martes, 27 de enero de 2009

Alexis y Coridón

Como complementos a mis anteriores artículos acerca del gran Publio Virgilio Marón, hoy dejo una de sus églogas o poemas bucólicos más célebres, Alexis y Coridón.

Alexis y Coridón

El pastor Coridón se abrasaba de amor por el hermoso Alexis, delicias del amo; y no tenía qué esperar. Únicamente, a unas hayas espesas de copas umbrosas se llegaba sin tregua; allí, en soledad, estas quejas desaliñadas daba con estéril empeño a montes y selvas:
"Ah, cruel Alexis, ¿no te importan nada mis canciones? ¿No te compadeces de mí? ¿Al final me obligas a morir? Ahora toman la sombra y el fresco los ganados también; ahora los lagartos verdes se ocultan también en los espinares, y Testílide maja para los segadores, cansados del sol rabioso, ajos y serpollo, hierbas olorosas. Mas a mí, mientras sigo tus huellas, y a las roncas chicharras, los matorrales nos hacen eco bajo el sol ardiente. ¿No fue más que suficiente sufrir las amargas cóleras y el desdén soberbio de Amarílide? ¿No lo fue sufrir a Menalcas, por más que él fuese negro y tú blanco resplandeciente? Oh, hermoso muchacho, no te fíes demasiado del color. Las alheñas blancas se abandonan, los jacintos negros se cogen. Tú me desprecias, y no preguntas quién soy, Alexis; qué rico en ganado, cómo abundo en leche blanca como la nieve. Mil corderas mías vagan por los montes de Sicilia; no me falta leche fresca ni en verano ni en invierno. Canto lo que cuando llamaba a su vacada acostumbraba Anfión dirceo en el Aracinto del Acte. Y no soy tan feo; hace poco me vi en la playa, cuando el mar estaba calmo de vientos; no temería yo a Dafnis ante tu juicio, si una imagen no engaña nunca.

Ah, basta con que te agrade habitar conmigo la pobre campiña y las cabañas humildes, tirar a los ciervos y carear el rebaño de cabritos al verde malvar. Conmigo imitarás a Pan tañendo en las selvas. Pan, el primero, nos enseñó a pegar varios canutos con cera; Pan se cuida de las ovejas y de los pastores de las ovejas. Y no tengas reparo en curtirte los labios con el caramillo; por saber esto mismo, ¿qué no hacía Amintas? Tengo una flauta compuesta de siete cañas desiguales que en una ocasión me dio de regalo Dámelas, y dijo al morir: “ahora tú eres el segundo que la posee”. Así dijo Dametas; el tonto de Amintas lo vio mal visto. Hay además dos corcillos (que encontré en un valle poco seguro) con la piel todavía moteada de blanco; secan al día dos ubres de oveja: los guardo para ti. Ya hace tiempo que Testílide me pide que se los deje llevar; y lo hará, puesto que te repugnan mis regalos.

Llégate aquí, oh hermoso muchacho: para ti (mira) traen lirios las ninfas a canastillos llenos; para ti la náyade blanca, cogiendo violetas pálidas y la cabeza de las amapolas, junta el narciso y la flor del eneldo bienoliente; luego, entretejiendo de jara y otras plantas finas, pinta los jacintos negros con la hiniesta amarillenta. Yo por mí cogeré membrillos de tierna pelusa blanquecina, y las nueces del castaño que gustaban tanto a mi Amarílide; añadiré ciruelas color de cera; esta fruta tendrá también su honor. También a vosotros os pelaré, laureles, y a ti, arrayán, a su lado, puesto que plantados así mezcláis vuestros suaves olores.

Eres un rústico, Coridón: ni a Alexis le importan los regalos, y si compites a regalos, Iolas no se quedaría atrás. Ay, ¿qué quise, desgraciado de mí? He metido, loco, el austro en las flores y los jabalíes en las fuentes cristalinas. Eh, ¿de quién huyes, insensato? También los dioses habitaron las selvas, y Paris, el dardanio. Que Palas habite ella sola el alcázar que fundó; a nosotros han de gustamos mas que nada las selvas. La leona torva persigue al lobo; el lobo, a su vez, a la cabra; tras el codeso florido va la cabra retozona; tras ti Coridón, Alexis mío: a cada uno arrastra su gusto. Mira: los bueyes vuelven con el arado colgado al yugo, y el sol, declinando, alarga las sombras crecientes; pero el amor me sigue abrasando. Pues, ¿hay un límite para el amor? Ah, Coridón, Coridón, ¿qué locura se ha apoderado de ti? Tienes la vida a medio podar en el olmo frondoso. ¿Por qué no te preparas a entretejer algo, al menos de lo que hace falta, con mimbres y junco reblandecido? Encontrarás otro Alexis, si éste te desdeña.


(I) Imagen de ambiente campestre.

2 comentarios:

Morgana LeFay dijo...

^^me encanta
Saludos : )

M@riel dijo...

Me alegro de que te guste.
Un besito.