jueves, 29 de enero de 2009

La verdad sobre la muerte de Marco Antonio y Cleopatra

Y nosotros que creíamos que había sido un suicidio... Antes de colgar el vídeo, me gustaría llamar la atención sobre un detalle: la fecha de la muerte de Marco Antonio y Cleopatra que da la "presentadora" no es correcta...

martes, 27 de enero de 2009

Alexis y Coridón

Como complementos a mis anteriores artículos acerca del gran Publio Virgilio Marón, hoy dejo una de sus églogas o poemas bucólicos más célebres, Alexis y Coridón.

Alexis y Coridón

El pastor Coridón se abrasaba de amor por el hermoso Alexis, delicias del amo; y no tenía qué esperar. Únicamente, a unas hayas espesas de copas umbrosas se llegaba sin tregua; allí, en soledad, estas quejas desaliñadas daba con estéril empeño a montes y selvas:
"Ah, cruel Alexis, ¿no te importan nada mis canciones? ¿No te compadeces de mí? ¿Al final me obligas a morir? Ahora toman la sombra y el fresco los ganados también; ahora los lagartos verdes se ocultan también en los espinares, y Testílide maja para los segadores, cansados del sol rabioso, ajos y serpollo, hierbas olorosas. Mas a mí, mientras sigo tus huellas, y a las roncas chicharras, los matorrales nos hacen eco bajo el sol ardiente. ¿No fue más que suficiente sufrir las amargas cóleras y el desdén soberbio de Amarílide? ¿No lo fue sufrir a Menalcas, por más que él fuese negro y tú blanco resplandeciente? Oh, hermoso muchacho, no te fíes demasiado del color. Las alheñas blancas se abandonan, los jacintos negros se cogen. Tú me desprecias, y no preguntas quién soy, Alexis; qué rico en ganado, cómo abundo en leche blanca como la nieve. Mil corderas mías vagan por los montes de Sicilia; no me falta leche fresca ni en verano ni en invierno. Canto lo que cuando llamaba a su vacada acostumbraba Anfión dirceo en el Aracinto del Acte. Y no soy tan feo; hace poco me vi en la playa, cuando el mar estaba calmo de vientos; no temería yo a Dafnis ante tu juicio, si una imagen no engaña nunca.

Ah, basta con que te agrade habitar conmigo la pobre campiña y las cabañas humildes, tirar a los ciervos y carear el rebaño de cabritos al verde malvar. Conmigo imitarás a Pan tañendo en las selvas. Pan, el primero, nos enseñó a pegar varios canutos con cera; Pan se cuida de las ovejas y de los pastores de las ovejas. Y no tengas reparo en curtirte los labios con el caramillo; por saber esto mismo, ¿qué no hacía Amintas? Tengo una flauta compuesta de siete cañas desiguales que en una ocasión me dio de regalo Dámelas, y dijo al morir: “ahora tú eres el segundo que la posee”. Así dijo Dametas; el tonto de Amintas lo vio mal visto. Hay además dos corcillos (que encontré en un valle poco seguro) con la piel todavía moteada de blanco; secan al día dos ubres de oveja: los guardo para ti. Ya hace tiempo que Testílide me pide que se los deje llevar; y lo hará, puesto que te repugnan mis regalos.

Llégate aquí, oh hermoso muchacho: para ti (mira) traen lirios las ninfas a canastillos llenos; para ti la náyade blanca, cogiendo violetas pálidas y la cabeza de las amapolas, junta el narciso y la flor del eneldo bienoliente; luego, entretejiendo de jara y otras plantas finas, pinta los jacintos negros con la hiniesta amarillenta. Yo por mí cogeré membrillos de tierna pelusa blanquecina, y las nueces del castaño que gustaban tanto a mi Amarílide; añadiré ciruelas color de cera; esta fruta tendrá también su honor. También a vosotros os pelaré, laureles, y a ti, arrayán, a su lado, puesto que plantados así mezcláis vuestros suaves olores.

Eres un rústico, Coridón: ni a Alexis le importan los regalos, y si compites a regalos, Iolas no se quedaría atrás. Ay, ¿qué quise, desgraciado de mí? He metido, loco, el austro en las flores y los jabalíes en las fuentes cristalinas. Eh, ¿de quién huyes, insensato? También los dioses habitaron las selvas, y Paris, el dardanio. Que Palas habite ella sola el alcázar que fundó; a nosotros han de gustamos mas que nada las selvas. La leona torva persigue al lobo; el lobo, a su vez, a la cabra; tras el codeso florido va la cabra retozona; tras ti Coridón, Alexis mío: a cada uno arrastra su gusto. Mira: los bueyes vuelven con el arado colgado al yugo, y el sol, declinando, alarga las sombras crecientes; pero el amor me sigue abrasando. Pues, ¿hay un límite para el amor? Ah, Coridón, Coridón, ¿qué locura se ha apoderado de ti? Tienes la vida a medio podar en el olmo frondoso. ¿Por qué no te preparas a entretejer algo, al menos de lo que hace falta, con mimbres y junco reblandecido? Encontrarás otro Alexis, si éste te desdeña.


(I) Imagen de ambiente campestre.

miércoles, 21 de enero de 2009

Canto a las armas y a ese hombre que de las costas de Troya...

En un artículo anterior acerca del escritor latino Publio Virgilio Marón, mencionaba su Eneida, considerada como una de las más importantes de la literatura grecolatina. Hoy me gustaría postear los versos iniciales de esta epopeya llamada a convertirse en eterna, esperando que los lectores que ya se hayan acercado al magnífico poema rememoren su lectura y que aquellos que aún no lo han saboreado se animen a iniciarse en este clásico.

Canto a las armas y a ese hombre que de las costas de Troya
llegó el primero a Italia prófugo por el hado y a las playas
lavinias, sacudido por mar y por tierra por la violencia
de los dioses a causa de la ira obstinada de la cruel Juno,
tras mucho sufrir también en la guerra, hasta que fundó la ciudad
y trajo sus dioses al Lacio; de ahí el pueblo latino
y los padres albanos y de la alta Roma las murallas.
Cuéntame, Musa, las causas; ofendido qué numen
o dolida por qué la reina de los dioses a sufrir tantas penas
empujó a un hombre de insigne piedad, a hacer frente
a tanta fatiga. ¿Tan grande es la ira del corazón de los dioses?
Hubo una antigua ciudad que habitaron colonos de Tiro,
Cartago, frente a Italia y lejos de las bocas
del Tiber, rica en recursos y violenta de afición a la guerra;
de ella se dice que Juno la cuidó por encima de todas las tierras,
más incluso que a Samos. Aquí estuvieron sus armas,
aquí su carro; que ella sea la reina de los pueblos,
si los hados consienten, la diosa pretende e intenta.
Pero había oído que venía una rama de la sangre troyana
que un día habría de destruir las fortalezas tirias;
para ruina de Libia vendría un pueblo poderoso
y orgulloso en la guerra; así lo hilaban las Parcas.
Eso temiendo y recordando la hija de Saturno otra guerra
que ante Troya emprendiera en favor de su Argos querida,
que aún no habían salido de su corazón las causas del enojo
ni el agudo dolor; en el fondo de su alma
clavado sigue el juicio de Paris y la ofensa de despreciar
su belleza y el odiado pueblo y los honores a Ganimedes raptado.
Más y más encendida por todo esto, agitaba a los de Troya
por todo el mar, resto de los dánaos y del cruel Aquiles,
y los retenía lejos del Lacio. Sacudidos por los hados
vagaban ya muchos años dando vueltas a todos los mares.
Empresa tan grande era fundar el pueblo de Roma.


(1) Eneas huye de Troya con su hijo y su padre en un cuadro Federico Borocci.

viernes, 16 de enero de 2009

Ensayos acerca de Roma

Hoy me gustaría recomendar, ampliando de esta manera el apartado de literatura actual y ensayo histórico, algunos ensayos acerca de la historia de Roma, o de la historia del Mundo Clásico en general, que me han parecido interesantes. En este primer post acerca del tema incluyo un escaso número de títulos, concretamente los que he tenido ocasión de leer o releer recientemente; sin embargo, he de decir que albergo la intención de añadir nuevos títulos de forma paulatina. Adjunto imágenes de los libros, así como una introducción al contenido de los mismos incluida en su contraportada.

Título: La caída de Roma y el fin de la civilización.
Autor:
Bryan Ward-Perkins.
Editorial: Espasa.
Precio aproximado: entre 20 y 25 euros.

Bryan Ward-Perkins rememora el drama y la violencia de los últimos días del mundo romano y las dificultades que afrontaron los pueblos del Imperio para ajustarse al poder germánico. Para ello examina tanto las razones de la desintegración del mundo romano como las consecuencias de esta derrota para sus gentes, cuyas condiciones de vida se derrumbaron hasta niveles prehistóricos.


Título: El mundo clásico.
Autor: Robin Lane Fox.
Editorial: Crítica.
Precio aproximado: en torno a los 35 euros.

Robin Lane Fox enseña historia antigua en Oxford y es, además un gran narrador. De esta afortunada combinación ha surgido un libro de historia del mundo clásico distinto, que tiene el rigor del buen trabajo académico -y ha merecido por ello los elogios de un especialista como Peter Jones- y la amenidad de un relato del que los críticos han dicho que es 'increíblemente entretenido' y 'más épico que la mejor película de romanos'. Porque, si algo caracteriza este fascinante recorrido del mundo de la antigüedad clásica desde Homero a Adriano, es precisamente la presencia constante del toque humano: su capacidad de evocar figuras como Sócrates, Alejandro, Cicerón o César y de hablarnos, a la vez, de la vida cotidiana de los ciudadanos, de los últimos días de Pompeya o de los juegos del circo, en unas páginas que nos devuelven el encanto de la mejor narrativa histórica.


Título: Historia de la Roma antigua.
Autor: Lucien Jerphangnon.
Editorial: Espasa.
Precio aproximado: entre 50 y 52 euros.

Con el propósito de rebatir las imprecisiones acerca de la historia de Roma que a menudo enturbian el cine y algunas novelas históricas, y ofrecer al tiempo el resultado de las más rigurosas y recientes investigaciones, el prestigioso profesor Lucien Jerphagnon ha escrito un libro imprescindible en el que combina con extraordinario talento el conocimiento y el humor. Con un estilo fresco, ameno y directo, Jerphagnon nos invita a un amplio viaje por doce siglos de historia romana, con interesantes paradas en la vida política, militar, intelectual y social, y lúcidas exploraciones que nos llevan a conocer a personajes tan fascinantes como Julio César, Calígula, Nerón, Constantino el Grande o Juliano el Apóstata, pero también a redescubrir el legado de Plauto, Séneca, Petronio o Apuleyo.

lunes, 12 de enero de 2009

La antigua Roma en Google Earth

Lo cierto es que me he sorprendido muy gratamente al hallar esta noticia, con respecto a una nueva herramienta del programa Google Earth con la que es posible contemplar una recreación en 3D de la antigua ciudad de Roma. Les dejo un vídeo considerablemente ilustrativo.



Para descargar el programa o informarse acerca de él, acudan a este enlace.
En el vídeo se menciona el proyecto de Rome Reborn; pueden obtener información en esta web.

sábado, 3 de enero de 2009

Publio Virgilio Marón

Hace ya unas cuantas semanas prometíaun artículo acerca del célebre escritor Publio Virgilio Marón, que no he llegado a publicar todavía por colgar antes algunos vídeos y posts con respecto a otros temas. Hoy, finalmente, me decido a tratar la vida y obra de este excelente autor latino.

Virgilio nació en el año 70 aC. en un pueblo cercano a Mantua; era hijo de una familia sencilla y no perteneciente a la clase noble. Se instruyó en las disciplinas de gramática, retórica, oratoria,... y gracias a la protección del político Cayo Mecenas accedió a círculos un tanto más selectos de la sociedad. De hecho, el futuro emperador Augusto, por entonces Octavio, fue su amigo y protector. A lo largo de su vida, el escritor conocería y trabaría relación con otros poetas de indudable importancia, como
Quinto Horacio Flaco. Falleció en el 19 a.C. y se cuenta que en su lecho de muerte pidió que fuese destruida su gran obra, la Eneida.


Las obras de Virgilio han pasado a la historia como algunas de las más importantes dentro de la literatura grecolatina. Su Eneida, de hecho, es un texto conocidísimo, que influenció notablemente a autores posteriores. Narra las viscisitudes de Eneas, héroe que, tras la caída de Troya, abandona la ciudad junto a su padre y a su hijo. Se embarca en un periplo por el Mediterráneo que le lleva hasta Cartago, y de allí a la zona de la Península Itálica. A través de su hijo se enlaza el linaje troyano con los futuros reyes de Roma y, por tanto, se vincula míticamente al propio emperador con los dioses antiguos.

Entre otras obras relevantes de Virgilio, es preciso destacar las
Égoglas o Bucólicas (poemas de tono y tema pastoril), las Geórgicas (escritos relacionados con la vida campesina) y una serie de poesías de tipo elegíaco. Con posterioridad trataré cada una de estas obras, además de la Eneida, por separado. Les dejo una de las más célebres égoglas de Virgilio.

Égogla IV -A Polión-


Cantemos, ¡oh Sicilianas Musas!, mayores asuntos;
pues no a todos deleitan las florestas ni los humildes tamarindos:
si cantamos las selvas, que dignas sean las selvas, oh cónsul.

Ya viene la última era de los Cumanos versos:
ya nace de lo profundo de los siglos un magno orden.

Ya vuelve la Virgen, vuelve el reinado de Saturno;
ya desciende del alto cielo una nueva progenie.

Tú, al ahora naciente niño, por quien la vieja raza de hierro
termina y surge en todo el mundo la nueva dorada,
se propicia ¡oh casta Lucina!: pues ya reina tu Apolo.

Por ti, cónsul, comenzará esta edad gloriosa,
¡oh Polión!, e iniciarán su marcha los meses magníficos,
tú conduciendo. Si aún quedaran vestigios de nuestro crimen,
nulos a perpetuidad los harán por miedo las naciones.
Recibirá el niño de los dioses la vida, y con los dioses verá
mezclados a los héroes, y él mismo será visto entre ellos;
con las patrias virtudes regirá a todo el orbe en paz.

Por ti, ¡oh niño!, la tierra inculta dará sus primicias,
la trepadora hiedra cundirá junto al nardo salvaje,
y las egipcias habas se juntarán al alegre acanto.
Henchidas de leche las ubres volverán al redil por sí solas
las cabras, y a los grandes leones no temerán los rebaños.
Tu misma cuna brotará para ti acariciantes flores.
Y morirá la serpiente, y la falaz venenosa hierba
morirá; por doquier nacerá al amomo asirio.

Cuando puedas leer las alabanzas de los héroes
y los hazañas de tus padres, y saber qué es la virtud,
amarillearán los lentos campos blandas espigas,
rosadas uvas penderán de las incultas zarzas,
y los duros robles sudarán un rocío de miel.
Con todo persistirán las huellas de las viejas maldades,
cuyas naves ofenderán a Tetis, cuyos muros ceñirán
ciudades, cuyos surcos hincarán todavía la tierra.
Habrá entonces otro Tifis, otra Argos conducirá
selectos héroes; habrá también otras guerras,
y de nuevo se lanzará sobre Troya el gran Aquiles.

Después, cuando alcances la edad viril plena,
el viajero dejará de cruzar el mar, y el náutico leño
no mercará los bienes: todo campo surtirá todas las cosas.
No sufrirá el arado la tierra, ni la vid será podada;
y a su vez el labriego desuncirá los robustos bueyes.
No aprenderá la lana a mentir con variados colores;
antes, ya en rojo múrice, ya en azafranada ajedrea,
mudará el morueco en los prados su suave vellón;
por sí mismo el minio vestirá al cordero que pace.

¡Rodad tales siglos!, dijeron a sus husos las Parcas
acordes con la inmutable voluntad de los Hados.

¡Lánzate a estos altos honores!, cumplido está el tiempo,
¡oh progenie amada de los dioses! ¡oh magno vástago de Jove!
¡Contempla cómo bajo la celeste bóveda se inclinan los astros,
y las tierras, y el vasto mar, y el profundo cielo!
¡Contempla como el siglo venturo regocija todas las cosas!

¡Oh! ¡Que mis últimos años sean tan largos
y me alcance el aliento para cantar tus hazañas!
No vencerán mis versos ni el tracio Orfeo, ni Lino,
aún si la madre a aquel y el padre a este asistieron,
Calíope a Orfeo, y a Lino el hermoso Apolo.
También Pan si compitiera conmigo, juzgando Arcadia,
también a Pan declararía vencido el juicio de Arcadia.

Comienza, ¡oh parvulillo!, por la sonrisa a conocer a tu madre:
por diez meses un largo fastidio acompañó a tu madre.
Comienza, ¡oh parvulillo! A quien no sonríen sus padres,
no se le digna la mesa del dios ni el lecho de la diosa.

(1) Publio Virgilio Marón entre dos musas en un mosaico latino.