viernes, 18 de diciembre de 2009

Una reflexión sobre el arte en el Satyricon

Como ven, últimamente el tema del cine en este blog se está revelando casi omnipresente, pero teniendo en cuenta que por razones académicas muchas de mis lecturas han estado orientadas en este sentido -además de los evidentes visionados- me permitirán ustedes que continué referenciando algunas cuestiones que pueden llamar su atención y resultan especialmente interesantes.

Hoy, les presento un par de fragmentos del Satyricon, de Federico Fellini. Ya he hablado en este blog del Satiricón de Petronio, la novela base, pero pocas veces de la película. Si me permiten la recomendación, les diré que de nada sirve asomarse a la obra de Fellini pensando encontrar un exacto retrato de la Roma antigua o de la novela homónima. El célebre director italiano reinterpreta, crea, construye a partir de lo existente y de lo imaginado. Y, de esta forma, aparece una de esas películas que quedan en la memoria, tanto por sus diálogos -a veces tomados casi al pie de la letra de la obra de Petronio-, por lo visual de sus secuencias, su curiosa banda sonora, su peculiar enfoque,...

Por tanto, y extrayendo ya tan sólo fragmentos del guión, les sugiero echen un vistazo a estas palabras puesta en boca de uno de los protagonistas en momentos diferentes.

"Tienes ante ti a un poeta. Te preguntarás por qué voy vestido tan pobremente; precisamente, porque la pasión por el arte jamás ha enriquecido a nadie. No comprendo el porqué, pero la pobreza ha sido siempre hermana del genio [...] Las obras que ves en esta pinacoteca delatan el actual letargo... obras así nadie sabe plasmarlas hoy. Y, ¿por qué ha sido provocada esta revolución? Por la avidez de dinero. Tiempo atrás, el ideal de los hombres era la virtud pura y simple, y, por ello, florecían las artes. Eudosio envejeció en una montaña estudiando los astros, Lisipo observó toda la vida la misma pauta y murió de hambre. Nosotros, en cambio, entre vino y rameras, ni siquiera sabemos distinguir las obras maestras. Pero, ¿dónde está la dialéctica? ¿Qué se ha hecho de la astronomía? ¿Dónde está la filosofía que una vez fue camino real? Ah, no te sorprendas, joven amigo, de que la pintura esté acabada, ya que es más bello a nuestros ojos un montón de dinero que todas las obras de Apele de Fidias".

[Extracto que pueden localizar en torno al minuto 21-22]


"Pero a ti sólo puedo hacerte heredero de aquello que yo tuve... Te lego la poesía. Te lego las estaciones, sobre todo la primavera y el verano; te lego el viento desencadenado, el sol y la luna; te lego el mar apacible, incluso la tierra que habitamos; las montañas, los ríos y las grandes nubes que viajan majestuosas y livianas. Tú las mirarás y tal vez te acuerdes de la breve amistad. Te lego los árboles y los ágiles seres que en ellos moran, el amor, las lágrimas, la alegría, las estrellas; te lego los sonidos, los cantos, los rumores, la voz de las personas, que es la música más armoniosa".

[Extracto que pueden localizar en torno al minuto 47-48]

En ambos casos, es el poeta Eumolpo el personaje que pronuncia estas palabras, interpelando a Encolpio, uno de los indiscutibles protagonistas. Sorprende la atemporalidad de algunos temas y la singular belleza, al igual que la perfecta sencillez, de distintas partes, especialmente poderosas e interesantes. ¿Un consejo? Si pueden localizar y ver ambos fragmentos en italiano, no los escuchen en español; aún pese a que se trata de un buen doblaje, pierda parte de la esencia, del 'alma' original. Aunque esto último, por supuesto, es una mera observación personal.

(I) La imagen se corresponde con el primer fragmento referido.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Cabiria

Pocas películas 'de romanos' pertenecientes a la primera veintena del siglo XX resultan tan importantes como Cabiria. Todo un ejemplo del inicio de cine de este género, además de, en sí misma, una excelente obra cinematográfica por cortesía de Pastrone. Esencial para cualquier amante del cine o de las clásicas... o, por supuesto, de ambas materias.
El argumento de esta película es relativamente sencillo, aún teniendo en cuenta sus casi cuatro horas de duración. Se ambienta en la época de las Guerras Púnicas y engloba no sólo a Roma y a Cartago, sino a la célebre isla de Sicilia. Es de este lugar de donde procede Cabiria, la cual sufre la terrible erupción del Etna y posteriormente, perdido su hogar y su familia, es llevada como esclava a Cartago, donde un poderoso romano, además de un personaje que se convierte en el arquetipo del forzudo y buen salvaje, realizan varios intentos de salvarla.
Su director es Pastrone, uno de los grandes cineastas de los Años Dorados del cine italiano. Seleccionó él mismo a algunos de los actores y, de hecho, a modo de anécdota sería interesante mencionar que uno de ellos, el que encarna al fornido Maciste, era un estibador del muelle sin mayores estudios dramáticos.


La película cuenta con una escenografía poderosa y unos decorados que, para su época, impresionan realmente, además de un interesante uso de interiores y de una fotografía creativa. Se regresa a esta 'autenticidad no auténtica' de la que hablaba Griffith y que explotó en su genial Intolerancia. Poco importa que muchos de los edificios y otros lugares reflejados no sean una reproducción exacta de los históricamente correctos; se recurre a menudo a una mezcla de fuentes, culturas y estilos que, en sí, no perjudica a la película.
Existen algunas secuencias que pretenden recrear hechos históricos muy conocidos, a menudo basándose en fuentes como puede ser el historiador Tito Livio. Ejemplos de ello son las referencias a formaciones militares como la testudo romana o al ingenio de Arquímedes incendiando barcos gracias a superficies metálicas reflectantes.
Cabiria tiene, por supuesto, un trasfondo ideológico que enlaza con varias de las ideas mencionadas en apartados anteriores. En primer lugar, tiene que ver con la idea de relevancia de Italia y de supremacía de este pueblo, personificado en estos romanos que se enfrentan a los cartagineses. No aparece de una forma tan clara como en el Escipión, el Africano de 1937, pero igualmente es notable.
Algunos autores han querido ver también un reflejo de la idea filosófica del buen salvaje en confrontación con una civilización poco civilizada e insana. En este caso, este forzudo Maciste encarnaría a un ser perteneciente a una suerte de Edad de Oro moral, virtuoso y no afectado por las corrupciones y retorcimientos de los gobernantes de Cartago que, como muchos otros dirigentes en esta clase de películas, pueden observarse despóticos y consumidos por el avance y el poder. Un tema muy reiterado incluso hoy día.


El fanatismo y la idolatría también la película, con esos 'decadentes'cartagineses implorando a unos dioses no existentes y cometiendo atroces sacrificios en honor de estos, una idea que, confrontado a la moral cristiana o, en otro caso, a la idea de virtud romana, roza la cuestión de la barbarie en plena civilización.

jueves, 3 de diciembre de 2009

Alma Tadema y la pintura de tema antiguo

Con gran frecuencia, tanto en este blog como en los otros dos de los que soy autora, empleo como recurso distintas imágenes, para amenizar las lecturas, convertirlas en algo más visual, situar mejor al lector... todo lo que a ustedes se les pueda ocurrir como función de estas imágenes. A menudo utilizo cuadros de distintos períodos, frecuentemente barrocos, neoclasicistas y barrocos. Hoy escribiré acerca de un pintor en concreto cuya producción en torno al mundo antiguo no fue de ningún modo despreciable.

A modo de pequeña introducción biográfica, mencionar que Alma-Tadema fue un pintor nacido en el primer tercio del siglo XIX, encuadrado dentro de la pintura academicista, aunque con un estilo particular que hace diferentes sus cuadros. Pese a que desde su familia se le predisponía para ejercer el oficio de notario, acabó eligiendo el arte como pasión y modo de vida. Su existencia no incluyó verdaderos sobresaltos, sino una cierta cotidianeidad tachonada de varios acontecimientos importantes, como el nombramiento de Caballero de la reina Victoria.

Entre su obra pictórica encontramos unas primeras obras de juventud de tema casi costumbrista, seguidas de una amplia producción en cuanto a temas antiguos, tanto Grecia como Roma. Pintó no sólo acontecimientos o grandes tópicos como la muerte de César o el rapto de las sabinas, sino también unas escenas razonablemente cotidianas bajo un prisma idealizador y otros momentos menos conocidos por el gran público que beben de fuentes literarias clásicas en su mayor parte. Con una decoración cuanto menos suntuosa y un gusto por el detalle sublime, las pinturas de Alma Tadema, no por ello libros de historia o fotografía de yacimientos arqueológicos, son ineludibles.

Les dejo algunos ejemplos acompañados de fragmentos literarios o históricos:


[Refiriéndose al emperador Claudio] Expulsado con otros por los asesinos de Gayo cuando alejaban a la muchedumbre bajo el pretexto de que éste deseaba estar solo, se había retirado a un pabellón llamado Hermeo; y, no mucho después, aterrorizado por la noticia del asesinato se escabulló a una terraza próxima y se ocultó entre unos cortinas que colgaban por delante de la puerta. Mientras se hallaba escondido un soldado raso que pasaba casualmente por allí, impulsado por el deseo de saber quién era, pues había visto sus pies, lo reconoció y lo saludó como emperador.

[Vida de los Césares, Suetonio]


Se han sumergido la luna y las Pléyades, media
noche, pasan las horas y yo me acuesto sola.

[Fragmentos conservados de Safo de Mitilene]

Dicen que hay nueve musas. ¡Desmemoriados! Han olvidado a Safo,
musa mortal entre las musas.

[Posiblemente pseudo Platón]


Llorad, tanto Gracias y Cupidillos,
como todos los hombres más sensibles.
El gorrioncito de mi niña ha muerto,
el gorrioncito, joya de mi niña,
a quien amaba más que a sus ojitos;
pues de miel era y conocía, como
la hija conoce a su madre, a su dueña;
nunca se apartaba de su regazo,
sino que, saltando a su alrededor,
piaba constantemente para su ama.
Y ahora hace un camino de tinieblas,
hacia un lugar de retorno prohibido.
Sed malditas, malas sombras del Orco,
que fagocitáis todo lo precioso;
me arrancasteis este gorrión tan lindo.
¡Oh, acción malévola! ¡Oh, gorrión perdido!
Ahora, por tu culpa, los ojitos
hinchaditos de mi niña se encarnan.

[Antología poética, carmen III, Catulo]