martes, 2 de marzo de 2010

El teatro romano, un edificio con historia

Se acerca el Festival de Teatro Grecolatino de Lugo y me parece, por tanto, una muy buena ocasión para hacer una pequeña referencia al mundo del teatro en Roma, ésa gran protagonista de este blog. Hoy no realizaré referencias literarias, no hablaré de Plauto ni de Terencio, no reseñaré las tragedias de Séneca, ni siquiera haré una mención a los interesantes mimos. Pero, como pueden imaginarse tras haber leído tanta referencia a temas de la literatura dramática latina, intentaré hacerlo en posteriores días.

Por el contrario, me gustaría aludir hoy no tanto a la corriente artística o a la influencia literaria, como al teatro arquitectónicamente hablando, ese edificio que tanto bebió del modelo griego en el que tenían lugar las representaciones. Para nuestra suerte, en esta antigua Hispania romana abundan los restos arqueológicos al respecto. Mérida, el recién descubierto teatro de Cartagena, Sagunto... ¡cuántos y cuán dispares lugares que aún conservan su magia! Y, es más, en los cuales continúan celebrándose espectáculos que recrean tragedias y comedias antiguas, como ocurre en el Festival de Mérida.


El edificio del teatro romano como tal no nació con los inicios del teatro, pues en un principio se construían escenarios de madera u otros materiales para la representación, iniciándose posteriormente la construcción de esos grandes y majestuosos edificios que acuden a nuestra imaginación hoy día. El teatro de Marcelo, en Roma, es uno de los más famosos, aunque por desgracia no haya sobrevivido a siglos de historia. Son numerosas aún así los lugares en Europa con un pasado romano que cuentan con esta clase de restos... incluso se han realizado interesantes recreaciones del teatro de Pompeya.

Los edificios destinados al espectáculo teatral siguen un esquema general, con su proscenio, su orchestra semicircular -dadas las características de las obras representadas en Roma- y una zona de gradas o cavea, a su vez dividida en varias regiones que eran ocupadas de forma no aleatoria. Eso, por supuesto, simplificando de forma clara. Los accesos podían ser más o menos complejos, así como la zona de la orchestra, el proscenio y las comunicaciones con el lugar donde se hallaban los actores, o la complejidad arquitectónica y decorativa, el uso de columnas, arcos y motivos más elevados. Los recursos técnicos empleados en escena eran, para la época y los medios, muchas veces más que ensalzables.

Amén de su dimensión arquitectónica, el teatro como forma literaria y como edificio tuvieron un significado entrelazado, e íntimamente ligado a la sociedad y la política. La disposición de los espectadores no era equitativa, y estos se situaban en función de su clase social, a una distancia mayor o menor del escenario, como parecía suceder también en anfiteatros con el Coliseo, acerca de cuya estructura social hay más de un estudio interesante. Y, si hablamos de dimensión política, del mismo modo que existían funcionarios dispuestos a patrocinar un espectáculo gladiatorio, el pago y promoción de un espectáculo teatral -con un contenido adecuado, claro estaba, obras que no atentasen contra una serie de ideas, Roma y patria entre ellas, especialmente en períodos delicados como el de las Guerras Púnicas- figuraban como un dato más que interesante en la carrera de un potencial pretor, por mostrar un ejemplo.

Les dejo un breve vídeo sumamente ilustrador acerca de esta comparativa teatro griego/teatro romano:



(I) Teatro romano en Mérida.

3 comentarios:

Isabel Romana dijo...

Interesantísimo, mari@l. El vídeo me ha gustado mucho. Besos.

Xose Antonio López Silva dijo...

Siento haber estado tan desaparecido esta temporada, pero precisamente he estado escribiendo un libro sobre este tema :).
El vídeo es excelente, al igual que tu texto, M@riel.
Un gran beso

Loli Martinez dijo...

Fantástica introducción e interesante video.Felicidades .
Un besito.