viernes, 5 de junio de 2009

Canción a las ruinas de Itálica

Hoy he rememorado un fragmento de la poesía de Rodrigo Caro que me gusta especialmente; estos versos muestran las nostalgia del poeta al evocar la civilización romana a través de sus monumentos y lo que estos representan. Hace un repaso a algunos personajes y lugares importantes de la Hispania Romana, en concreto a la zona de la ciudad de la Itálica -a la sazón él era un poeta sevillano-. Me gusta especialmente este tono nostálgico, este lamento por Itálica en ruinas -esa Itálica que en el poema se muestra casi como símbolo de una civilización, de un pasado clásico-, porque me recuerda a ese sentimiento de tristeza que a veces experimento al contemplar unas ruinas, esta tristeza porque no tengo ocasión de contemplar el edificio tal como era en el pasado, entretejida con un sentimiento de sobrecogimiento al observar los vestigios de semejante grandeza. Otra cuestión que también debe tenerse en cuenta es ese interlocutor ficticio presente en el poema, Fabio, y que rememora la estructura de numerosos textos clásicos.


Adjunto ahora dos fragmentos del poema, pues no me parece procedente copiarlo completo. Si desean leerlo entero; simplemente hagan click aquí.

"Estos, Fabio, ¡ay dolor!, que ves ahora
campos de soledad, mustio collado,
fueron un tiempo Itálica famosa.
Aquí de Cipión la vencedora
colonia fue; por tierra derribado
yace el temido honor de la espantosa
muralla, y lastimosa
reliquia es solamente
de su invencible gente.
Sólo quedan memorias funerales
donde erraron ya sombras de alto ejemplo
este llano fue plaza, allí fue templo;
de todo apenas quedan las señales.
Del gimnasio y las termas regaladas
leves vuelas cenizas desdichadas;
las torres que desprecio al aire fueron
a su gran pesadumbre se rindieron.
Este despedazado anfiteatro,
impío honor de los dioses, cuya afrenta
publica el amarillo jaramago,
ya reducido a trágico teatro,
¡oh fábula del tiempo, representa
cuánta fue su grandeza y es su estrago!"

"Mas ¿para qué la mente se derrama
en buscar al dolor nuevo argumento?
Basta ejemplo menor, basta el presente,
que aún se ve el humo aquí, se ve la llama,
aun se oyen llantos hoy, hoy ronco acento;
tal genio o religión fuerza la mente
de la vecina gente,
que refiere admirada
que en la noche callada
una voz triste se oye que llorando,
«Cayó Itálica», dice, y lastimosa,
eco reclama «Itálica» en la hojosa
selva que se le opone, resonando
«Itálica», y el claro nombre oído
de Itálica, renuevan el gemido
mil sombras nobles de su gran ruina:
¡tanto aún la plebe a sentimiento inclina!"

Nota final: Rodrigo Caro escribió algunos versos más con temas clásicos, incluso de mitología, a los que supongo que acabaré por referirme en alguno de mis blogs.

(I) Las ruinas de la Itálica, como no podría ser de otra manera.

3 comentarios:

Alhana dijo...

Preciosos versos, en especial los dos con los que abre el poema, ese "ay, dolor" que me llega al alma...

Espero que dediques algún artículo más a autores del renacimiento o barroco que evocaron la antigüedad, la nostalgia que hay en sus palabras me contagia sin remedio.

Un abrazo, espero que vayan bien los exámenes finales.

El Signo de La Espada dijo...

Hubo un tiempo en que odie a los romanos por considerarlos plagiarios y ultrajadores de la cultura griega. Así como asesinos de los etruscos. Tiempo después de haber vivido odiseas viajes en el argos :P, he llegado a apreciar a los romanos y a dejarme sorprender por las hazañas de sus generales y por las locuras de sus emperadores.

Siempre me agradan las ruinas romanas. Y si se acompañan de un bello verso (vaya combinación, muy original debo añadir) qué mejor. Saludos

Isabel Romana dijo...

Poema famosísimo. También yo, al leerlo, experimento esa sensación de tristeza, de nostalgia, esa certeza de que los romanos alcanzaron algo que nosotros ya no seremos capaces de alcanzar. También, al hablar del paso del tiempo, esos versos nos hablan de nuestra propia vida,inevitablemente abocada a la destrucción y al olvido.
Espero que, como anuncia, pongas más poemas de este autor. Un besazo enorme, mari@l.