Se trata de la clase de fragmentos que me causan una extraña melancolía y es que, a día de hoy, todavía los monumentos de civilizaciones antiguas, así como las visitas a las ciudades clave de éstas, provocan en mí una sensación muy reiterada. Una mezcla de alegría, de adoración, de orgullo, de satisfacción, de curiosidad, pero igualmente de tristeza. Los últimos versos del poema de Quevedo reflejan muy bien esta poética melancolía.
A Roma sepultada en sus ruinas
Buscas en Roma a Roma, ¡oh, peregrino!,
y en Roma misma a Roma no la hallas;
cadáver son las que ostentó murallas,
y tumba de sí proprio el Aventino.
Yace donde reinaba el Palatino;
y limadas del tiempo, las medallas
más se muestran destrozo a las batallas
de las edades que blasón latino.
Sólo el Tíber quedó, cuya corriente,
si ciudad la regó, ya, sepultura,
la llora con funesto son doliente.
¡Oh, Roma!, en tu grandeza, en tu hermosura,
huyó lo que era firme, y solamente
lo fugitivo permanece y dura.

(I) Imagen de unas ruinas romanas, muy hermosa a mi parecer.


2 amantes del mundo romano han opinado...:
Siempre nos quedara Roma...Recuero haber escrito ya hace un tiempo un post ensalzando este poema de Quevedo..
Saludos desde Historia Romana
Cierto que nos invade la melancolia. "Solo lo fugitivo permanece y queda" Bellisimo el poema.
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