sábado, 3 de enero de 2009

Publio Virgilio Marón

Hace ya unas cuantas semanas prometíaun artículo acerca del célebre escritor Publio Virgilio Marón, que no he llegado a publicar todavía por colgar antes algunos vídeos y posts con respecto a otros temas. Hoy, finalmente, me decido a tratar la vida y obra de este excelente autor latino.

Virgilio nació en el año 70 aC. en un pueblo cercano a Mantua; era hijo de una familia sencilla y no perteneciente a la clase noble. Se instruyó en las disciplinas de gramática, retórica, oratoria,... y gracias a la protección del político Cayo Mecenas accedió a círculos un tanto más selectos de la sociedad. De hecho, el futuro emperador Augusto, por entonces Octavio, fue su amigo y protector. A lo largo de su vida, el escritor conocería y trabaría relación con otros poetas de indudable importancia, como
Quinto Horacio Flaco. Falleció en el 19 a.C. y se cuenta que en su lecho de muerte pidió que fuese destruida su gran obra, la Eneida.


Las obras de Virgilio han pasado a la historia como algunas de las más importantes dentro de la literatura grecolatina. Su Eneida, de hecho, es un texto conocidísimo, que influenció notablemente a autores posteriores. Narra las viscisitudes de Eneas, héroe que, tras la caída de Troya, abandona la ciudad junto a su padre y a su hijo. Se embarca en un periplo por el Mediterráneo que le lleva hasta Cartago, y de allí a la zona de la Península Itálica. A través de su hijo se enlaza el linaje troyano con los futuros reyes de Roma y, por tanto, se vincula míticamente al propio emperador con los dioses antiguos.

Entre otras obras relevantes de Virgilio, es preciso destacar las
Égoglas o Bucólicas (poemas de tono y tema pastoril), las Geórgicas (escritos relacionados con la vida campesina) y una serie de poesías de tipo elegíaco. Con posterioridad trataré cada una de estas obras, además de la Eneida, por separado. Les dejo una de las más célebres égoglas de Virgilio.

Égogla IV -A Polión-


Cantemos, ¡oh Sicilianas Musas!, mayores asuntos;
pues no a todos deleitan las florestas ni los humildes tamarindos:
si cantamos las selvas, que dignas sean las selvas, oh cónsul.

Ya viene la última era de los Cumanos versos:
ya nace de lo profundo de los siglos un magno orden.

Ya vuelve la Virgen, vuelve el reinado de Saturno;
ya desciende del alto cielo una nueva progenie.

Tú, al ahora naciente niño, por quien la vieja raza de hierro
termina y surge en todo el mundo la nueva dorada,
se propicia ¡oh casta Lucina!: pues ya reina tu Apolo.

Por ti, cónsul, comenzará esta edad gloriosa,
¡oh Polión!, e iniciarán su marcha los meses magníficos,
tú conduciendo. Si aún quedaran vestigios de nuestro crimen,
nulos a perpetuidad los harán por miedo las naciones.
Recibirá el niño de los dioses la vida, y con los dioses verá
mezclados a los héroes, y él mismo será visto entre ellos;
con las patrias virtudes regirá a todo el orbe en paz.

Por ti, ¡oh niño!, la tierra inculta dará sus primicias,
la trepadora hiedra cundirá junto al nardo salvaje,
y las egipcias habas se juntarán al alegre acanto.
Henchidas de leche las ubres volverán al redil por sí solas
las cabras, y a los grandes leones no temerán los rebaños.
Tu misma cuna brotará para ti acariciantes flores.
Y morirá la serpiente, y la falaz venenosa hierba
morirá; por doquier nacerá al amomo asirio.

Cuando puedas leer las alabanzas de los héroes
y los hazañas de tus padres, y saber qué es la virtud,
amarillearán los lentos campos blandas espigas,
rosadas uvas penderán de las incultas zarzas,
y los duros robles sudarán un rocío de miel.
Con todo persistirán las huellas de las viejas maldades,
cuyas naves ofenderán a Tetis, cuyos muros ceñirán
ciudades, cuyos surcos hincarán todavía la tierra.
Habrá entonces otro Tifis, otra Argos conducirá
selectos héroes; habrá también otras guerras,
y de nuevo se lanzará sobre Troya el gran Aquiles.

Después, cuando alcances la edad viril plena,
el viajero dejará de cruzar el mar, y el náutico leño
no mercará los bienes: todo campo surtirá todas las cosas.
No sufrirá el arado la tierra, ni la vid será podada;
y a su vez el labriego desuncirá los robustos bueyes.
No aprenderá la lana a mentir con variados colores;
antes, ya en rojo múrice, ya en azafranada ajedrea,
mudará el morueco en los prados su suave vellón;
por sí mismo el minio vestirá al cordero que pace.

¡Rodad tales siglos!, dijeron a sus husos las Parcas
acordes con la inmutable voluntad de los Hados.

¡Lánzate a estos altos honores!, cumplido está el tiempo,
¡oh progenie amada de los dioses! ¡oh magno vástago de Jove!
¡Contempla cómo bajo la celeste bóveda se inclinan los astros,
y las tierras, y el vasto mar, y el profundo cielo!
¡Contempla como el siglo venturo regocija todas las cosas!

¡Oh! ¡Que mis últimos años sean tan largos
y me alcance el aliento para cantar tus hazañas!
No vencerán mis versos ni el tracio Orfeo, ni Lino,
aún si la madre a aquel y el padre a este asistieron,
Calíope a Orfeo, y a Lino el hermoso Apolo.
También Pan si compitiera conmigo, juzgando Arcadia,
también a Pan declararía vencido el juicio de Arcadia.

Comienza, ¡oh parvulillo!, por la sonrisa a conocer a tu madre:
por diez meses un largo fastidio acompañó a tu madre.
Comienza, ¡oh parvulillo! A quien no sonríen sus padres,
no se le digna la mesa del dios ni el lecho de la diosa.

(1) Publio Virgilio Marón entre dos musas en un mosaico latino.

7 comentarios:

Morgana LeFay dijo...

Gran Virgilio : )
Saludos

Alberto Gamarra dijo...

Precisamente estoy leyendo la Eneida en estas vacaciones. Sigue así.

Saludos desde Historia Romana

M@riel dijo...

Hola, Morgana:

Sí, desde luego es uno de los grandes. Un saludo.

Hola, Alberto:

¡Que disfrutes esa lectura, que no es para menos! Saludos.

Mar Romera dijo...

Recuerdo que leí la Eneida por obligación del profe de latín de 3º de bup y que "juraba en arameo" por ello porque entraba en examen... pero empecé a leerlo y enseguida me enganchó y acabé aprobando el examen como muy buena nota. Jamás se me olvidará.

Un besote fuerte,

Isabel Romana dijo...

Menos mal que no le hicieron caso... Esa última voluntad suya demuestra hasta qué punto era exigente con su propio trabajo. Un hombre admirable. Lástima que muriese prematuramente. Besos, querida amiga, y que el nuevo año te sea propicio.

M@riel dijo...

Hola, Mar:

Me alegro de que disfrutases esa lectura, realmente es un texto muy recomendable. Besos.

Hola, Isabel:

En efecto, sería una pena que este texto se hubiese perdido. Un abrazo y feliz año.

Francesc Sánchez (Cicero) dijo...

Magnificamente sintetizada la vida y obra de Virgilio; igual que Isabel pienso que fué una suerte que no le hicieran caso de su último deseo: ¿os imaginais la vida sin la Eneida?.
Un beso.