pobreza ha sido siempre hermana del genio [...] Las obras que ves en esta pinacoteca delatan el actual letargo... obras así nadie sabe plasmarlas hoy. Y, ¿por qué ha sido provocada esta revolución? Por la avidez de dinero. Tiempo atrás, el ideal de los hombres era la virtud pura y simple, y, por ello, florecían las artes. Eudosio envejeció en una montaña estudiando los astros, Lisipo observó toda la vida la misma pauta y murió de hambre. Nosotros, en cambio, entre vino y rameras, ni siquiera sabemos distinguir las obras maestras. Pero, ¿dónde está la dialéctica? ¿Qué se ha hecho de la astronomía? ¿Dónde está la filosofía que una vez fue camino real? Ah, no te sorprendas, joven amigo, de que la pintura esté acabada, ya que es más bello a nuestros ojos un montón de dinero que todas las obras de Apele de Fidias".

[Extracto que pueden localizar en torno al minuto 21-22]


"Pero a ti sólo puedo hacerte heredero de aquello que yo tuve... Te lego la poesía. Te lego las estaciones, sobre todo la primavera y el verano; te lego el viento desencadenado, el sol y la luna; te lego el mar apacible, incluso la tierra que habitamos; las montañas, los ríos y las grandes nubes que viajan majestuosas y livianas. Tú las mirarás y tal vez te acuerdes de la breve amistad. Te lego los árboles y los ágiles seres que en ellos moran, el amor, las lágrimas, la alegría, las estrellas; te lego los sonidos, los cantos, los rumores, la voz de las personas, que es la música más armoniosa".

[Extracto que pueden localizar en torno al minuto 47-48]

En ambos casos, es el poeta Eumolpo el personaje que pronuncia estas palabras, interpelando a Encolpio, uno de los indiscutibles protagonistas. Sorprende la atemporalidad de algunos temas y la singular belleza, al igual que la perfecta sencillez, de distintas partes, especialmente poderosas e interesantes. ¿Un consejo? Si pueden localizar y ver ambos fragmentos en italiano, no los escuchen en español; aún pese a que se trata de un buen doblaje, pierda parte de la esencia, del 'alma' original. Aunque esto último, por supuesto, es una mera observación personal.

(I) La imagen se corresponde con el primer fragmento referido.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Cabiria

Pocas películas 'de romanos' pertenecientes a la primera veintena del siglo XX resultan tan importantes como Cabiria. Todo un ejemplo del inicio de cine de este género, además de, en sí misma, una excelente obra cinematográfica por cortesía de Pastrone. Esencial para cualquier amante del cine o de las clásicas... o, por supuesto, de ambas materias.
El argumento de esta película es relativamente sencillo, aún teniendo en cuenta sus casi cuatro horas de duración. Se ambienta en la época de las Guerras Púnicas y engloba no sólo a Roma y a Cartago, sino a la célebre isla de Sicilia. Es de este lugar de donde procede Cabiria, la cual sufre la terrible erupción del Etna y posteriormente, perdido su hogar y su familia, es llevada como esclava a Cartago, donde un poderoso romano, además de un personaje que se convierte en el arquetipo del forzudo y buen salvaje, realizan varios intentos de salvarla.
Su director es Pastrone, uno de los grandes cineastas de los Años Dorados del cine italiano. Seleccionó él mismo a algunos de los actores y, de hecho, a modo de anécdota sería interesante mencionar que uno de ellos, el que encarna al fornido Maciste, era un estibador del muelle sin mayores estudios dramáticos.


La película cuenta con una escenografía poderosa y unos decorados que, para su época, impresionan realmente, además de un interesante uso de interiores y de una fotografía creativa. Se regresa a esta 'autenticidad no auténtica' de la que hablaba Griffith y que explotó en su genial Intolerancia. Poco importa que muchos de los edificios y otros lugares reflejados no sean una reproducción exacta de los históricamente correctos; se recurre a menudo a una mezcla de fuentes, culturas y estilos que, en sí, no perjudica a la película.
Existen algunas secuencias que pretenden recrear hechos históricos muy conocidos, a menudo basándose en fuentes como puede ser el historiador Tito Livio. Ejemplos de ello son las referencias a formaciones militares como la testudo romana o al ingenio de Arquímedes incendiando barcos gracias a superficies metálicas reflectantes.
Cabiria tiene, por supuesto, un trasfondo ideológico que enlaza con varias de las ideas mencionadas en apartados anteriores. En primer lugar, tiene que ver con la idea de relevancia de Italia y de supremacía de este pueblo, personificado en estos romanos que se enfrentan a los cartagineses. No aparece de una forma tan clara como en el Escipión, el Africano de 1937, pero igualmente es notable.
Algunos autores han querido ver también un reflejo de la idea filosófica del buen salvaje en confrontación con una civilización poco civilizada e insana. En este caso, este forzudo Maciste encarnaría a un ser perteneciente a una suerte de Edad de Oro moral, virtuoso y no afectado por las corrupciones y retorcimientos de los gobernantes de Cartago que, como muchos otros dirigentes en esta clase de películas, pueden observarse despóticos y consumidos por el avance y el poder. Un tema muy reiterado incluso hoy día.


El fanatismo y la idolatría también la película, con esos 'decadentes'cartagineses implorando a unos dioses no existentes y cometiendo atroces sacrificios en honor de estos, una idea que, confrontado a la moral cristiana o, en otro caso, a la idea de virtud romana, roza la cuestión de la barbarie en plena civilización.

jueves, 3 de diciembre de 2009

Alma Tadema y la pintura de tema antiguo

Con gran frecuencia, tanto en este blog como en los otros dos de los que soy autora, empleo como recurso distintas imágenes, para amenizar las lecturas, convertirlas en algo más visual, situar mejor al lector... todo lo que a ustedes se les pueda ocurrir como función de estas imágenes. A menudo utilizo cuadros de distintos períodos, frecuentemente barrocos, neoclasicistas y barrocos. Hoy escribiré acerca de un pintor en concreto cuya producción en torno al mundo antiguo no fue de ningún modo despreciable.

A modo de pequeña introducción biográfica, mencionar que Alma-Tadema fue un pintor nacido en el primer tercio del siglo XIX, encuadrado dentro de la pintura academicista, aunque con un estilo particular que hace diferentes sus cuadros. Pese a que desde su familia se le predisponía para ejercer el oficio de notario, acabó eligiendo el arte como pasión y modo de vida. Su existencia no incluyó verdaderos sobresaltos, sino una cierta cotidianeidad tachonada de varios acontecimientos importantes, como el nombramiento de Caballero de la reina Victoria.

Entre su obra pictórica encontramos unas primeras obras de juventud de tema casi costumbrista, seguidas de una amplia producción en cuanto a temas antiguos, tanto Grecia como Roma. Pintó no sólo acontecimientos o grandes tópicos como la muerte de César o el rapto de las sabinas, sino también unas escenas razonablemente cotidianas bajo un prisma idealizador y otros momentos menos conocidos por el gran público que beben de fuentes literarias clásicas en su mayor parte. Con una decoración cuanto menos suntuosa y un gusto por el detalle sublime, las pinturas de Alma Tadema, no por ello libros de historia o fotografía de yacimientos arqueológicos, son ineludibles.

Les dejo algunos ejemplos acompañados de fragmentos literarios o históricos:


[Refiriéndose al emperador Claudio] Expulsado con otros por los asesinos de Gayo cuando alejaban a la muchedumbre bajo el pretexto de que éste deseaba estar solo, se había retirado a un pabellón llamado Hermeo; y, no mucho después, aterrorizado por la noticia del asesinato se escabulló a una terraza próxima y se ocultó entre unos cortinas que colgaban por delante de la puerta. Mientras se hallaba escondido un soldado raso que pasaba casualmente por allí, impulsado por el deseo de saber quién era, pues había visto sus pies, lo reconoció y lo saludó como emperador.

[Vida de los Césares, Suetonio]


Se han sumergido la luna y las Pléyades, media
noche, pasan las horas y yo me acuesto sola.

[Fragmentos conservados de Safo de Mitilene]

Dicen que hay nueve musas. ¡Desmemoriados! Han olvidado a Safo,
musa mortal entre las musas.

[Posiblemente pseudo Platón]


Llorad, tanto Gracias y Cupidillos,
como todos los hombres más sensibles.
El gorrioncito de mi niña ha muerto,
el gorrioncito, joya de mi niña,
a quien amaba más que a sus ojitos;
pues de miel era y conocía, como
la hija conoce a su madre, a su dueña;
nunca se apartaba de su regazo,
sino que, saltando a su alrededor,
piaba constantemente para su ama.
Y ahora hace un camino de tinieblas,
hacia un lugar de retorno prohibido.
Sed malditas, malas sombras del Orco,
que fagocitáis todo lo precioso;
me arrancasteis este gorrión tan lindo.
¡Oh, acción malévola! ¡Oh, gorrión perdido!
Ahora, por tu culpa, los ojitos
hinchaditos de mi niña se encarnan.

[Antología poética, carmen III, Catulo]

sábado, 28 de noviembre de 2009

Titus, reinterpretando a Shakespeare

Dentro del cine conocido frecuentemente como 'de romanos' existen películas llamadas a quedarse en el olvido, películas que hacen sentir a una que ha perdido el tiempo, películas que se sabían interesantes y en efecto lo son y, finalmente, películas que se revelan descubrimientos y que sorprenden al espectador.

Titus es, en primer lugar, una demostración de que Shakespeare, al igual que muchos otros autores de la historia de la literatura, posee grandes temas simplemente atemporales. Y, en ese sentido, poco importa que se trate de romanos vestidos de toga o de una estética a medio camino entre lo gótico, lo moderno y lo romano. Ya en la propia introducción al filme se reproduce un breve texto que introduce la línea en la que se moverá el filme. No es sólo una película más 'de romanos' (si es que realmente puede englobarse en ese género). Es una película para detenerse, para pensar y para extraer unos cuantos mensajes.


Realmente, la tragedia original de Shakespeare, que se reinterpreta y aparece de fondo en su esencia original, no era una obra histórica al uso, como podría haber sido Julio César o Marco Antonio y Cleopatra, con mayores o menores licencias basadas en personajes y períodos reales. El argumento de Titus Andronicus es ficticio, al igual que los distintos caracteres. Sin embargo, la época en la que se ambienta es muy real, del mismo modo que algún personaje (Saturnino) está basado indirectamente en un aspirante a emperador de los últimos años del Imperio Romano.

Roma aparece enfocada bajo una óptica a caballo entre lo que identificamos como antiguo -clásicos como el Coliseo, determinadas estatuas o un Senado heredero directo de la película de Espartaco (1960)- y una dimensión que juega con lo moderno -vehículos actuales, trajes modernos mezclados con togas, videojuegos y costumbres actuales-, incorporando una serie de rasgos simplemente alejados de lo conocido y casi propios de ciencia ficción y el surrealismo. En conjunto, una buena composición que puede desconcertar un tanto al espectador de forma inicial, pero que a la postre hacen que la película gane. En el fondo, ayuda a hacer esa sublectura de las referencias a problemáticas actuales que parten de cuestiones negativas que parecen haber hecho sombra al ser humano a lo largo de toda la historia, como la violación, la venganza y el asesinato, de hecho personificadas ya en el original.

El filme es, en conjunto, bastante visual, con secuencias muy logradas, buenos escenarios y una interpretación sumamente interesante por parte de los actores. Destacan en el reparto Anthony Hopkins y Jessica Lange, encarnando los papeles principales con gran maestría. En una película como ésta la versatilidad y el talento de estos actores resulta especialmente relevante, teniendo en cuenta lo complicado que es realizar una interpretación como de Shakespeare transmitiendo al espectador tanto o más con las antiguas palabras que con un diálogo compuesto de forma más actual. Adaptada, es cierto, pero fiel a la obra original en lo que debe ser fiel, dejando un lado bastante amplio a la creación artística.

Otro de los rasgos más interesantes de la película son sus diferentes lecturas. Un filme que llega al público que no conoce a Shakespeare ni sabe exactamente qué va a ver, obligándole no obstante a reflexionar, así como también a aquellas personas que desean realizar una interpretación algo más profunda, llegar a un subtexto más hondo, que aunque a primera y superficial vista no queda demasiado claro, no precisa de una segunda visualización para ser captado.

Como decía, es un filme visual, con secuencias poderosas y una banda sonora que, personalmente, me ha impresionado de forma muy grata. Se aleja de lo frecuente y encaja perfectamente con el tono de la película, añadiendo dramatismo y otorgando el carácter adecuado a diferentes escenas. Aunque la película tiene sus momentos violentos, e inclusive desagradables, no se trata de una violencia por la violencia, o un sencillo 'porque sí' tan extendido en determinados filmes comerciales de la actualidad. Encuentra una justificación en el texto y en el subtexto, y necesita una lectura para comprenderse y una regresión a la fuente original.

Aquí dejo una secuencia en la que Anthony Hopkins realiza una excelente interpretación del texto shakesperiano.



A modo de curiosidad, en su realización participó como diseñadora de vestuario una persona implicada en el proyecto de La naranja mecánica, por lo que los fans de Stanley Kubrick posiblemente encuentren alguna clase de analogía. Los escenarios, por su parte, tuvieron entre sus creadores a uno de los participantes en la preparación del rodaje de El aviador. Y de nuevo las analogías en la forma y el tono.

Nota final: Si tienen ocasión de verla en inglés, aunque sean necesarios los subtítulos en español, no dejen de hacerlo.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Murena

Al hilo de mi reciente artículo en mi blog de literatura acerca de un interesante cómic japonés, me dispongo a hacer una referencia al mundo del cómic en este blog. La intención es clara. Por un lado, evidentemente lúdica. ¿Quién no disfruta con la lectura de un buen cómic? Más cuando se trata de una buena mezcla de literatura, historia y dibujo. La segunda intención, quizá un tanto más oculta pero al mismo tiempo evidente, tiene relación con el mundo de lo educativo. Aunque evidentemente una obra como un cómic no es un libro de historia, ni pretende serlo, sí puede resultar de utilidad para ponernos en contexto, conocer cuatro nombres importantes y, lo que es más importante, despertar en los lectores el deseo de aprender más, de contrastar, de investigar, de averiguar, de apurar hasta el fondo la dulce copa del saber.


Murena es un proyecto llevado a cabo por el autor francés Jean Dufaux (guionista del cómic), al que posiblemente ya hayan visto en las librerías con otros títulos, y por el genial Philippe Delaby (dibujante), igualmente célebre por su maestría con los lapices. Inacabado por el momento -tendremos que esperar unos cuantos años para ver Murena terminado- cubre el período que sigue a la muerte de Claudio, así como el gobierno de Nerón con todos sus enrevesados acontecimientos y, suponemos, el final de este emperador. ¿Se referirá también al convulso período entre Nerón y Vespasiano? El tiempo dirá.

Aunque el cómic se ambienta en un determinado período histórico bastante bien documentado en lo que a edificios y situación se refiere, no narra como resulta evidente los acontecimientos de frío modo. Los a veces complejos personajes viven sus particulares historias, que se entrecruzan en una magna historia, tan imponente como la misma Roma que con agudo guión y bello dibujo se retrata.

Algunos ficticios, otros con evidente base histórica, los personajes resultan cuanto menos interesantes desde el punto de vista argumental. Tenemos a un Claudio de profundo transfondo humao frente a un Nerón complejo y bastante asimilado a lo que la cultura popular dice acerca de él, con un Británico 'bueno' y anodino. Destaquemos a una fascinante Agripina la Menor, tanto por su lado más oscuro como por su aura cautivadora, y a una maquinadora Popea que se revela como toda una mujer de armas tomar. Añadamos un protagonista que pasa a través de las páginas sin mayor pena ni gloria y otros personajes que nos recuerdan a otras obras literarias. El Petronio de Dufaux parece hacerse eco de aquel que todos recordamos tras haber leído, más que visto, Quo Vadis?. Dicen que los clásicos nunca mueren.


Ágil, ameno, de rápido ritmo en que se entremezcla la ficción y la historicidad, el uso ajustado de las fuentes y el total olvido de ellas. Murena resulta en cierto modo más interesante desde la pura perspectiva del cómic que desde una más rigurosa en lo que a historia se refiere. Y, aún así, resulta una publicación interesante en lo relacionado con ella. Además, los dibujos, en un plano puramente artístico, son sublimes, con un gusto excelso por el detalle y la precisión. No es difícil perderse durante largo tiempo contemplando una viñeta, admirando el capitel de la columna del fondo de ésta, perfectamente reflejado.

Murena se estructura por lo de ahora en dos ciclos, el primero de los cuales ya ha sido completamente publicado en España. Me refiero al Ciclo de la Madre, seguido del llamado Ciclio de la Esposa. Es inevitable no pensar en Agripina y Popea al leer sendos títulos y recordar lo leído en los distintos cómics. A continuación, una breve referencia a los títulos publicados en España, adecuadamente clasificados:

Ciclo de la Madre (Cycle de la Mère)
El púrpura y el oro
Arena y sangre
La mejor de las madres
Los que van a morir...

Ciclo de la esposa (Cycle de l'Epouse)
La diosa negra
La muerte de las bestias

(I) Imagen de la portada del primer tomo.
(II) Una interesante y trabajada viñeta.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Leyendo acerca del peplum

Durante mis constantes lecturas sobre el género comunmente conocido como 'cine de romanos', lecturas que se han hecho más específicas y concretas a lo largo de las últimas semanas, he hallado textos bastante interesantes. Lo cierto es que es uno de los temas acerca de los que ahora leo con frecuencia y, dado que estos blogs reflejan por lo general lo que me gusta dentro de mi adorada historia y mitología, creo probable acabar publicando referencias a los textos que más me hayan interesado.

Hoy aprovecho para recomendarles, al hilo de un artículo escrito en este blog hace ya más de un año y de este tema que les menciono, unos cuantos títulos. El cine de romanos es una cuestión cuanto menos fascinante, que entremezcla arte, historia, ideologías varias, evolución del cine y una amplia colección de materias que incluyen sociología, psicología de masas, antropología,... El valor de una buena película, aún de una cuya historicidad sea cuestionable, es a menudo cualitativo más que cuantitativo. Sin duda, una mezcla de análisis del movimiento artístico, del entorno sociopolítico del momento, de la ideología particular y estilo de guionistas y directores, del momento concreto del estreno y, por supuesto, de los acontecimientos retratados.

Existe un libro sumamente ameno y completo, publicado en castellano por la editorial Alianza y llamado Peplum. El mundo antiguo en el cine. Con el ya reputado Jon Solomon como autor, el texto en cuestión nos ofrece un completo e ilustrado recorrido, no por un tanto lúdico menos minuicioso, por la historia del cine de griegos y romanos, parcelándolo en distintos momentos y temas. Muy recomendable. ¡Ah, a modo de curiosidad! Consta de nueve capítulos, el título de cada uno de los cuales es el nombre de una musa.


Para el público que no desee textos a menudo un tanto (y resalto 'un tanto', no exageremos) farragosos, es preciso recomendar una bastante reciente publicación, de lectura muy sencilla, estructurada en capítulos ordenados de forma cronológica y referencial a grandes temas de la historia de Roma tratados en películas. Hablo de La antigua Roma en el cine, de Juan J. Alonso. Un lenguaje sencillo, cercano, abundantes curiosidades y anécdotas, acompañadas de apuntes serios en cuanto a historia. Una buena obra ligera de la que tanto público 'profano' como amantes de la cultura clásica pueden disfrutar.


Como despedida, les dejo un link a uno de los valiosos blogs de Fernando Lillo Redonet, en el que hace referencia a una serie de publicaciones posteriores al congreso Imagines. La antigüedad en las artes escénicas y visuales. En él, pueden encontrar algunos interesantes documentos para descargar, tratando temas tan fascinantes como la ciudad romana como escenario y ente propio en el cine de este género o la aplicación didáctica de estas películas.

sábado, 17 de octubre de 2009

Ágora

Ayer tuve la oportunidad de acudir al cine a ver, al fin, esta película de Alejando Amenábar cuyo estreno, al igual que tantos y tantos amantes del cine, las clásicas y la cultura en general, llevo meses aguardando. Antes de ello, he dedicado un tiempo a observar, a lo largo de las últimas semanas, la imponente campaña de marketing, así como las buenas críticas que ha recibido. Y, por supuesto, su repercusión mediática y la gran aceptación por parte del público, que literalmente está llenando las salas.


Teniendo en cuenta que las fuentes acerca de Hipatia son considerablemente escasas, el retrato de esta mujer realizado en la película es cuanto menos rico, inspirador, casi poético y, algo importante, cercano. No nos cuesta imaginarnos a una Hipatia de carne y hueso, próxima, sin duda existente y viva, que se emociona y nos emociona a nosotros con su ansia de saber, de entender, de rozar aunque sea el conocimiento, lo que es motor de la ciencia y de la filosofía. Y, sin embargo, pese a que ocasionalmente se trate de un retrato algo idealizado y a que son numerosas las licencias históricas y puras ucronías (un '¿qué hubiera pasado si...?'), no es complicado diferenciar entre lo real y lo añadido. En lo referente a esto, y como suele suceder en las películas de este tipo, se proporcionan pequeños textos al inicio y final del filme para contextualizar la cinta y para exponer de un modo muy escueto los acontecimientos reales.

El modo en el que se refieren los acontecimientos que en la Alejandría del momento -y por ende en buena parte del Imperio- se desarrollaban; esa época de cambio, de crisis si me apuran, es cuanto menos visual y accesible para el espectador común, aunque fiel en buena parte a la historia.


De Ágora no resulta tan sólo atractivo el hecho de que retrate a una de las grandes mujeres de la historia, que nadie debería pasar por alto, ni que se refiera a una época interesante, que hasta ahora ha sido tratatada pocas veces desde la perspectiva del filme, muy diferente a la del peplum de los sesenta. Ágora es una película con abudantes segundas lecturas y con mensajes atemporales, como suele suceder con muchos análisis que se hacen de determinados momentos de la historia. Temas recurrentes, que hoy día nos estremecen, si extrapolamos conceptos y hablamos de intolerancia, crisis, imposición, cambio, fanatismo, intransigencia, cultura pacífica y de la paz en nuestros días. Y cómo olvidar las palabras puestas en boca de Hipatia en una determinada escena, que no pocas personas repiten hoy día y que pueden considerarse sencillamente atemporales: Es mucho más lo que nos une que lo que nos separa.

Ni qué decir tiene que les invito a ver, comentar, opinar, criticar, analizar, disfrutar -y quién sabe cuántos verbos más- esta película. No les decepcionará.

Link a la web oficial.

martes, 13 de octubre de 2009

Las ruinas del Coliseo en el Prado

Visitando el Museo del Prado hace unos días, no pude evitar fijarme en esta excelente obra de un gran pintor francés, Hubert Robert. Recuerdo esta pintura en una sala no demasiado amplia, entre dos interesantes cuadros de tema mitológico en torno a los amores de Zeus. Creo que se trata de una de esas imágenes que no se borran de la retina, uno de esas pinturas que pasan a formar parte de la colección de arte que cada cual lleva en el corazón.

Robert se sintió fascinado desde su juventud por el Mundo Clásico, y el recuerdo que de éste pervivía. De hecho, se le considera como el gran introductor de la pintura de ruinas en Francia. En muchos de sus cuadros, refleja esta pasión por el mundo antiguo, así como también por algunas obras arquitectónicas de su época.

La obra en cuestión que hoy les presento refleja el Coliseo, mas no en su momento de esplendor, como estamos acostumbrados a verlo en representaciones, sino en la época en que fue objeto de expolios, reutilizándose parte del material de construcción del mismo. Algo que, preciso es mencionarlo, sucedió con muchos otros grandes monumentos.

lunes, 28 de septiembre de 2009

A Roma sepultada en sus ruinas

Recuerdo haber escrito un post acerca de las ruinas de la Itálica, bajo la romántica y lírica visión de un poeta. Aunque las épocas en las que fueron escritos ambos poemas son distintas, así como el estilo de los autores, esa melancolía, esos versos que reflejan la visión de lo que ya no es, el recuerdo triste que a menudo transmiten las ruinas.

Se trata de la clase de fragmentos que me causan una extraña melancolía y es que, a día de hoy, todavía los monumentos de civilizaciones antiguas, así como las visitas a las ciudades clave de éstas, provocan en mí una sensación muy reiterada. Una mezcla de alegría, de adoración, de orgullo, de satisfacción, de curiosidad, pero igualmente de tristeza. Los últimos versos del poema de Quevedo reflejan muy bien esta poética melancolía.


A Roma sepultada en sus ruinas


Buscas en Roma a Roma, ¡oh, peregrino!,

y en Roma misma a Roma no la hallas;
cadáver son las que ostentó murallas,

y tumba de sí proprio el Aventino.

Yace donde reinaba el Palatino;
y limadas del tiempo, las medallas
más se muestran destrozo a las batallas
de las edades que blasón latino.

Sólo el Tíber quedó, cuya corriente,
si ciudad la regó, ya, sepultura,
la llora con funesto son doliente.

¡Oh, Roma!, en tu grandeza, en tu hermosura,
huyó lo que era firme, y solamente
lo fugitivo permanece y dura.


(I) Imagen de unas ruinas romanas, muy hermosa a mi parecer.

martes, 22 de septiembre de 2009

'La luz se fue con Juliano...'

Pensaba publicar hoy un artículo sobre el ya muy próximo estreno de Ágora, pero tras una relectura rápida de Juliano el Apóstata, excelente novela de Gore Vidal, me he decidido a compartir con ustedes el final de ésta, rico en metáforas, diáfano e interesante a la hora de pensar en el final del Imperio Romano y de la cultura de éste como tal. Evidentemente, como toda obra literaria, la novela tiene un claro alarde de subjetividad que nadie puede negar, y muchos de sus pasajes reflejarán en parte la ideología de su escritor, pero igualmente, y al margen de toda posible ausencia de objetividad, me parece interesante este par de párrafos correspondiente al desenlace de la novela. Disfrútenlo.


Estoy a solas en mi estudio. Ya he guardado los escritos de Juliano. Todo ha terminado. El mundo que Juliano quería defender ha desaparecido... pero no pondré 'para siempre', porque, ¿quién conoce el futuro? Mientras tanto, los bárbaros están ante las puertas de la civilización. Pero cuando rompan el muro no encontratán nada valioso que tomar, sólo reliquias vacías. Ha desaparecido el espíritu de lo que éramos. Así sea.


He leído a Plotino durante toda la tarde. Tiene el poder de calmarme, y encuentro su tristza extrañamente reconfortante. Incluso cuando escribe: 'Vivir aquí con las cosas de la tierra es un sometimiento, una derrota, un fracaso del vuelo.' El vuelo evidentemente ha fracasado. Uno se somete. La derrota es segura. Incluso mientras escribo estas líneas, el pábilo de la lámpara se acaba, y se reduce la zona de luz en la cual estoy sentado. Pronto el salón estará a oscuras. Uno siempre ha tenido que la muerte sea como esto. Pero, ¿qué otra cosa hay? La luz se fue con Juliano. Ahora no queda otra cosa que dejar que lleguen las tinieblas y esperar un nuevo sol y otro día, nacido del misterio del tiempo y del humano amor a la luz.


Trataré de escribir en breves un artículo que trate con relativa profundidad la figura de Juliano, muy interesante emperador y personaje de la historia romana. Aún pese a que ocupó el poder durante menos de tres años, ha pasado a la historia y ha sido inmortalizado en numerosas obras artísticas, como esta interesante novela de Gore Vidal. Tomen el fragmento como pequeña invitación a leer acerca del tema.

domingo, 13 de septiembre de 2009

El jardín de Hipatia

Con el estreno de Ágora, dirigida por Alejandro Amenábar, cada día más próximo, el tema de Hipatia de Alejandría parece haber empezado a proliferar por blogs de clásicas y webs de temática semejante, algo que desde luego me parece interesante, ya que todo lo que contribuya a conocer la vida y el mundo de personajes históricos como éste, será bienvenido. Más, si tenemos en cuenta que no hay demasiadas mujeres de la cultura grecolatina que hayan pasado de esta forma a la historia.

Al respecto de Hipatia, en las últimas semanas he podido leer una interesante novela. Acerca de ella había tenido ocasión de devorar algunos ensayos y artículos, pero todavía no me había topado con una obra de narrativa histórica. ¡Y qué obra! Me atrapó desde las primeras páginas, y no sólo porque desde el punto de vista literario resulte amena y bien construida, sino porque realmente me ha gustado el modo en que refleja el período histórico y los acontecimientos que en ese momento tuvieron lugar. Su Hipatia es fascinante, como debió serlo la de hace casi diecisiete siglos.


Les recomiendo fervientemente la lectura de la novela, quizá un tanto más compleja y con una mirada más profunda que las anteriores, de las cuales es importante mencionar Las puertas de seda. Me ha encantado el retrato del una parte del mundo oriental antiguo.

Pueden visitar la página web de la autora, Olalla García, aquí.
Les recomiendo, además, este artílculo sobre una de las presentaciones de la novela, en Sabadell. Lo encontrarán en este enlace.

martes, 8 de septiembre de 2009

Lingua Latina Per Se Illustrata

Ante todo, mis lectores y lectoras, les debo una evidente disculpa por esta larga y veraniega ausencia sin haber dejado un cartel con el arquetípico mensaje de 'Cerrado por vacaciones'. Lo cierto era que no pretendía, ni muchísimo menos, abandonar la redacción de posts durante tanto tiempo, pero entre viaje y viaje, vivencia y vivencia, he estado alejada durante un tiempo de la Blogosfera. Aquí estoy hoy de vuelta, como escribía Alberto Gamarra en un comentario que acabo de aprobar, al foso del Coliseo, cual gladiatrix de las palabras dispuesta a seguir escribiendo acerca de esta gran historia de Roma (y de mitología y literatura, como ya supondrán quienes conozcan mis otros dos blogs).

Hoy desearía hablar de un tema que no he tocado todavía en este blog, aunque lleve varios meses con la idea de hacerlo. Resulta paradójico, teniendo en cuenta que a menudo escribo acerca del primer asunto que se me ocurre (como es obvio preparándome previamente), bien porque acabe de concluir una lectura o de ver una imagen inspiradora. Éste es el tema del método de latín Lingua Latina Per Se Illustrata, de Hans Orberg; es decir, La Lengua Latina Ilustrada Por Sí Misma.


Mis intentos de aprender latín se iniciaron hará unos tres o cuatro años, para lo cual traté de hacer uso de un manual que ya tenía unos añitos, un clásico manual de hace dos décadas. Se centraba fundamentalmente en el aprendizaje de regras gramaticales, puras y duras, además de largas listas de vocabulario para memorizar. Apenas poseía ejercicios de tipo práctico, la mayor parte eran del tipo: Escribe el acusativo singular de rosa, rosae, a lo cual el estudiante no tiene más que responder rosam. Los primeros capítulos me fue bastante bien, y realmente pensaba que estaba aprendiendo algo. ¿El problema? El problema surgió al llegar al tema seis o siete, cuando en mi cabeza tan sólo había listas de palabras, declinaciones y las sempiternas reglas de gramáticas. Pueden ustedes decir que eso es saber algo, pero entonces me di cuenta de que aunque tuviese todos esos datos inconexos revoloteando por mi mente, no sabía cómo aplicarlos. Aquello ya no era un lengua, de esas que se leen, se escriben o se traducen, que se sienten como algo vivo, sino palabras sin significado, memorizadas, recitadas a modo de loro o cacatúa. Como supondrán, acabé desistiendo.

Tiempo después, oí hablar de este otro método, y realmente lo hubiera pasado por alto de no ser porque en el artículo que acerca de él había escrito un reputado profesor aparecía una mención a los autodidactas, explicando que el método en cuestión realmente era adecuado a ellos. Por supuesto, yo me incluía en ese grupo, pero aún así todavía no me fiaba. Por ello, acudí a la página web y me descargué los primeros capítulos, además de toda la información que encontré acerca del cuso. Puedo decirles que no tardé ni dos semanas en pedirlos a una librería de Madrid.

El curso se divide en dos partes, Familia Romana y Urbs Aeterna, a su vez subdivididas en capítulos. El método tiene una base eminentemente práctica, además de estar íntegramente escrito en latín. Cada capítulo consta de un texto inicial escrito en la lengua en cuestión, tal cual sucede con algunos manuales para aprender inglés y francés. La dificultad de estos textos está graduada de modo que aumente en relación a los conocimientos que adquiere el alumno, la mayor parte de los cuales, pueden ser deducidos y asimilados sin necesidad de hacer una de las clásicas traducciones o recurrir al diccionario. El propio lector puede extraer del texto reglas gramaticales, que después vienen explicadas en la sección grammatica, tras estas lecturas. Los capítulos incorporan una lista con las nuevas palabras de vocabulario, vocabula nova, cuyo significado igualmente se deducible, aunque resulta aconsejable contar con la ayuda del diccionario, más que nada para aclarar dudas o términos confusos. A esto hemos de añadir tres ejercicios con los que se concluyen los capítulos, llamados pensa. Es posible complementar estos con las actividades de otro librito ajeno al manual, el Exercitia Latina. Lo recomiendo, para reforzar mejor los conceptos y adquirir práctica y algo de soltura... a mi modo de ver, y al menos para el autodidacta, con los pensa no basta.

Aún así, que ningún lector desprevenido pueda creer que, por ser este método más práctico, adecuado a autodidactas o alejado de interminables reglas gramaticales meramente teóricas, estará excluido el estudio y el esfuerzo. Obviamente no es perfecto, ni mágico, ni la 'panacea' en materia de estudios. Las lecturas y los ejercicios requieren dedicación y, por supuesto, constancia. Constancia para revisar lo estudiado anteriormente, continuar día a día con los capítulos y esforzarse en asimilar los distintos conceptos, cosa que se complica conforme avanzan los capítulos y es necesario manejar más gramática y más vocabulario. En contrapartida, los resultados son visibles y, como suele ocurrir, hacen sentir satisfacción y deseos de seguir aprendiendo. Otra de las virtudes del curso, que estoy comprobando todavía, ya que cerca del capítulo diecisiete estoy, y sin deseos de abandonar ni desistir. ¡Les deseo suerte si ustedes también se deciden a utilizarlo!

martes, 7 de julio de 2009

Lecturas veraniegas sobre Pompeya

Hace unos meses recomendaba unos cuantos ensayos de temática clásica, en general. Hoy me gustaría concretar un tanto más y citar algunos libros al respecto de una ciudad maravillosa, Pompeya. No se trata, evidentemente, de los mejores libros sobre el tema, sino simplemente de algunos títulos que he leído recientemente y que con facilidad pueden encontrarse en las librerías.

Y, lo que resulta más interesante, son amenos, accesibles a todo público, sencillos, atractivos e instructivos. Por todo ello, adecuados para aquellas personas que quieran conocer un poco más sobre esta ciudad que ha sobrevivido a los siglos, pero de una manera superficial, tocando ligeramente todos los temas importantes. Otro aspecto a destacar es que la mayor parte de estos escritos se centran en temas de la vida cotidiana, sin dejar de lado la historia, pero mostrando ese ‘cómo vivían’ que resulta tan atractivo para el público en general.

El primero de ellos es Pompeya. La ciudad viva, de Alex Butterworth y Ray Laurence, que realmente no aporta nada nuevo en cuanto a descubrimientos históricos o teorías, pero que combina a la perfección fragmentos cercanos a la novela histórica con largas explicaciones de tipo ensayístico y vistosas imágenes que ayudan a la comprensión. Se estructura en varios capítulos, en orden cronológico con respecto a los momentos históricos tratados, pero agrupados también por temas (por ejemplo, un capítulo dedicado a medicina y métodos curativos y otro a la sexualidad en Roma), siempre haciendo referencia a aspectos de la ciudad de Pompeya.

El segundo, de reciente publicación, es Pompeya. Historia y leyenda de una ciudad romana, que, sin perder de vista el tema central de Pompeya, muestra algunos trazos generales de la cultura romana en general. También accesible y ameno, se trata de una buena lectura para el verano, además de un compendio sobre temas interesantes de la sociedad romana.

¡Disfrútenlos!

martes, 30 de junio de 2009

Patrimonio de la Humanidad

En Galicia estamos de celebración, aunque el hecho de que la Torre de Hércules, el faro más antiguo en funcionamiento, haya sido declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO el pasado fin de semana, es un acontecimiento que creo debería importar a aquellas personas interesadas en las clásicas. Y no solo a ellas, sino a todo aquel que considere importante conocer su pasado y conservar el legado de quienes vivieron antes.

Hace un tiempo escribí sobre la Torre de Hércules, de modo que si quieren leer sobre este monumento, no tienen más que visitar este enlace. Desde este blog, desearía contribuir a difundir la noticia de este nombramiento y, por supuesto, invitarles a visitar tan hermosa construcción. No sólo por el edificio en sí, sino por los siglos y la historia que consigo trae.



Para más información acerca de esta noticia, pueden visitar la web del periódico El Mundo.

sábado, 13 de junio de 2009

El Panteón

Muchas personas, cuando se refieren a los monumentos de la Roma antigua, enuncian como favoritos el Coliseo, el Foro, los distintos arcos de triunfo... pero yo siempre he tenido un indiscutible edificio como predilecto: el Panteón.


La palabra "panteón" procede de dos términos griegos: "pan" (que alude al "todo) y "theos" (que alude a la divinidad, a los "dioses"). En consecuencia, el Panteón es un templo dedicado a todos los dioses, aunque en la actualidad se haya convertido en una iglesia cristiana.


Debido a la inscripción que aparece en el friso, se pensó durante muchos años que se trataba de un templo erigido por Vipsanio Agripa, en el s.I a.C., de ahí la frecuente denominación de "Panteón de Agripa". Mas posteriores investigaciones demostraron que el actual edificio, aún ubicado en el lugar donde se hallaba la construcción de Agripa, fue en realidad erigido por orden del emperador Adriano. Sin embargo, se trató más bien de un reconstrucción y, según algunos historiadores, el edificio original era semejante al que conservamos hoy.


El Panteón es un lugar verdaderamente mágico. Se erige grande, imponente, en medio de algunas calles por las que es todo un placer pasear. Si visitan Roma, no pierdan la oportunidad de tomar algo en las cafeterías que hay cerca... es fabuloso hacerlo mientras se contempla esta increíble obra. Si la visión desde el exterior es ya impresionante, una vez se entra en él, resulta ya casi imposible de describir. Uno tiene la sensación de estar introduciéndose en un lugar sagrado, ciertamente y, aunque actualmente sea un templo cristiano, lo cierto es que esto no se hace notar demasiado. No es como la Basílica de San Pedro, con ese aire religioso cristiano tan marcado. En el Panteón, la verdadera religión parece ser la de la perfección arquitectónica y la hermosura de esa gran obra realizada por el hombre que contribuye a convertir en inmortal una cultura. Pues ya Michelangelo Buonarotti se refería al Panteón diciendo que poseía "un diseño angélico y no humano".

(Todas las imágenes muestran, en efecto, el Panteón).

viernes, 5 de junio de 2009

Canción a las ruinas de Itálica

Hoy he rememorado un fragmento de la poesía de Rodrigo Caro que me gusta especialmente; estos versos muestran las nostalgia del poeta al evocar la civilización romana a través de sus monumentos y lo que estos representan. Hace un repaso a algunos personajes y lugares importantes de la Hispania Romana, en concreto a la zona de la ciudad de la Itálica -a la sazón él era un poeta sevillano-. Me gusta especialmente este tono nostálgico, este lamento por Itálica en ruinas -esa Itálica que en el poema se muestra casi como símbolo de una civilización, de un pasado clásico-, porque me recuerda a ese sentimiento de tristeza que a veces experimento al contemplar unas ruinas, esta tristeza porque no tengo ocasión de contemplar el edificio tal como era en el pasado, entretejida con un sentimiento de sobrecogimiento al observar los vestigios de semejante grandeza. Otra cuestión que también debe tenerse en cuenta es ese interlocutor ficticio presente en el poema, Fabio, y que rememora la estructura de numerosos textos clásicos.


Adjunto ahora dos fragmentos del poema, pues no me parece procedente copiarlo completo. Si desean leerlo entero; simplemente hagan click aquí.

"Estos, Fabio, ¡ay dolor!, que ves ahora
campos de soledad, mustio collado,
fueron un tiempo Itálica famosa.
Aquí de Cipión la vencedora
colonia fue; por tierra derribado
yace el temido honor de la espantosa
muralla, y lastimosa
reliquia es solamente
de su invencible gente.
Sólo quedan memorias funerales
donde erraron ya sombras de alto ejemplo
este llano fue plaza, allí fue templo;
de todo apenas quedan las señales.
Del gimnasio y las termas regaladas
leves vuelas cenizas desdichadas;
las torres que desprecio al aire fueron
a su gran pesadumbre se rindieron.
Este despedazado anfiteatro,
impío honor de los dioses, cuya afrenta
publica el amarillo jaramago,
ya reducido a trágico teatro,
¡oh fábula del tiempo, representa
cuánta fue su grandeza y es su estrago!"

"Mas ¿para qué la mente se derrama
en buscar al dolor nuevo argumento?
Basta ejemplo menor, basta el presente,
que aún se ve el humo aquí, se ve la llama,
aun se oyen llantos hoy, hoy ronco acento;
tal genio o religión fuerza la mente
de la vecina gente,
que refiere admirada
que en la noche callada
una voz triste se oye que llorando,
«Cayó Itálica», dice, y lastimosa,
eco reclama «Itálica» en la hojosa
selva que se le opone, resonando
«Itálica», y el claro nombre oído
de Itálica, renuevan el gemido
mil sombras nobles de su gran ruina:
¡tanto aún la plebe a sentimiento inclina!"

Nota final: Rodrigo Caro escribió algunos versos más con temas clásicos, incluso de mitología, a los que supongo que acabaré por referirme en alguno de mis blogs.

(I) Las ruinas de la Itálica, como no podría ser de otra manera.

jueves, 28 de mayo de 2009

Un poco de color

En la recreación de la que hablaba en mi artículo anterior, faltaba exactitud en un punto, que hábilmente señalaron varios de los bloggers que dejaron sus comentarios. Se trata de la coloración de edificios y estatuas; esa blanquísima pureza marmórea que no se corresponde con los histórico. Este fallo es muy frecuente y, de hecho, se muestra en casi todas las superproducciones acerca de la antigua Roma, especialmente en el peplum de los años cincuenta y setenta.

Al fijarme en ello, he recordado una imagen muy curiosa que tenía guardada y que me parece interesante compartir hoy (pues con la estatuas sucede algo parecido a con los edificios). Se trata de una recreación de lo que pudo ser una famosa escultura del emperador de Augusto cuando, en lugar de mostrar el mármol desnudo (estado en el que se encuentra actualmente), se hallaba cubierta por una capa de pintura, revelándose como una bella estatua policromada. Evidentemente, es una recreación basada en conjeturas y suposiciones... no podemos asegurar que la escultura policromada fuese exactamente así.


Nota: En algunas de las láminas del genial ensayo El mundo clásico (Robin Lane Fox), pueden encontrarse otras recreaciones de esculturas policromadas.

lunes, 25 de mayo de 2009

Un paseo por la Roma antigua

No, por desgracia, mi artículo no tendrá como tema el descubrimiento de un artilugio para viajar en el tiempo equiparable al ingenio de H. G. Wells (La máquina del tiempo) o a los futuristas sistemas del señor J. J. Benítez (Caballo de Troya). En efecto, no nos es posible regresar a la antigua Roma ni vivir en ella, pero la labor de recreación, a nivel informático, que los especialistas realizan actualmente es apabullante. Por ello, aunque no podamos caminar literalmente por las calles de la antigua capital del mundo, sí podemos recurrir a estas reconstrucciones virtuales de edificios, calles y monumentos. Esto es una clara muestra de la infinita utilidad que las nuevas tecnologías tienen en campos muy diversos.

Me gustaría dedicar el post al proyecto Roma reborn, que ya lleva varios años de andadura, por parte de la Universidad de Virginia. El proyecto se resume con facilidad: se trata de un intento de reconstruir informáticamente edificios y lugares claves, como el Foro o el Coliseo. Les dejo un enlace a la página web y unas imágenes del proyecto, cumpliendo con esa sabia y popular sentencia que nos dice que "una imagen vale más que mil palabras".




domingo, 17 de mayo de 2009

Premio Centauro de Oro

Iniciaré el artículo copiando el post que esta mañana ha aparecido en la plataforma de clásicas Chiron.

"Al celebrarse el día de Internet (17 de mayo), Chiron concede el Centauro de Oro a aquellos blogs de temática clásica, mantenidos por alumnos, que constituyen un ejemplo a seguir y un estímulo para fomentar el amor por el mundo grecorromano.

En esta tercera convocatoria, el Centauro de Oro ha correspondido a:

- M@riel, por sus dos blogs relativos a Grecia (Tras las huellas de los dioses) y a Roma (Hijos de Marte). El valioso contenido de ambos blogs se ve acrecentado si tenemos en cuenta que su autora, que vive en Galicia, es una alumna de tercer curso de la ESO.

- Y al blog Aracne fila i fila, del IES Cristòfol Ferrer, de Premià de Mar. Se trata de un blog de aula, donde publican sus trabajos los alumnos de latín, griego y Cultura Clásica, desde 3º de la ESO hasta 2º de bachillerato.

Desde Chiron queremos felicitar sinceramente a M@riel y a los autores de Aracne fila i fila (con su profesora Margalida Capellà a la cabeza) a la vez que les animamos a seguir con su labor, y deseamos que cunda el ejemplo entre los estudiantes que tienen verdadera estima por el mundo clásico. No es otra la razón de la existencia de los Centauros de Oro".

Como ya han podido leer, me ha sido otorgado el Centauro de Oro del año 2009, galardón que distingue a blogs de temática clásica llevados por alumnos. He de decir que me siento muy emocionada y satisfecha; conocía el premio, pero jamás se me hubiese pasado por la cabeza que mis blogs fuesen merecedores de él.

Mi más sincera enhorabuena a l@s otr@s ganador@s del premio; les felicito con toda sinceridad desde aquí. Recomiendo a mis lectores, del mismo modo, que visiten este otro blog premiado, Aracne fila i fila.

Un blog, como ya he escrito en alguna ocasión, no es cosa de una sola persona, sino que propicia un diálogo y una comunicación. En este sentido, escribir en Hijos de Marte y en Tras las Huellas de los Dioses no sería lo mismo de no ser los posts leídos por otros bloggers o usuarios anónimos, que a menudo dejan su opinión en forma de comentarios. He de estar muy agradecida a tod@s ell@s. Además, debo dar también las gracias a aquellas profesoras que en su día me animaron a continuar con mi blog y que contribuyeron con su granito de arena a que fuese un poco más conocido. No voy a enumerar una a una todas las personas que se merecen un agradecimiento, porque sería una labor ardua, digna de la paciencia de alguna divinidad, y porque, con toda posibilidad, olvidaría algún nombre en la lista, con lo despistada que soy. Por ello, a todo aquel que me lea: gracias.

Un cordial saludo.

martes, 12 de mayo de 2009

Un año ya

El artículo de hoy no estará dedicado a ningún tema en concreto de la antigüedad romana; ni dioses, ni personas, ni monumentos, ni lugares, ni costumbres, ni esos textos que aún hoy nos emocionan. Permítanme que este post tenga una temática algo diferente, relacionada con otro aspecto del blog.

Tal día como hoy, hace exactamente un año, empecé a escribir en Hijos de Marte. Llevaba meses con la ilusión de crear un blog donde compartir mi amor por la cultura romana y, cuando inicié este proyecto, realmente no tenía esperanzas de llegar a ninguna parte. Es más, estaba segura de que me cansaría y desistiría al cabo de un par de meses.

Mas no ha sido así. He continuado mi andadura por estos mundos de la Blogosfera, publicando artículos con mayor o menor frecuencia en función de las circunstancias. Estoy segura de que no hubiese proseguido con el proyecto de no haber sentido que mis posts eran leídos por otros bloggers y de no haber recibido los siempre bienvenidos comentarios. Por ello, quiero darles las gracias, a todos los que han leído mis entradas, hayan dejado comentario o no.


Les anuncio, por otra parte, que no tengo ninguna intención de dejar de escribir -ni en este blog ni en ninguno de los otros dos. Me parece un excelente medio para expresarse y compartir conocimientos, pues la escritura en un blog suele complementarse con la lectura de otros. Por ello auguro, sin necesidad de adivino romano y sacrificio, y espero que el año que viene, por estas fechas, aparezca en Hijos de Marte un nuevo posts con el título de Dos años ya.

¡Un saludo y muchas gracias por sus visitas, lecturas, comentarios, sugerencias!

(I) La imagen es una parte del Ara Pacis Augustae, un recuerdo de mi viaje a Roma hace un par de años y medio.

jueves, 7 de mayo de 2009

La novela histórica e ideológica (II)

Escribo, al fin, la segunda parte de este artículo acerca de la novela histórica e ideológica. En mi anterior post, que pueden consultar aquí, realizaba una pequeña introducción al tema a tratar y elaboraba una pequeña semblanza de tres novelas de ideología católica -calificables casi de ultra católicas-, anunciando que en este nuevo post escribiría acerca de novelas con un trasfondo izquierdista.

A la hora de elegir un buen ejemplo que ilustrase tal tipo de novela ideológica, me decidí finalmente por una obra bastante conocida: Espartaco, de Arthur Koestler. Sin embargo, les prevengo: no se trata de la novela de Howard Fast, considerablemente mñas célebre y en base a la cual se llevó a cabo una película homónima (aquella diriga por Stanley Kubrick en el 1960). La novela de Fast merece prácticamente una mención aparte, por su interpretación de la figura de Espartaco que, gracias en buena parte al cine, ha calado en nuestra sociedad. Además, dentro de la obra de este novelista comprometido con las masas, es uno de los libros más importantes e interesantes a la hora de llevar a cabo un análisis.

Sin embargo, este post estará dedicado a la otra novela, la de Arthur Koestler. Aunque pertenece al género histórico, es imposible no establecer un paralelismo entre las acciones que el autor narra y los acontecimientos sociopolíticos que le tocó vivir. Aún más fascinante resulta asomarse a la ideología de Koestler y a su modo de plasmarla.

Koestler nació en el año 1905 y fue testigo de movimientos políticos esenciales en la historia del siglo XX; estuvo en España durante la Guerra Civil y, tras afiliarse a un partido de índole comunista, viajó a la Unión Soviética. En Espartaco aparecen algunas de estas ideas de tipo comunista y, lo que me parece igualmente interesante, el sentimiento del autor hacia estas mismas ideas. Koestler pareció sentirse decepcionado ante el modo en el que funcionaba ese sistema político; quizá hubiese esperado una perfección de gobierno imposible para una sociedad humana o quizá hubiese puesto demasiadas esperanzas en una serie de cosas que luego resultaron no ser como él había imaginado.


Sea como fuere, la cuestión es que este mismo sentimiento aparece en la novela: la del utópico y fraternal estado que traerá una alegría y un gobierno definitivo a los hombres, liberados de las tiranías humanas y de las tiranías del dinero y la propiedad privada, en una suerte de ordenada anarquía que acaba por convertirse en una nueva dictadura. Persiste, pues, el desencanto en base a la interpretación que el autor realiza del momento en el que vive. Así, moviéndonos ya en el terreno argumental, aparece la Ciudad del Sol, urbe fundada de forma revolucionaria por los esclavos que se han rebelado contra Roma y que, por desgracia, termina fracasando, no sólo por la presión externa, sino por un debilitamiento del sistema político interno.

Con todo, las referencias a filosofías sociales, políticas y económicas de Koestler son muy interesantes; el escritor, más que novelista, se eleva a la categoría de observador y pensador constructor de una fábula histórica. Su extraordinaria figura y la evolución de su pensamiento es a lo largo de su obra es otro gran detalle a tener en cuenta.

(I) Imagen de Arthur Koestler.

domingo, 3 de mayo de 2009

Floralia

[Tomen este artículo como intermedio antes de la publicación de la segunda parte de La novela ideológica e histórica]

En la antigua Roma, se celebraba entre el 27 de abril y el 3 de mayo (es decir, tal día como hoy), una festividad anunciada con el ya hermoso y sugerente nombre de Floralia. Se trata de una celebración sumamente alegre, en la que lo social y lo religioso, como suele suceder, confluyen en un mismo punto. Y es que las Floralia nacieron y se celebraron en honor a la diosa Flora, divinidad vinculada con la naturaleza y el renacer de la vida en la primavera. Esta idea puede relacionarse con otras fiestas religiosas de muchas otras culturas.


En el ámbito religioso, se ofrendaban a Flora alimentos simbólicos como la leche y la miel, y se llevaban a cabo las oportunas ceremonias. Los romanos solían vestir estos días con colores alegres, que casaban a la perfección con el ambiente festivo y las flores que se empleaban para decorar algunos lugares. Esta festividad era importante también para las prostitutas, que adoptaron las Floralia casi como fiesta propia.

Les recomiendo la lectura complementaria del post en honor de las Floralia escrito por Isabel Romana en sus blog Mujeres de Roma.

(I) Flora y Céfiro vistos por el pintor Willian Adolphe Bouguereau.

martes, 28 de abril de 2009

La novela histórica e ideológica

[Ante todo, debo pedir disculpas mis lectores por la ausencia de artículos en las últimas tres semanas; estoy segura de que a partir de ahora podré recuperar el ritmo de publicación].

Revisando ayer mi pequeña biblioteca, me encontré con una serie de novelas que me han llevado a escribir hoy este post. Se trata de novelas de temática histórica, ambientadas en la antigua Roma, pero que tienen la peculiaridad de mostrar, además, una determinada ideología, de un modo más o menos claro. Bien es cierto que ningún autor está a salvo de dejar huella en aquello que escribe de sus ideas y pensamientos, pues escribir es, como se suele decir, hacer cantar al alma; es, al fin y al cabo, un modo de expresarse, de mostrar la propia voz. Sin embargo, no todas las novelas históricas reflejan como éstas una determinada ideología, lo que las hace realmente interesantes, siempre y cuando el lector tenga conciencia de que no se trata de un libro ni mucho menos imparcial y posea una serie de conocimientos acerca de la época en cuestión, para detectar detalles que quizá no se correspondan al cien por cien con la realidad. Esto se complica cuando hablamos de una "realidad" que tuvo lugar hace casi dos mil años, y de la cual nos han llegado una serie de vestigios, pero ni mucho menos todos los datos.

La novela histórica ideológica no es ni mejor ni peor que una novela que pretende presentarse como menos parcial. Ambos tipos de libro resultan realmente interesantes siempre y cuando permanezcan en sus géneros y el lector sepa diferenciar. No debemos, pues, despreciar la novela ideológica de buenas a primeras, sino el uso que se pueda hacer de la misma. Por ejemplo, si empleásemos una novela con una ideología ultracatólica o una completamente contraria a la religión cristiana para ilustrar el nacimiento de esta religión en una clase de historia. En ambos casos, posiblemente se disfrazaría una realidad histórica para expresar una determinada idea político-religiosa. Aquel que tratase de analizar un acontecimiento de esta manera, adquiría una visión por completo parcial.

En este artículo me referiré a las novelas históricas de ideología cristiana, en especial a una serie de libros que se escribieron hace casi un siglo y en los cuales la moral cristiana y el pensamiento cristiano son opuestos por el autor al paganismo y el modo de vivir, en algunos momentos condenado por el escritor. Se cae a menudo en un excesivo ensalce de algunos personajes cristianos y de su papel en la historia, frente a una condena total de otros caracteres paganos, a menudo suprimiendo o tergiversando detalles históricos. La figura de Jesucristo no aparece demasiado, siendo un tema central el nacimiento de las primeras comunidades cristianas y de la Iglesia. Tal tema tiene abundantes lagunas históricas, que en estas novelas rellena con frecuencia el mito.

Les dejo un par de títulos que posiblemente conocerán, acompañados de un resumen del argumento:

Ben-Hur. Ambientada en la Palestina de tiempos de Jesús. Protagonizada por Ben-Hur, muchacho noble judío acusado injustamente de tratar de asesinar al procurador romano y condenado a galeras. Salvado tras tres años de esclavitud por un oficial, vive una serie de aventuras (entre las que destaquemos su fase como auriga), se reencuentra con su madre y su hermana y, cada vez más imbuido por la naciente religión cristiana, presencia la muerte de Cristo en la cruz.



Quo vadis? ( que en español significa ¿Adónde vas?). Ambientada en la Roma de Nerón, que es pintado como un sátiro con tintes de Anticristo. El protagonista es Marco Vinicio, un soldado romano (sobrino nada más y nada menos que de Petronio, el autor del Satiricón) que sufre toda una transformación espiritual al enamorarse de una joven cristiana, Ligia. Se trata el tema del incendio de Roma y posteriores persecuciones de los cristianos, con notable influencia de algunos autores clásicos (como Suetonio) y de la ética del autor, al cual condiciona también su pensamiento político.

En mi siguiente post, escribiré acerca de la novela de ideología política izquierdista ambientada en Roma.

domingo, 12 de abril de 2009

Ágora, de Alejandro Amenábar

Navegando hoy por la Red -y me dirán que muy tarde me entero de las noticias- he encontrado el tráiler de la nueva película de Alejandro Amenábar, proyecto que ha sido anunciado desde hace meses y cuyo estreno está previsto para otoño de 2009. En el filme, que se prevee interesante, se intenta reflejar una parte de la vida de Hipatia de Alejandría, una de las pocas mujeres de la antigüedad conocidas y célebres actualmente por su sabiduría e intelecto (lo cual es una verdadera desgracia). Destacó en el campo de la astronomía y las matemáticas. Al mismo tiempo, la película se convierte en espejo, más o menos parcial, del momento histórico en cuestión.