martes, 6 de abril de 2010

Calígula desea la luna

No me decidía a incluir este artículo en este blog, o a hacerlo en el que tengo dedicado al mundo de la literatura. Al final me decidí a contextualizar el texto en esta bitácora dedicada al mundo de la cultura romana, quizá por el personaje que da título a la entrada, quizá porque creo en la influencia y el significado que casi como símbolo -o como antítesis de la supuesta realidad que encarnan- adquirieron personajes como Calígula o Nerón, convertidos en mito y motivo de creaciones literarias, moralistas e inclusive filosóficas con posterioridad. Desde un decadentismo que exalta a personajes como Heliogábalo hasta un juego de virtud moral muy clásico que vuelve a la idea de héroe íntegro, es mucho y abundante el sustrato y la reminiscencia romana en literatura muy posterior.

Desde luego, no pienso insinuar siquiera que el Calígula de Albert Camus sea una 'reminiscencia' de dicho personaje, a secas, pues este texto de tan genial autor se constituye como una obra artística en sí misma, como una idea en sí misma. Quizá una de las más célebres después de su novela El extranjero, Calígula es una obra que, leída una vez, requiere un voluntario regreso. Con una esencia muy propia, unos personajes complejos y particulares -como me gustan a mí, ya ven-, unas palabras muy interesantes que llevan a pensar en lo absurdo y a veces contradictorio de la existencia humana, una lógica coherencia de nuevo llevada a lo absurdo, una invitación a la reflexión poco sencilla y unos destellos de la época cultural y social de Camus y de su pensamiento que nadie debería pasar por alto.

Lo dicho. Disfrutar del Calígula de Albert Camus -hace relativamente poco ha sido escenificado el texto teatral en nuestro país- es uno de esos pequeños lujos que uno debe concederse de cuando en cuando. Que la obra lleve por título el nombre de un emperador romano -y juegue hasta un punto con la personalidad de loco que siempre se ha atribuido a dicho personaje, haciéndole caer en una coherente y absurda lógica, llevándole a traer lo imposible al reino de lo probable- es sólo un bonito pretexto para recomendarla.


Les dejo uno de mis fragmentos favoritos:

Helicón: ¿El qué?
Calígula: Lo que yo quería.
Helicón: ¿Y que es lo que querías?
Calígula: La luna.
Helicón: ¿Qué?
Calígula: Sí, quería la luna.
Helicón: ¡Ah!... Y, ¿ya está todo resuelto?
Calígula: No, no he podido conseguirla.
Helicón: ¡Que lástima!
Calígula: Sí, por eso estoy tan cansado... Helicón...
Helicón: ¿Sí, Cayo?
Calígula: Piensas que estoy loco.
Helicón: De sobra sabes que yo no pienso nunca. Soy demasiado inteligente para pensar.
Calígula: Sí. Pero yo no estoy loco, y aun más: nunca he sido tan razonable como ahora. Simplemente sentí en mí, de pronto, la necesidad de lo imposible. Las cosas, tal como son, no me parecen satisfactorias.